Congresistas

Gobernabilidad y transparencia

Introducción 

En un momento marcado por la incertidumbre, la sobreinformación y la tensión política —tanto a nivel nacional como internacional—, la discusión sobre gobernabilidad y transparencia adquiere una relevancia ineludible. México atraviesa una etapa de transformaciones profundas en su vida pública, donde conviven altos niveles de aprobación gubernamental con cuestionamientos sobre la solidez institucional, el equilibrio de poderes y el acceso efectivo a la información.

En este contexto, la ciudadanía se enfrenta a un entorno complejo: discursos polarizados, narrativas contrapuestas y una creciente dificultad para distinguir entre información, opinión y propaganda. Al mismo tiempo, fenómenos globales como los conflictos internacionales y la relación con Estados Unidos inciden directamente en la agenda nacional, añadiendo capas de complejidad a la toma de decisiones y a la percepción pública del poder.

Esta entrevista explora, desde la mirada de un especialista, cómo se vive hoy la gobernabilidad en México, qué papel juega la transparencia en la construcción de ciudadanía y cuáles son los desafíos para consolidar una democracia que no solo sea estable, sino también incluyente, informada y participativa. Más allá del análisis coyuntural, la conversación invita a reflexionar sobre el tipo de país que se está construyendo y el lugar que ocupa la sociedad en ese proceso.

LISANDRO M. DEVOTO

Profesor del Centro de Estudios Políticos (CEP) de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Profesor y tutor del Programa de Posgrado en Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Responsable del Laboratorio de Métodos para las Ciencias Sociales CEP – FCPyS UNAM. Es investigador del Observatorio de Transparencia Legislativa y Parlamento Abierto de la FCPyS-UNAM, donde ha realizado diversos trabajos de investigación y consultoría para organismos como el INAI, la Cámara de Diputados (México), el Senado de la República (México) y el National Democratic Institute (NDI) entre otros. En el horizonte la charla concedida, con tan importante agenda, de la que no hay desperdicio, quien nos recibe y comparte preocupaciones.

Claudia:

Dr. Desde el punto de vista del ciudadano y ciudadana común le hago la siguiente pregunta admin=tiendo un contexto de tención politica de polarizacion, corruocion, impunidad, combate al crimen organizado, tension politica con el presidente de los EEUU, en el orizonde de dos guerras: Ucrania y Risia, Iran y Israel, ¿cómo se vive la gobernabilidad y la gobernanza?

Lisandro:

Depende de a qué nos estemos refiriendo exactamente. Entiendo, por el contexto de la pregunta, que hablamos de México y, particularmente, de la situación política actual: cómo las personas perciben su relación con el gobierno, con sus representantes y con quienes toman las decisiones. 

Cualquier situación puede impactar a las personas desde distintos puntos de vista, pero entiendo que nos centramos en el ámbito político. 

Claudia:

Así es. Vivimos un bombardeo constante de información desde el amanecer que genera confusión. Preguntas elementales como “¿quién gobierna qué y por qué?” se vuelven difíciles de responder cuando somos atravesados por diferentes órdenes de poder. ¿Qué construcciones cívicas se pueden ir gestando en este contexto? Y no hablo solo de la dimensión cibernética y digital, sino de la agitación diaria a la que estamos sometidos, donde la información se ha convertido también en un objeto de consumo y de venta. Los tiempos no son fáciles para digerir y entender.

LM:

Entiendo. En primer lugar, creo que desde hace ya varios años vivimos tiempos de alta polarización. Esta no es un fenómeno exclusivo de México; es algo que ocurre a nivel global. Sin embargo, en nuestro país la polarización ha sido un recurso político muy utilizado, especialmente por el partido en el gobierno. 

Desde mucho antes de ganar las elecciones de 2018, López Obrador impulsó una estrategia claramente polarizante. Una vez en el poder, ese discurso de confrontación —nosotros versus ellos, patriotas versus traidores a la patria, honestos versus corruptos— demostró tener un éxito notable. 

Esta forma de tensar las relaciones entre extremos ha complicado enormemente la posibilidad de entender fuentes confiables. Los espacios de deliberación, intercambio y conversación se han tensado o directamente han desaparecido. Cada vez es más difícil encontrar puntos intermedios o una comunicación clara. 

Como resultado, la sociedad recibe, a través de medios muy diversos, versiones contradictorias e incluso diametralmente opuestas sobre una misma realidad. Esto genera confusión en quienes buscan informarse de manera seria. Al mismo tiempo, fomenta la división entre dos grandes grupos: quienes creen casi todo lo que proviene del gobierno y quienes descartan o ponen en duda cualquier cosa que este comunique.

