Congresistas

¿Economía o recursos naturales?

Economía y recursos naturales

Los seres humanos nos encontramos ante una disyuntiva de grado existencial. ¿A qué debemos darle prioridad? ¿A la economía o a los recursos naturales?

Por un lado, derivado de la revolución industrial y su constante evolución tecnológica, hoy las personas pueden aspirar a tener un mayor número de productos y servicios asequibles para su subsistencia. La producción en masa de comida y otros productos necesarios e inclusive suntuarios, se democratizó con dicho avance industrial y capitalista, de manera que esa producción masiva de bienes y servicios ha alcanzado a mucha gente. Es cierto que, aunque la pobreza no ha disminuido significativamente, las clases medias han sostenido un nivel existencial que les ha permitido desarrollarse con cierta comodidad a partir de su actividad económica.

La producción capitalista de bienes y servicios generó que las familias tuvieran cierta estabilidad que motivó el incremento poblacional a un grado casi insostenible. Es decir, con las vacunas, los tratamientos médicos y la producción capitalista de comida por las grandes corporaciones, las comunidades crecieron porque las personas aumentaron su esperanza de vida. Previo a la industrialización de la producción de la comida y de las medicinas, la población se equilibraba de forma natural, pero los seres humanos hemos logrado aumentar artificialmente nuestra esperanza de vida.

Al crecer el número de personas en la economía capitalista, aumenta teóricamente el número de trabajadores. Esto es relevante porque el sistema capitalista se basa en la extracción de recursos naturales y su transformación para su comercialización. Entonces, cada vez extraemos y consumimos más recursos de los que el planeta puede renovar de forma sostenible. Aunque las actividades ganaderas a nivel industrial son dañinas para el medio ambiente, el poder económico de las grandes corporaciones ha capturado a los representantes gubernamentales, quienes no han tratado de mejorar la regulación de estas actividades ante la presión económica de esas corporaciones y sus propias ambiciones.

Es decir, los seres humanos somos un grave problema para los ecosistemas del planeta, no por nosotros mismos, sino por el número tan exagerado de la población humana. Los incrementos poblacionales traen consigo, a nivel social, la falta de educación y atención debida ante el exceso de hijos y, a nivel sistémico, un consumo desmedido de recursos naturales que no pueden renovarse con la misma rapidez con la que crece la población.

Por otro lado, poco a poco las generaciones más jóvenes, que ya no tienen una carga ideológica, social y religiosa tan pesada como generaciones de más edad, han elegido posponer su matrimonio, su reproducción o evitarlos. Esta tendencia implica que, si las generaciones más jóvenes tienen menos hijos, el consumo desproporcionado y voraz de recursos naturales tenderá a disminuir y, con ello, mejorarán las condiciones ecosistémicas del planeta en términos de su renovación y sostenibilidad. Pero, dada la estructura económica actual, el contar con menos gente y menos trabajadores que aporten recursos al pago de las pensiones de los trabajadores jubilados, significa una bomba de tiempo en materia económica, pues pronto no habrá recursos suficientes para pagarles a los pensionados. Entonces, ¿qué podemos hacer? ¿Más hijos en detrimento del planeta o menos hijos en detrimento de los pensionados?

Por lo anteriormente dicho, las políticas populistas de regalar dinero en becas y pensiones gratuitas solo nos llevarán a la ruina. Las familias de más escasos recursos tienden a vivir con muchas generaciones en la misma vivienda. Por ejemplo: abuelos, padres, nietos, bajo el mismo techo.

Esos recursos ¨obsequiados¨ -de nuestros impuestos- por el gobierno fomentan que la gente no tenga incentivos a mejorar su situación y se conforme con las becas y las pensiones como ingreso seguro para la misma vivienda. De ahí, tendrán más hijos y entonces estamos en la peor situación: Se le da a la gente una comodidad mínima para que no trabaje y tenga más hijos. Con esto, estamos en un esquema de perder-perder, porque ni se reduce el aumento poblacional que tanto perjudica al medio ambiente, ni se aumenta el número de trabajadores que aporten recursos reales que puedan destinarse al sistema de pensiones.

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