Laura Ruíz
La reciente exposición mediática sobre la casa de Gerardo Fernández Noroña en Tepoztlán ha encendido el debate no sólo sobre el estilo de vida de los representantes de la autodenominada “Cuarta Transformación”(4T), sino también sobre la congruencia entre el discurso político y la realidad personal. La frase “Rodeado de piedras y muros está construida la Cuarta Transformación” puede parecer una descripción literal de la vivienda del diputado, pero encierra un simbolismo más profundo y cuestionador.
Construida en un terreno amplio, con vistas privilegiadas a las montañas y decorada con artesanías de todo el país, la residencia de Noroña evoca un estilo de vida cómodo, incluso lujoso para los estándares de quienes dicen representar a los más pobres. No se trata de una crítica al derecho que tiene cualquier persona a vivir dignamente, sino a la contradicción entre la narrativa de austeridad que la 4T pregona y la imagen que sus figuras proyectan al país.
El muro de piedra, más allá de su función arquitectónica, se convierte aquí en un símbolo: el muro que separa al pueblo de sus supuestos representantes. Aquellos que prometieron gobernar con humildad y cercanía, ahora se aíslan tras bardas, jardines y ventanales. ¿Es esta la transformación que se prometió? ¿O es simplemente una repetición, con nuevos rostros, de las viejas prácticas del poder?
Noroña ha defendido su propiedad asegurando que fue adquirida legalmente y con transparencia. Pero la transparencia no exime de la crítica política. Si la Cuarta Transformación es un proyecto moral, también debe responder a un principio ético de coherencia. No se puede predicar la lucha contra los privilegios desde la comodidad de una casa valuada en millones de pesos.
La 4T nació con una promesa de romper con el pasado, pero sus muros —reales y figurativos— empiezan a parecerse mucho a los del viejo régimen. Y si esa transformación está construida sobre piedras y muros, quizás lo que se está edificando no es un nuevo país, sino una nueva élite con discursos distintos, pero con ambiciones similares.