Entre ambos extremos existe un sector de la sociedad que intenta informarse de la manera más objetiva posible y acercarse a lo que realmente está ocurriendo. 

Es importante aclarar que hablamos aquí de las personas interesadas en la política. Una parte importante de la sociedad mantiene un alto grado de desinterés político y actúa principalmente según cómo las decisiones les afectan en su vida diaria. Muchos ni siquiera se informan ni participan.

CV:

Es muy preocupante, porque herramientas como la transparencia y el acceso a la información, junto con la dinámica social, muestran grupos muy vulnerables en términos de representación política y cesión de la voluntad individual: el voto. ¿Cómo construir o consolidar una ciudadanía informada en circunstancias tan complejas?

Se vive una suerte de desmoronamiento de instituciones ¿Cuál es su opinión?

LM:

Definitivamente es un escenario complejo. México vive un proceso de cambio profundo impulsado por una fuerza política que nunca antes había gobernado a nivel federal y que llegó con una fuerza y presencia muy importante. Esto ha generado cambios muy diversos: algunos más legítimos, otros menos, aunque el discurso oficial siempre los justifica en la “voluntad popular”.

Este proceso interno ocurre, además, en un contexto global de gran complejidad, especialmente por lo que sucede en Estados Unidos. Ese país vive su propia polarización interna y busca impulsar una agenda agresiva en materia de seguridad, comercio y migración. Para México, Estados Unidos no es un actor cualquiera: la vecindad geográfica, el comercio, las inversiones y los temas de seguridad y migración hacen que cualquier cambio en Washington impacte directamente aquí.

El gobierno mexicano intenta impulsar sus cambios mientras lidia con un vecino también inmerso en sus propias dificultades. Esto complejiza aún más el panorama.

Volviendo al interior del país, los conceptos de gobernabilidad y gobernanza son clave. De manera sencilla, la gobernabilidad se refiere a la capacidad del sistema político —encabezado por el Ejecutivo— para atender las demandas sociales, tomar decisiones, implementarlas y mantener la paz y la estabilidad, todo ello con un mínimo de legitimidad.

CV:

¿Hay compromiso real de las diferentes fuerzas políticas para convocar y no excluir?

LM:

Desde el gobierno y la coalición que lo sostiene, no parece haber esa voluntad. Se están tomando decisiones importantes —incluso reformas constitucionales— sin la participación de la oposición. La mayoría calificada en el Congreso le otorga al gobierno un amplio margen de acción.

Esto le permite conservar la gobernabilidad por ahora. Las fuerzas que no simpatizan con el gobierno tienen menor capacidad de presión y menor legitimidad ante la opinión pública. El gobierno combina legitimidad electoral, un discurso poderoso y mayorías legislativas suficientes, lo que le ha permitido mantener la estabilidad política y social.

Aunque muchas de las decisiones tomadas en los últimos siete años han desmantelado gran parte de la institucionalidad democrática construida en las últimas cuatro décadas, hasta el momento esto no ha generado problemas graves de gobernabilidad. No hay grandes disturbios sociales, la economía se mantiene relativamente estable y amplios sectores de la población siguen mostrando conformidad o apoyo. La presidenta mantiene altos niveles de aprobación.

Sin embargo, esto no significa que no existan riesgos a futuro. Cambios tan profundos y acelerados pueden tener consecuencias serias para la democracia liberal que se venía construyendo en México.

CV:

¿Qué tan sólidas son realmente las condiciones para hablar de estabilidad en un estado tan peculiar como el que vivimos? Todos los días me pregunto cómo es posible que esta estabilidad se sostenga. ¿Hasta cuándo aguantará? Los ciudadanos no vivimos ajenos a la tensión.

LM:

Coincido en que existe tensión, pero esta afecta principalmente a un sector de la población: aquellos que seguimos de cerca los temas políticos, nos informamos y analizamos las consecuencias a mediano y largo plazo de los cambios legislativos, constitucionales e institucionales.

Existe, sin embargo, un sector mucho más amplio que considera que sus demandas básicas están siendo atendidas por el gobierno y que, por desconocimiento, desinterés o convicción, no se muestra preocupado por los cambios institucionales. Este sector volvió a legitimar a Morena con su voto en las últimas elecciones.

Por otro lado, hay otro grupo importante —aunque menor— que sí expresa un claro descontento y preocupación por el rumbo del país, especialmente en lo institucional.

El problema adicional es que este sector opositor no encuentra una representación política sólida. La oposición tradicional (PRI y PAN) arrastra serios problemas de legitimidad y credibilidad tras años de intensa campaña en su contra y por sus propios errores del pasado. Movimiento Ciudadano intenta crecer, pero aún no logra consolidarse como una alternativa clara a nivel nacional. Los demás partidos son aún más pequeños.

