Congresistas

Europa se derrumba con la ideología verde y el Estado del bienestar

La información que vamos a presentarte aquí no la verás en los medios tradicionales, que suelen reducir el análisis geopolítico a titulares estruendosos diseñados para conquistar los algoritmos del escándalo. Pero el dato mata al relato: la caída del Estado del bienestar es un hecho que no solo incendia a América Latina, sino también a Europa.

Durante años se ha difundido la idea de que el desastre fiscal, el gasto asistencial desmedido y la polarización política eran males exclusivos de América Latina. Sin embargo, el fenómeno también aparece en el corazón de la Unión Europea: un modelo de gasto social al estilo de Morena, acompañado de impuestos y regulaciones excesivos, asfixia al sector productivo, destruye la prosperidad y abre la puerta a opciones políticas de ruptura.

La debacle económica europea no es fortuita; responde a dos factores estructurales:

Los focos rojos: Francia y Alemania

Las dos mayores economías continentales muestran signos severos de agotamiento. Mientras tanto, sus calles se llenan de manifestaciones sociales explosivas que nuestros noticieros habituales apenas reportan:

  1. Francia: Su gasto público supera el 57 % del PIB y acumula un enorme déficit fiscal que ya activó las alarmas financieras. El hiperestado no se traduce en bienestar, sino en servicios deteriorados, una burocracia voraz y una clase media asfixiada.
  2. Alemania: El tradicional motor industrial de Europa lleva dos años al borde del estancamiento o la recesión, con un crecimiento anémico cercano al 0,2 %. La combinación de costes energéticos disparados por el cierre de plantas nucleares, la descarbonización y las trabas regulatorias está desmantelando su competitividad manufacturera.

El descontento popular ante la inflación y el estancamiento económico ha impulsado un giro categórico hacia la derecha:

Esta parálisis contrasta con el desempeño de la economía de Estados Unidos, a pesar de todo lo que dicen algunos ‘analistas’: Mientras Estados Unidos lidera el crecimiento económico del bloque G8, con tasas de crecimiento entre 2,2 % y 2,8 %, impulsado por el dinamismo privado y la independencia energética, la eurozona languidece entre el 0,2 % y el 0,9 %. La evidencia es contundente: ningún Estado puede redistribuir riqueza si sus impuestos y regulaciones destruyen el motor de la economía: lo que producen empresarios y trabajadores.

Por más que los medios hablen del miedo a la “ultraderecha”, la realidad demuestra que la economía no responde a ideologías diseñadas desde la burocracia en Bruselas. Cuando el gasto público improductivo y el fanatismo regulatorio estrangulan al sector privado, el resultado inexorable es la decadencia del populismo. Ya no ocurre solo en América: también en Europa, la opinión pública se aleja de la opinión publicada. 

@dariomendoza

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