Darío Mendoza A.
Roger Scruton fue uno de los filósofos conservadores más influyentes del Reino Unido, reconocido por su defensa de la estética, el orden civil y la importancia de las instituciones intermedias frente a la deshumanización del Estado. Por su parte, Robert Conquest fue un historiador británico cuyas investigaciones sobre el «Gran Terror» y las purgas soviéticas desmantelaron las ilusiones de muchos intelectuales sobre el comunismo. Ambos contribuyeron a entender el avance de la izquierda a través de las instituciones educativas, empresariales y culturales.
Lo que esas voces alertaron es hoy una realidad: muchas instituciones, como la universidad y la empresa, han dado un giro radical respecto a su propósito original. Estos pensadores explicaron con claridad por qué tales instituciones viran hacia la izquierda y cómo el conocimiento real es el único antídoto contra esa abstracción ideológica.
Primera tesis: El conocimiento práctico frente a la utopía
La primera de sus tesis es desafiante y revela una verdad incómoda: “Todos son de derecha en los asuntos sobre los que están bien informados” . El pensamiento de Scruton destaca que el conservadurismo no es una ideología rígida, sino el resultado de la experiencia práctica. Cuando un individuo domina un oficio —ya sea la carpintería, la medicina o la gestión de una pequeña empresa—, comprende las limitaciones de la realidad y el valor de lo que realmente funciona.
Por el contrario, la teoría elaborada en recintos universitarios suele ignorar la realidad; se formulan hipótesis donde no hay contacto con las consecuencias. Los intelectuales suelen ser progresistas en áreas donde no tienen responsabilidad directa, permitiéndose el lujo de proponer utopías que otros deben pagar con su bienestar. Un vendedor de elotes conoce mejor que nadie cómo funciona su mercado y por qué no debe elevar el precio sin que haya consecuencias para él y su familia. En cambio, el intelectual elabora teorías complejas y políticas públicas presentadas como “justicia social” que terminan por empobrecer al elotero y a su comunidad. La historia lo demuestra una y otra vez, pero el mensaje de justicia social es seductor y quien lo pregona rara vez asume el costo de sus errores.
Segunda tesis: La captura de los espacios
La segunda tesis actúa como una advertencia para los ciudadanos comunes: cualquier organización que no responda a su labor práctica basada en la verdad, con el tiempo se volverá de izquierda. Mientras que el profesional y el trabajador promedio buscan cumplir con su deber y regresar a casa, el activista ideológico ve en la institución educativa o en la empresa un vehículo para ampliar su poder. Así se capturan las instituciones.
Dado que los ciudadanos comunes suelen evitar el conflicto, los moderados terminan cediendo los comités de contratación, las oficinas de recursos humanos y los departamentos de comunicación a quienes sí tienen una agenda política clara. Con el tiempo, la neutralidad es reemplazada por una ideología que purga cualquier disidencia.
Tercera tesis: La perversión de la burocracia
La tercera tesis se refiere a los incentivos de las burocracias: la forma más simple de explicar su comportamiento es que desarrolla un sistema de incentivos perversos. Es la “paradoja del bombero” : si una oficina es creada para apagar incendios, pero su presupuesto depende de la existencia de estos, eventualmente encontrará “fuego” incluso en un charco de agua. Esto lleva a las instituciones a actuar en contra de sus propios objetivos fundamentales para justificar su expansión. Según Scruton, las burocracias tienden irremediablemente a la autoperpetuación.
Una invitación a la acción
Entender estas tres tesis no es una invitación al cinismo, sino a la acción consciente. Para Scruton, la respuesta no es intentar recuperar instituciones cuya estructura ya esté comprometida, sino enfocarse en dos pilares:
- La Verdad Práctica: Fomentar el conocimiento técnico en contraste con las grandes teorías abstractas que degradan al ser humano.
- La Creación de Alternativas: Fundar nuevas instituciones que protejan sus valores desde los cimientos, aplicando la subsidiariedad (ayuda para fortalecer y no para someter). Y la transparencia para evitar que la burocracia devore la misión.
En un mundo de capturas ideológicas, la mayor rebeldía es preservar la cordura y el sentido común en los espacios que aún controlamos. Venezuela y Cuba son la muestra más reciente de cómo las burocracias y las ideologías empobrecen a las naciones. Capturan instituciones y luego prohíben la disidencia. El resultado es que la igualdad solo se alcanza en la pobreza, la ignorancia y la mediocridad; un colapso inevitable, pues ninguno de esos modelos puede mantenerse sin el subsidio de otras naciones. Funciona mientras el dinero de la gente real se acaba.
