Congresistas

Ormuz destruye el espejismo verde 

La Guerra de Ormuz evidencia el fracaso de la premisa según la cual las energías renovables jubilarían a los hidrocarburos. La tensión financiera y bélica actual demuestran que la maquinaria mundial sigue exigiendo petróleo y gas para operar. La economía verde es romántica, pero irreal en el corto plazo. El cierre del estrecho de Ormuz y la parálisis del suministro en Oriente Medio han demostrado que las turbinas eólicas y los paneles solares carecen de la densidad energética y la estabilidad necesarias para sostener la economía global.

Por ello, el conflicto en Irán es, en esencia, una guerra por el control de la energía global. Cuando el sistema financiero cruje, el mundo no busca comprar megavatios solares; busca desesperadamente almacenar gas y petróleo. Quien controle esos “enchufes” energéticos que mueven la economía mundial, decidirá qué naciones liderarán la era de la Inteligencia Artificial (IA).

Mientras el discurso de los medios hegemónicos y la academia teorizaban sobre la descarbonización, Estados Unidos ejecutaba una estrategia de “captura de nodos” . La secuencia ha sido quirúrgica:

El gran error de cálculo de muchos ‘analistas’ fue ignorar que la Inteligencia Artificial es una industria física . La construcción de la superinteligencia requiere una infraestructura de centros de datos con un consumo eléctrico voraz y constante (24 horas al día, 7 días a la semana); una demanda que las energías renovables, por su naturaleza intermitente, no pueden garantizar sin sistemas de almacenamiento que hoy no existen a escala global.

Estados Unidos ha comprendido que la carrera de la IA se gana con energía térmica. Mientras China enfrenta el bloqueo de sus rutas de suministro, los centros de datos estadounidenses se alimentan de gas abundante doméstico y barato. El control de los corredores energéticos es, en última instancia, el control sobre quién podrá entrenar los modelos de IA más potentes.

Aunque abunda la opinión superficial en los medios, escasean los análisis profundos sobre el tablero global. La estrategia energética de EE. UU., analizada en artículos como el de Martín Varsavsky, permite dimensionar el alcance de la guerra en Irán y otros movimientos de Washington. Se suele tachar a Trump de errático y loco, pero pocos analizan la estrategia de fondo. Más allá de su personalidad egocéntrica, existe una hoja de ruta desarrollada en los think tanks estadounidenses que trasciende la figura presidencial.

Los gobiernos europeos se han rezagado al apostar por “caballos muertos”. La historia no la escribirán quienes poseen más paneles solares, sino quienes controlan los flujos de energía densa . La IA requiere suministro eléctrico ininterrumpido, y Estados Unidos está asegurando que esa infraestructura funcione bajo sus términos. El espejismo verde ha terminado.

@dariomendoza

Salir de la versión móvil