Congresistas

El valor cívico de construir alternativas en tiempos de incertidumbre

“La democracia exige ciudadanos, no espectadores.”

— Enrique Krauze

Un país atravesado por la incertidumbre

Vivimos en un entorno marcado por la preocupación y la incertidumbre.

Las noticias llegan todos los días como si una tormenta permanente se hubiera instalado en el espacio público.

Las presiones del gobierno de Donald Trump hacia México, la vinculación entre grupos del crimen y algunos actores políticos, así como una economía que no logra crecer al ritmo que necesitan las familias, alimentan un clima de inquietud social y de incertidumbre sobre el futuro del país.

La pregunta que muchos ciudadanos nos hacemos es inevitable:

¿Hasta dónde llegará esta tormenta?

¿De qué manera impactará en nuestros bolsillos, en nuestra tranquilidad y en el rumbo de México?

En medio de este escenario, también surge otra interrogante más profunda:

¿Podemos seguir viviendo como si nada ocurriera, esperando solamente a que las aguas se calmen?

La preocupación no puede convertirse en resignación

La realidad nos está demostrando que no basta con observar los problemas desde la distancia o quedarnos atrapados en la preocupación.

En distintos momentos de nuestra historia, frente a crisis y grandes obstáculos, los ciudadanos hemos aprendido que siempre existe una fuerza colectiva capaz de abrir caminos cuando parece que todo se cierra.

Como señalaba Carlos Monsiváis:

“La democracia no es un regalo del poder, sino una conquista de la sociedad.”

Y esa conquista se construye todos los días desde la participación, la organización y la capacidad de los ciudadanos para involucrarse en los asuntos públicos.

Aprendimos que resistir no era suficiente.

Era necesario organizarnos, dialogar y construir alternativas desde nuestros propios territorios.

El valor de construir desde la comunidad

Así surgieron espacios ciudadanos de colaboración, iniciativas comunitarias y esfuerzos colectivos para enfrentar problemas urgentes desde nuestras colonias, barrios y comunidades.

Muchas veces sin grandes recursos, pero con la convicción de que el país también se transforma desde abajo y desde la participación cotidiana.

Fuimos entendiendo que el valor cívico no solo aparece en las elecciones o en las protestas, sino también en la capacidad de sumar esfuerzos, generar confianza y construir soluciones concretas para mejorar nuestra realidad.

Hoy, frente a esta nueva etapa de incertidumbre, necesitamos volver a sacar esa reserva moral y ciudadana que tantas veces ha permitido al país salir adelante.

Pasar de la preocupación a la acción.

Construir alternativas para enfrentar la violencia, fortalecer la salud pública, defender la economía familiar y recuperar la confianza entre ciudadanos.

Volver a encontrarnos alrededor de causas comunes como el combate a la corrupción, la impunidad y la indiferencia social.

Recuperar el coraje ciudadano

Porque el riesgo más grande para una sociedad no es solamente la crisis, sino acostumbrarse a vivir resignada frente a ella.

Como advierte Luis Rubio:

“Los países cambian cuando la sociedad decide asumir su responsabilidad frente al poder.”

Nuestra historia cívica también ha sido una historia de solidaridad, organización y coraje ciudadano.

De personas que, aun en medio de la adversidad, decidieron decir “ya basta”, pero no desde el odio o la destrucción, sino desde una actitud propositiva y comprometida con el bien común.

Construir esperanza desde la ciudadanía

Tal vez hoy, más que nunca, México necesita ciudadanos que no solo expresen su preocupación, sino que también se atrevan a construir esperanza desde la participación, el diálogo y la acción colectiva.

Porque el futuro del país no dependerá únicamente de quienes ejercen el poder, sino también de la capacidad de la sociedad para organizarse, colaborar y recuperar la confianza en que todavía es posible construir un México más justo, más humano y más solidario.

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