Congresistas

La deuda que México tiene con sus mujeres

La cultura no se hereda, se conquista.”

— Rosario Castellanos

El Día Internacional de la Mujer no debería ser solo una fecha para celebrar. Debería ser, sobre todo, un momento para reflexionar sobre la deuda histórica que la sociedad y el Estado aún tienen con las mujeres: una deuda de justicia, de igualdad, de seguridad y de dignidad.

Una lucha que abrió caminos

Como escribió Rosario Castellanos, “la cultura no se hereda, se conquista”. Esa frase resume una verdad profunda: los derechos y espacios que hoy ocupan muchas mujeres no surgieron de manera espontánea ni fueron una concesión generosa de la sociedad.

Han sido el resultado de décadas de lucha, de valentía y de perseverancia.

Cada derecho conquistado ha tenido detrás historias de resistencia.

Sin embargo, esa conquista sigue incompleta.

Todavía vivimos en una realidad donde muchas mujeres enfrentan el miedo todos los días: miedo a la violencia, al acoso, a la desaparición o incluso a perder la vida.

Ninguna sociedad puede llamarse verdaderamente justa si la mitad de su población vive bajo esa amenaza.

El trabajo invisible que sostiene al país

A pesar de estas adversidades, las mujeres siguen siendo uno de los pilares que sostienen la vida social.

En los hogares, en las escuelas, en los centros de trabajo y en las comunidades, su esfuerzo es constante.

Muchas cuidan a los hijos, acompañan a los enfermos, apoyan a los adultos mayores y, al mismo tiempo, contribuyen al sustento económico del hogar.

Sin embargo, una gran parte de ese trabajo permanece invisible.

Datos de la Instituto Nacional de Estadística y Geografía, a través de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024, muestran que las mujeres dedican el 66.8 % de su tiempo total de trabajo a actividades no remuneradas.

En otras palabras, casi siete de cada diez horas de su trabajo se destinan a tareas esenciales para la vida cotidiana, pero que no reciben salario ni reconocimiento económico.

Este dato revela una realidad profunda: gran parte del bienestar de nuestras familias y comunidades descansa sobre un trabajo silencioso que históricamente ha recaído en las mujeres.

Reconocerlo es también una forma de comenzar a saldar esa deuda.

El dolor convertido en dignidad

Quizá la expresión más conmovedora y valiente de esta realidad se encuentra en las madres que buscan a sus hijos desaparecidos.

Frente al dolor, el silencio institucional o la falta de resultados, muchas de ellas han decidido transformar la angustia en acción.

Han salido a buscar con sus propias manos, recorriendo caminos y organizándose colectivamente.

Así han surgido colectivos como Madres Buscadoras de Sonora, Colectivo Solecito de Veracruz, Familiares en Búsqueda María Herrera (Coahuila), Regresando a Casa Morelos y Guerreros Buscadores de Jalisco.

A nivel nacional, la Red Enlaces Nacionales reúne más de 160 colectivos de familiares en al menos 26 estados del país.

Estos colectivos representan el grito de miles de madres que se niegan a aceptar el olvido. Su lucha recuerda que la justicia no puede depender únicamente del amor y la fuerza de quienes sufren: la búsqueda de la verdad es una responsabilidad del Estado y de toda la sociedad.

Una conciencia que no puede esperar

El Día de la Mujer debe ser, sobre todo, un llamado a la conciencia colectiva.

Un llamado al gobierno para que asuma con mayor decisión su responsabilidad de garantizar seguridad, justicia e igualdad.

Y también un llamado a la sociedad para reconocer el valor del trabajo, del cuidado y de la lucha cotidiana de las mujeres.

Reconocer la deuda pendiente con ellas no es un gesto simbólico. Es un compromiso ético con el presente y con el futuro.

Porque un país que no escucha a sus mujeres, que no protege su vida y que no reconoce su trabajo, es un país que se debilita a sí mismo.

En cambio, una sociedad que respeta, protege y valora a sus mujeres se vuelve inevitablemente más justa, más humana y más digna.

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