El espectáculo disruptivo de medio tiempo del Super Bowl LX

Autor Congresistas
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Nancy Pérez García

Una fiesta hispana con mensajes de unidad continental, identidad latina y resistencia cultural. 

En el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX, Bad Bunny utilizó su plataforma para transmitir mensajes de unidad continental, identidad latina y resistencia cultural. Su presentación estuvo cargada de simbolismo social. Al decir “God bless America” (Dios bendiga a América, en español), para después mencionar todos los países del Continente, con un mensaje claro: “Together We Are America”  “Juntos somos América”, desafió  el monopolio de la identidad continental.

El mensaje “The only thing more powerful than hate is love”  (Lo único más poderoso que el odio es el amor), proyectado en las pantallas del estadio, en el contexto de una nación profundamente dividida, representó una postura firme. Bad Bunny no solo cantó; validó la existencia de millones de personas que viven entre dos mundos. Este show demostró que el entretenimiento es, hoy más que nunca, la continuación de la política por otros medios. La interpretación íntegra en español y el uso de símbolos latinos y caribeños, subrayaron el poder de la comunidad hispana en el corazón de los Estados Unidos. El Conejo Malo, desde ahora, para muchos, embajador cultural regional, transformó el Allegiant Stadium, en una fiesta hispana de resistencia cultural. 

El espectáculo fue un manifiesto político cuidadosamente coreografiado. En un momento donde la retórica sobre las fronteras y la identidad nacional domina el discurso en Washington, el mensaje más potente de la noche fue una lección de geografía política: América no es un país, es un Continente y el español no es una lengua extranjera en él. Hablar español durante todo el evento es el máximo símbolo de este poder: El Idioma como territorio. Es una declaración de que somos de aquí y que no necesitamos asimilarnos (dejar de hablar nuestra lengua) para conquistar el centro del capitalismo estadounidense.

El impacto trascendió  lo musical, convirtiéndose en un barómetro de la polarización y la identidad latina en los Estados Unidos. Fans o no de Bad Bunny, él ha generado un sentido de pertenencia en los 600 millones de habitantes al sur del Río Bravo que históricamente son excluidos del término en el escenario global.

En un momento marcado por operativos de ICE y deportaciones masivas, actos como éste permiten a México proyectar una imagen de riqueza cultural y éxito, para desarticular la narrativa de odio, contrastando con la visión de amenaza promovida desde ciertos sectores de Washington. 

Lo anterior, brinda a México la oportunidad de fortalecer una coalición política de casi 70 millones de latinos en EE. UU., convirtiéndolos en un bloque de presión más cohesionado frente a leyes migratorias restrictivas. Hablar de quiénes somos como lo hizo él,  a través de una  escenografía  que fue una joya del realismo latino, capturando la esencia  de nuestra cultural   (una réplica de una boda latina, el pastel, el niño dormido en la silla,  jugadores de dominó,  niños soñando a triunfar, familias unidas bailando, trabajadores de caña y referencias a la crisis energética en Puerto Rico con su tema “El Apagón”,  es una herramienta de resistencia frente a la retórica negativa a un contexto de máxima tensión migratoria. 

Ante la parálisis de los canales diplomáticos oficiales o las tensiones directas entre gobiernos, estos eventos masivos sirven como un micrófono global para denunciar abusos y exigir respeto de los derechos humanos de la población migrante y refugiada de nuestras naciones, humanizando con amabilidad e inteligencia y con el mensaje firme: todos merecemos un lugar digno dentro de la sociedad.

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