La ENES Mérida: un polo de atracción nacional en constante crecimiento
Se consolida la expansión de UNAM en el territorio del país. La Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Mérida de la UNAM se ha consolidado, en apenas ocho años, como un referente educativo en el sureste del país. Según expuso el rector Leonardo Lomelí Vanegas, la sede yucateca se ha convertido en un auténtico polo de atracción nacional, al recibir estudiantes provenientes de 28 de las 32 entidades federativas.
Durante el último informe de labores de su director fundador, Xavier Chiappa Carrara, se destacó que la ENES ha atendido un acumulado de 3,139 estudiantes entre 2018 y 2025, y que la proporción de alumnado local ha crecido de forma sostenida, pasando del 29,7 % al 55,6 % en el ciclo 2026-1. Asimismo, se subrayó la acreditación de las licenciaturas en Ciencias Ambientales y Manejo Sustentable de Zonas Costeras, que juntas representan cerca del 30 % de cada generación.
Para el próximo ciclo escolar, que inicia en agosto, la sede incorporará dos nuevas licenciaturas: Ingeniería en Computación y Biología, ampliando así su oferta académica y respondiendo a las necesidades técnicas y científicas de la región.
La institución también ha reforzado su modelo formativo mediante 1,494 prácticas de campo, un robusto sistema de acompañamiento académico y 652 consejerías psicológicas destinadas a favorecer la permanencia estudiantil. Además, participa activamente en diversos posgrados y ha impulsado 17 proyectos de investigación con financiamiento externo, junto con la publicación de 64 trabajos arbitrados en 2025.
Con 52 académicas y académicos de tiempo completo —todos integrantes del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores—, y un personal con equilibrada renovación generacional, la ENES Mérida reafirma su papel estratégico en la expansión educativa de la UNAM y en la formación de profesionales capaces de atender los retos ambientales, sociales y científicos del sureste mexicano.
LA MÚSICA PUEDE EXPRESAR LA CONDICIÓN HUMANA DE MANERA SUBLIME
La compositora y académica de la Facultad de Música (FaM) de la UNAM, Gabriela Ortiz Torres, ha vuelto a situarse en la escena internacional tras recibir tres premios Grammy por el álbum Yanga, consolidando su prestigio como una de las creadoras más relevantes de la música contemporánea. El reconocimiento llega un año después de que fuera galardonada por Revolución Diamantina, pieza que aborda la violencia contra las mujeres.
En esta edición, Ortiz obtuvo los premios a Mejor Compendio Clásico y Mejor Composición Clásica Contemporánea por Dzonot, concierto para violonchelo incluido en el mismo álbum. El tercer galardón correspondió al Coro Maestro de Los Ángeles, por la Mejor Interpretación Coral en Yanga.
En entrevista con Gaceta UNAM, la compositora reflexionó sobre su trayectoria, marcada por una vocación que —según afirma— “la eligió desde bebé”. Su infancia transcurrió rodeada de música: desde Cri-Cri hasta Los Beatles, pasando por Beethoven y Mozart, en un hogar profundamente vinculado al folclore y la música de concierto gracias al impulso de sus padres, fundadores de Los Folkloristas.
Ortiz detalló cómo sus primeros estudios en guitarra, charango y piano, junto con la influencia de maestros como Mario Stern, forjaron su camino hacia la composición. Tras una sólida formación en instituciones como la UNAM, la Escuela Normal de Música de París y el posgrado realizado en Inglaterra gracias a una beca universitaria, la compositora se integró a la planta académica de la Facultad de Música.
Sobre el vínculo entre su obra y las problemáticas sociales, subrayó que la música es su vía natural de expresión: “La música puede transmitir la condición humana de manera profunda: tristeza, muerte, naturaleza… Es mi forma de hablar del feminismo, de la memoria histórica o de la ecología”. Ejemplo de ello son sus obras Revolución Diamantina, Dzonot —inspirada en la crisis hídrica y los cenotes— y Yanga, concebida originalmente como una ópera basada en la historia del líder afromexicano Gaspar Yanga.
La génesis de Yanga se relaciona con la lectura del libro Azteca de Gary Jennings, de donde Ortiz descubrió la figura de este príncipe del Congo que, tras escapar de la esclavitud en la Nueva España, impulsó la creación del primer pueblo libre del continente: San Lorenzo de los Negros, hoy Yanga (Veracruz). Este relato, explica la compositora, le permitió explorar musicalmente las raíces africanas, europeas e indígenas que conforman la identidad sonora mexicana.
La obra, finalmente escrita para la Filarmónica de Los Ángeles a petición del director Gustavo Dudamel, exigió a Ortiz escapar deliberadamente de la sombra de Beethoven, cuyo monumental legado enmarcaría el estreno. La compositora optó entonces por desarrollar una “paráfrasis orquestal” de la ópera que nunca llegó a crear, integrando elementos latinoamericanos y la colaboración del prestigioso cuarteto de percusiones Tambuco.
Sobre su relación con Dudamel, Ortiz destaca su sensibilidad y profunda intuición musical, especialmente valiosa para interpretar las complejas estructuras rítmicas presentes en su obra. El director, señala, ha sido clave en la promoción de la música latinoamericana y en la creación de proyectos panamericanos con la Filarmónica de Los Ángeles.