En resumen, el arco opositor es actualmente débil, carece de liderazgos renovados con suficiente legitimidad y no logra disputar ni el discurso ni la toma de decisiones. Esto contribuye, por ahora, a que el gobierno mantenga una posición de gran fortaleza.

CV:

Pero el gobierno no ha logrado construir una conversación real con la sociedad. Tenemos una Secretaría de la Función Pública que no vemos actuar. Y eso es grave, porque la transparencia es una herramienta ciudadana fundamental. No vemos un discurso claro que nos explique hacia dónde vamos. Hay una agenda semanal que parece más distractiva que sustantiva, sin fondo ni rumbo definido.  

Por ejemplo, ¿a dónde vamos, doctor? Somos un Estado social, y está bien que nos preocupemos por el bienestar de la población, pero ¿qué estamos haciendo realmente? Lo vimos en la gira de 48 horas a Barcelona. ¿Cómo estamos posicionados en el mundo? ¿Qué estamos haciendo en salud, en educación, ante un mundo en plena ebullición lleno de retos? Da la sensación de que no tenemos una narrativa clara ni una dirección histórica definida.

LM:

Creo que ahí hay varios puntos importantes. En primer lugar, el tema de la transparencia. Claramente, para este gobierno —y especialmente para el de López Obrador— no ha sido una prioridad. Muchas de las obras emblemáticas se declararon de “seguridad nacional” precisamente porque las ejecutaba el Ejército, lo que permitió catalogar como reservada información clave sobre costos, recursos utilizados y toma de decisiones. Eso es una manipulación evidente de la ley para evitar la transparencia.

La desaparición del INAI lo confirma. Ahora dicen que los derechos de acceso a la información seguirán existiendo, pero serán impulsados directamente por el Ejecutivo. Hasta ahora eso no convence y no se ha materializado. El cambio es notorio.

Además, hay que reconocer que la transparencia tampoco parece ser una prioridad para gran parte de la sociedad. Según las últimas encuestas del INEGI (creo que de 2019 o 2020), poco más del 50% de la población sabía que existía una institución encargada de velar por el derecho de acceso a la información pública. Y de ese porcentaje, solo una parte sabía que se trataba del INAI. Estamos hablando de casi 20 años de existencia del IFAI y luego del INAI.

Esto explica por qué la desaparición del INAI no tuvo prácticamente ningún costo político para Morena. No recuerdo movilizaciones masivas de la sociedad civil para defenderlo, como sí ocurrió con la “Marea Rosa” por el INE. Salvo algunas protestas de los propios trabajadores del instituto, la gente no se movilizó. Muchos incluso compraron el discurso oficial de que era una institución cara, ineficiente y opositora al gobierno.

CV:

Aquí hay algo muy interesante. La Secretaría de la Función Pública ya se ha gastado los mil millones de pesos que antes tenía el INAI… ¿y para qué? ¿Dónde está esa inversión? ¿En qué se ha usado para fomentar una cultura de la transparencia y el acceso a la información? No la hay. Simplemente no existe.

LM:

Desde mi perspectiva, no es que no exista por descuido: simplemente no es un interés real del gobierno. Hay diferencias entre el gobierno de López Obrador y el de Claudia Sheinbaum, pero también hay claras continuidades. La opacidad, la búsqueda de concentración de poder y la limitación de contrapesos siguen presentes.

Lo vimos en la conformación del Congreso con la sobrerrepresentación de la coalición gobernante, en la reforma al Poder Judicial y en la desaparición de varios organismos autónomos. El objetivo parece claro: concentrar poder y reducir los controles.

Aun así, el gobierno ha logrado que amplios sectores de la población legitimen estas acciones. La presidenta mantiene niveles de aprobación muy altos, por encima del 70%. Eso es poco común. Tenemos una sociedad donde una parte importante apoya estas medidas o, al menos, no percibe claramente sus riesgos y consecuencias a mediano y largo plazo.

Siempre les digo a mis estudiantes: no pueden aceptar de este gobierno lo que no aceptarían del gobierno que más les desagrada. Si no le permitirías al PRI hacer esto, tampoco debes permitírselo a Morena. Porque si mañana gana otra fuerza, heredará los mismos poderes que hoy se le están concediendo. Los contrapesos deben mantenerse siempre, independientemente de quién esté en el poder. Esa es la esencia de una república democrática.

CV:

Lo acabamos de ver en el Senado. ¿Con qué imagen está quedando Morena? ¿Qué percepción está generando tanto en la Cámara de Senadores como en la de Diputados? Veo un riesgo real de fracturas internas, que además podrían ser necesarias para la salud política del país.  

