El Contrapeso real a Morena

Autor Congresistas
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Darío Mendoza A

El panorama político en México ha dado un giro radical. Lo que en antes era un sistema de contrapesos institucionales, hoy aparece una terreno dominado por una sola fuerza: Morena. Con el control del Poder Judicial, una mayoría aplastante en el Congreso, la Presidencia de la República y la reciente asimilación de órganos autónomos como el INE, el partido oficialista ha consolidado un poder casi absoluto.

Ante una oposición debilitada y, en muchos casos, sometida por los expedientes de corrupción de sus propios dirigentes, ha surgido un contrapeso externo: Donald Trump. Les guste o no a sus detractores, el inquilino de la Casa Blanca se ha convertido en la fuerza que altera la narrativa y las decisiones del Gobierno de Claudia Sheinbaum.

1. El fin de los “Abrazos, no balazos”

El primer efecto tangible de la presión de Washington ha sido el entierro definitivo de la política de “abrazos, no balazos”. Durante años, miles de familias mexicanas quedaron a merced de la extorsión y la violencia desmedida bajo un mantra de no confrontación que solo fortaleció a los criminales.

Sin embargo, la llegada de Trump cambió las reglas del juego. Bajo la amenaza de designar a los grupos criminales como organizaciones terroristas o de intervenir de manera unilateral, las autoridades mexicanas se han visto obligadas a actuar. Por fin, tras años de pasividad, se observa un combate real y detenciones de alto impacto que buscan frenar la ola de sangre en el país.

2. El objetivo real: Los Narcopolíticos

No es un secreto que las presiones arancelarias y las amenazas económicas de Trump no son solo por el comercio o la migración; tienen un trasfondo mucho más profundo. Washington tiene en la mira a los narcopolíticos.

Desde esta columna lo hemos advertido: Estados Unidos quiere llevar a sus tribunales a aquellos funcionarios que, desde el amparo del poder, han permitido o facilitado la expansión del crimen organizado. Las presiones económicas son la herramienta para forzar al gobierno de Sheinbaum a entregar fichas clave o, al menos, a no interferir en las investigaciones que ya corren en cortes estadounidenses.

3. La desconfianza y la intervención directa

El tercer punto es quizás el más delicado para la soberanía nacional, pero el más efectivo para la seguridad regional: la desconfianza total. Las agencias de seguridad de EE. UU. (DEA, FBI, CIA) han comprendido que informar a la Presidencia de México sobre operativos de alto nivel era, a menudo, alertar al propio objetivo.

Esta ruptura de confianza ha quedado de manifiesto en eventos recientes:

  • La captura del “Mayo” Zambada: Operada bajo un sigilo absoluto que dejó al gobierno mexicano como un simple espectador.
  • La caída de figuras ligadas al Mencho: Resultado de inteligencia compartida solo de forma selectiva. Ni la Presidencia sabía.
  • Operativos en Chihuahua: La destrucción del mayor laboratorio de droga en la historia del Estado se logró mediante una intervención directa y estratégica. Y El Gobierno de Sheinbaum no hará nada contra Maru Campos, sólo ruido político electoral.

Conclusión

Mientras en México la oposición política no encuentra la brújula, el Gobierno de los Estados Unidos ha decidido que la seguridad hemisférica y de su población depende de limpiar “la casa de al lado”.

La era de la complacencia terminó. Para el gobierno de Claudia Sheinbaum, el desafío no está en la Cámara de Diputados, ni en las urnas —donde hoy reina— sino en la oficina de un Donald Trump que no parece dispuesto a aceptar que la política y el crimen organizado sigan caminando de la mano en territorio mexicano. La justicia, al parecer, vendrá del norte, porque en México la impunidad es la verdadera soberana.

@dariomendoza

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