Congresistas

Se sacude el escenario 2027

Suele pasar: quienes tienen el poder viven bajo la falsa ilusión de creer que ese poder es eterno y único, hasta el preciso segundo en que desaparece. Durante dos años, el régimen de la llamada Cuarta Transformación operó bajo la premisa de que el pueblo los hacía inamovibles. Claudia Sheinbaum asumió el mando cobijada por una popularidad que parecía imbatible, con picos de aprobación que rozaban el 80%. Pero este 2026 está demostrando que el teflón también se desgasta.

Hoy, las encuestas marcan un dramático punto de inflexión. El desplome de la opinión favorable la ha llevado al 65%, con caídas en picada de hasta 20 puntos en algunas mediciones entre enero y mayo de este año. La fuerza de Morena ha comenzado a agrietarse, y los motivos no están en las narrativas de la oposición, sino en las entrañas de sus propias contradicciones.

Dos factores internos han perforado la línea de flotación de la marca guinda. El primero es ético y de seguridad: el escándalo y las graves acusaciones que pesan sobre el exgobernador Rubén Rocha Moya. La inacción y el silencio cómplice de Sheinbaum ante esta crisis no solo han manchado su investidura, sino que también han arrastrado la narrativa de honestidad del partido. La ciudadanía empieza a resentir una verdad: en México, el Gobierno protege a los políticos aliados al narco.

El segundo factor es de linaje. El plan maestro de Palenque para pavimentar el camino hacia la sucesión presidencial a favor de Andrés Manuel López Beltrán, “Andy”, se ha derrumbado estrepitosamente. El junior demostró que el carisma no se hereda por vía sanguínea. Su paso por la Secretaría General de Morena careció por completo de empatía, mística y esa conexión orgánica con el “pueblo bueno y sabio” que su padre dominaba a la perfección. El resultado de su soberbia burocrática está a la vista: sonoras e históricas derrotas para el oficialismo en regiones clave como Durango, Veracruz y Coahuila. Morena quedó sepultada en las urnas locales.

Ante la evidente caída en las métricas, se activó el botón de emergencia: el regreso a la escena pública de Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, el remedio está resultando más costoso que la enfermedad. En lugar de rescatar a su sucesora, el expresidente la eclipsa de forma humillante.

Al seguir al pie de la letra las directrices y el guion que se le marca desde Palenque, Claudia Sheinbaum no está consolidando un liderazgo propio; está escenificando una preocupante versión moderna del Maximato. La historia es cíclica y cruel: al igual que a principios del siglo XX, cuando Plutarco Elías Calles movía los hilos de los presidentes títeres desde la sombra, hoy la sombra de Palenque anula la autonomía de la mandataria. Es el Maximato con A de AMLO.

El oficialismo se desangra, pero no es la oposición la que capitaliza la caída de Morena. Los partidos tradicionales siguen atrapados en su propia obsolescencia. Quien realmente está ganando terreno es el gigante dormido: los ciudadanos sin partido.

Mientras Morena se encoge y se refugia en el clientelismo de la tercera edad, la masa de ciudadanos independientes y la generación Z desencantada crecen a pasos agigantados. Es esta franja, libre de ataduras ideológicas, la que tiene en sus manos la capacidad real de cambiar el rumbo del país.

La crisis de identidad y el desgaste de Morena han abierto una ventana de oportunidad para las elecciones intermedias 2027, algo que parecía impensable hace apenas unos meses. El éxito electoral pertenecerá a aquellos liderazgos capaces de descifrar este nuevo mapa demográfico, de abandonar las viejas fórmulas partidistas y de construir un mensaje genuino para esa nueva mayoría ciudadana que ya no cree en dinastías tropicales. El cambio de rumbo ya es posible.

@dariomendoza

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