La salud de primer nivel en México: la deuda pendiente

Autor Congresistas
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Laura Ruiz

Hablar de la salud de primer nivel en México es hablar de la columna vertebral de todo el sistema sanitario. En teoría, este nivel debería resolver más del 80% de los problemas de salud de la población, prevenir enfermedades y evitar que hospitales y especialistas se saturen. En la práctica, sin embargo, sigue siendo una deuda pendiente del Estado mexicano.

Hoy, millones de personas dependen de los centros de salud, clínicas comunitarias y unidades de medicina familiar como su primera —y muchas veces única— puerta de acceso a la atención médica. Pero quienes acuden a ellas saben que lo que deberían ser espacios de prevención y bienestar, con frecuencia se convierten en sitios donde el desabasto de medicamentos, la falta de médicos y las largas esperas son la norma.

El gobierno actual ha apostado por consolidar el IMSS-Bienestar como el gran prestador de servicios de primer nivel. La intención es loable: unificar la atención, garantizar gratuidad y ampliar la cobertura. No obstante, el reto no es solo administrativo. La verdadera transformación pasa por invertir en infraestructura digna, equipamiento básico y, sobre todo, en personal de salud suficiente y bien capacitado, especialmente en las zonas rurales e indígenas donde más se necesita.

Tampoco podemos olvidar que la salud de primer nivel no solo se trata de consultar a un médico cuando uno ya está enfermo. Se trata de prevención: vacunas, detección temprana de enfermedades crónicas, educación para una vida saludable y acompañamiento en salud mental. Ese enfoque integral, que debería ser la esencia de la atención primaria, sigue siendo frágil en México.

La paradoja es clara: tenemos uno de los programas de vacunación más reconocidos de la región y, al mismo tiempo, clínicas que no cuentan ni con un tensiómetro en buen estado. Es decir, la salud de primer nivel convive entre luces y sombras.

México necesita apostar de verdad por este nivel de atención, porque es allí donde se decide si una enfermedad se controla a tiempo o se convierte en un problema que satura hospitales y arruina vidas. Mientras sigamos viendo al primer nivel como la “antesala pobre” de la salud y no como su pilar estratégico, la inequidad y la precariedad seguirán marcando la experiencia de millones de mexicanos.

La pregunta es simple: ¿cuándo pasaremos de los discursos a la acción para que la salud de primer nivel sea, al fin, el espacio donde se garantice el derecho a la salud y no solo la promesa incumplida de cada sexenio?

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