La información es una herramienta fundamental. Sin embargo, a pesar de que existe una ley obligada a transparentar la información, no ha habido modificaciones relevantes y sigue habiendo una gran opacidad.

La diferencia con Fox es abismal. El persiguia un gobierno, administrarlo. No un régimen. Eso genera una percepción de situación muy delicada. Uno amanece con cierta angustia.

LM:

Entiendo perfectamente su preocupación y comparto muchos de los puntos que planteas. Hay antecedentes en América Latina de gobiernos con perfiles similares que tuvieron momentos de auge y luego enfrentaron serias dificultades. Habrá que ver qué rumbo toma México.

Ampliar el Estado, aumentar su presencia y los apoyos a amplios sectores de la población es un camino que ha resultado complejo en muchos países (Argentina, Bolivia, Ecuador, Brasil, por mencionar algunos). México tendrá que resolver cómo hacer viable financieramente este modelo a mediano y largo plazo.

Hoy por hoy, es más probable una ruptura interna en la coalición (con el Verde o el PT) que un fortalecimiento importante de la oposición. Aunque el Verde y el PT pusieron algunos límites (especialmente en la reforma electoral), han aprobado la mayoría de las reformas clave, incluida la del Poder Judicial y la desaparición de organismos autónomos.

En términos de gobernabilidad (estabilidad económica y social), el gobierno mantiene niveles aceptables. El gran pendiente sigue siendo la seguridad pública. Sin embargo, si hablamos de gobernanza —es decir, la capacidad de construir acuerdos con distintos actores de la sociedad (academia, iniciativa privada, organizaciones civiles, prensa)—, ahí sí hay una limitación importante.  

El gobierno tiende a decidir en solitario o solo con actores cercanos. Los foros de discusión con quienes piensan diferente suelen ser limitados o terminan siendo más bien ejercicios formales. Mientras Morena no vea amenazada su mayoría electoral, su aprobación ni su estabilidad social, no tiene incentivos fuertes para ampliar esos espacios de gobernanza.

Este tipo de lógica no es exclusivo de México. Cuando un gobierno tiene mayorías tan amplias, suele usarlas para fortalecer su poder y debilitar contrapesos. Es una dinámica que se repite en muchos países en circunstancias similares.

CV:

Pero ¿qué tan sólido es realmente ese discurso? ¿Cómo está articulado? Por ejemplo, las mujeres solo pensaban en las mujeres. Lanzaron hojitas sobre derechos de las mujeres y no hay seguimiento real. Hay muchos actos mágicos y simbólicos.

Intuyo que estamos viviendo un periodo de transición muy difícil, quizá el más complejo de nuestra historia reciente. Entonces, ¿cómo construimos el discurso que necesitamos? Un discurso que no nos excluya, que nos incluya, que nos reconozca, que nos represente y en el que realmente nos veamos como somos. ¿No es hora de construirlo ahora?

LM:

Volvemos un poco a lo que hablábamos antes. Para una buena parte de la población, la propuesta de Morena representa exactamente eso: un gobierno que los incluye, que los representa, que atiende sus necesidades, preocupaciones y problemáticas. Es gente que sentía que, con los gobiernos anteriores, no terminaba de ser escuchada ni visibilizada.  

Morena aprovechó eso de manera muy contundente en el ámbito político, discursivo y comunicacional.  

Sin embargo, también existe la otra cara: las personas que no se sienten representadas por Morena, ni por sus políticas ni por sus decisiones. Gente que además percibe que muchas de esas decisiones representan un riesgo claro para la estabilidad institucional y para los derechos de las personas.  

Esa porción de la población, aunque hoy es minoritaria respecto a la que apoya al gobierno, no es pequeña. Es una parte amplia de la sociedad que no se siente representada, que ve que su voz no impacta en la agenda pública ni en las decisiones importantes, y que termina teniendo que “agachar la cabeza” y aceptar lo que se decide sin una verdadera discusión.  

Ahí tenemos un problema serio: existe un vacío político. Hoy no hay una fuerza política clara, sólida y creíble que represente adecuadamente a esos sectores y que pueda llevar su voz tanto al Congreso como, eventualmente, al gobierno. Esa oposición está muy debilitada, deslegitimada y genera mucha desconfianza. Mientras tanto, Morena sigue avanzando con lo que considera mejor porque no enfrenta controles ni contrapesos claros, y por ahora no se vislumbra cómo construirlos a corto plazo. Tampoco hay figuras públicas relevantes que encabecen esa alternativa.

CV:

Se está peleando el poder. