La estrategia Delcy del imperio romano 

Autor Congresistas
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Darío Mendoza A

Un Imperio no se construye solo con espadas, sino con contratos. Mientras las legiones de Augusto expanden las fronteras, en las provincias más calientes del mar Mediterráneo, Roma está perfeccionando una estrategia que cambiaría la historia geopolítica: dejar que los locales hagan el trabajo sucio. 

Herodes no es sólo un nombre en los textos sagrados; es el ejemplo perfecto de un “Rey franquicia”. Para Roma, gobernar directamente algunas áreas de su imperio era un dolor de cabeza logístico y un suicidio político. La solución fue brillante en su frialdad: colocar a un hombre que conociera los templos, los linajes y los odios locales, pero cuya corona dependiera totalmente del visto bueno del Emperador.

Y el modelo funcionó, en el análisis de los expertos hay tres pilares que mantenían esta estructura de poder:

  • Tercerización del odio: Cuando los impuestos subían, la furia del pueblo caía sobre Herodes, el “rey idumeo”, protegiendo la figura del César de revueltas directas.
  • Eficiencia de costos: Roma recibía el tributo sin gastar un sestercio en salarios de burócratas ni en logística de transporte para funcionarios romanos.
  • Barrera cultural: Un gobernador romano habría profanado el Templo por ignorancia en una semana; Herodes sabía exactamente hasta dónde podía tensar la cuerda.

“Roma no buscaba amigos, buscaba resultados. Si un rey local podía garantizar la paz y el flujo de oro, era más útil que diez legiones estancadas en el desierto.”

Por esa sencilla estrategia geopolítica milenaria, Donald Trump dejó a Delcy Rodríguez a cargo de Venezuela, ante la caída del dictador Nicolás Maduro. No es la fuerza bruta, es la inteligencia para operar un imperio. 

Y ahora, con esa visión, América Latina se agita: Gustavo Petro en Colombia, fue recibido en Washington; no existen problemas ideológicos para Trump, existen intereses, y sobre esa base hay diálogo y normas, para ir conformando un grupo de nuevos Herodes o de nuevas Delcys Rodríguez. Se habla de que ya se busca el Herodes para Cuba.

En México, aún contra la doctrina marcada por el fundador de Morena de “abrazos no balazos”, la Doctora Shienbaum se volvió pragmática y por fin puso en operación a las fuerzas armadas mexicanas para ir por “El Mencho”, del Cartel Jalisco Nueva Generación. Y por ahora en México no es necesario intervenir abiertamente si la cabeza de nuestro Gobierno atiende las peticiones de puntuales de Washington. Además, en este punto, al gobierno de la 4T le conviene, si lo sabe capitalizar. 

Todo tiene un costo. En el sistema de “franquicia imperial” hay un precio. El Líder local vive en una paranoia constante, atrapado entre fuerzas locales que lo pueden ver como un traidor, o una traidora, y un Imperio que lo descartaría al menor signo de debilidad.

Hoy, vemos este mismo patrón repetirse en la geopolítica moderna, donde las potencias prefieren influir a través de aliados estratégicos que ocupar territorios. Roma, al parecer, inventó el manual de la política internacional que seguimos leyendo hoy en día. No hay nada nuevo bajo el sol.

Asterisco. Las fuerzas armadas de México han demostrado que están capacitadas y son superiores a los narcos, por más poderosos que parezcan, como quedó demostrado con el abatimiento de El Mencho. Querer es poder.  Antes no se quería.

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