Galardonada, reconocida y fuertemente vinculada a la UNAM, Gabriela Ortiz recuerda que gran parte de su formación fue posible gracias al apoyo institucional. Por ello, afirma, su compromiso con la docencia y las nuevas generaciones es una forma de retribuir todo lo que la Universidad le otorgó: identidad, oportunidades y libertad creativa. Con el apoyo de la UNAM y de la Cámara de diputados Congresistas se compromete con el apoyo del conocimiento.
A distancia, la Facultad de Odontología diagnostica enfermedades bucales
La Facultad de Odontología de la UNAM ha puesto en marcha un sistema de diagnóstico a distancia que permite identificar enfermedades de la cavidad bucal —incluido el cáncer— mediante fotografías tomadas con un teléfono móvil y, cuando es necesario, una biopsia. El servicio se ofrece a través del Centro de Diagnóstico Virtual en Patología Bucal y Maxilofacial (CEDIVIPA), coordinado por Javier Portilla Robertson, especialista con más de 50 años de trayectoria.
A través de la plataforma institucional, pacientes y odontólogos pueden registrarse, responder un cuestionario y enviar imágenes para que un equipo de ocho expertos realice una primera valoración. Desde su creación, el centro ha atendido 2,750 casos, detectando de forma temprana padecimientos como cáncer bucal, candidiasis, neuralgia del trigémino o síndrome de boca seca.
El servicio es gratuito, confidencial y anónimo, e incluye seguimiento mediante chat hasta la resolución del caso. Además, el CEDIVIPA facilita a los profesionales un kit de biopsia —que contiene un sacabocados, frascos con formol, azul de toluidina y ácido acético— para apoyar la obtención de muestras en casos que lo requieran.
Las imágenes recopiladas también contribuyen a la formación académica y al Registro Nacional de Cáncer Bucal, reforzando la importancia de la patología bucal como herramienta clave para la detección oportuna de enfermedades.
Crean metodología para detección rápida y precisa del virus SARS-CoV-2
Un grupo interdisciplinario de especialistas de la UNAM, el IPN y el IMSS desarrolló una nueva metodología para detectar y cuantificar de forma más rápida y precisa el virus SARS-CoV-2, responsable de la COVID19. El avance, descrito en la revista Microsystems & Nanoengineering del grupo Nature, permite realizar análisis a partir de un dispositivo microfluídico que divide la muestra en miles de microgotas para evaluar con exactitud la presencia de partículas virales.
La técnica, probada primero en estándares sintéticos y después en muestras de pacientes, reduce a 30 minutos el tiempo de detección, frente a las dos horas requeridas por la PCR tradicional, al emplear una reacción bioquímica a temperatura constante. Entre los responsables del proyecto destacan investigadoras e investigadores de la Facultad de Química, la Facultad de Ingeniería y el Instituto de Ingeniería de la UNAM, junto con especialistas del IPN y el IMSS.
El método podría adaptarse para identificar COVID19, influenza y virus sincicial respiratorio en una sola prueba, lo que supondría un ahorro económico relevante, y también detectar enfermedades como dengue, chikungunya y Zika. Además, abre la puerta al desarrollo de equipos portátiles que permitan realizar diagnósticos sin necesidad de laboratorios especializados.
El equipo investigador subrayó que este avance es resultado de la colaboración entre ingeniería, bioquímica, biotecnología y medicina, y constituye un primer paso hacia la transferencia tecnológica para ampliar su aplicación en el sistema de salud.
¡Súmate al “Mega Reciclatrón” y lleva desde pilas hasta computadoras inservibles!
La UNAM y la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México celebran el “Mega Reciclatrón”, una jornada de acopio de residuos eléctricos y electrónicos abierta a la comunidad universitaria y al público en general. La recepción se realiza de 9:00 a 16:00 horas en el estacionamiento 8 del Estadio Olímpico Universitario, donde se instaló también una carpa para reparaciones menores, con el fin de extender la vida útil de algunos aparatos.
El objetivo del evento es reincorporar materiales valiosos a la cadena productiva, reducir la contaminación y promover la economía circular. Este año se busca superar las 60 toneladas recolectadas en la edición anterior, destacó Julia Álvarez Icaza, titular de la SEDEMA. Por su parte, Fernando Macedo Chagolla, de la UNAM, subrayó que el correcto manejo de estos residuos contribuye a disminuir la actividad minera asociada a la fabricación de dispositivos electrónicos.
Durante la inauguración, Joaquín Narro Lobo, director general de Atención a la Comunidad de la UNAM, afirmó que esta iniciativa refleja la colaboración entre la Universidad y el Gobierno capitalino para ponerse al servicio de la sociedad y fomentar la reutilización y el reciclaje.
Entre los artículos aceptados se encuentran pilas, teléfonos móviles, ordenadores portátiles, cables, impresoras, tóners, drones y diversos electrodomésticos como microondas, refrigeradores y lavadoras. No se reciben focos ahorradores, lámparas fluorescentes, equipos contaminados ni cableado público.
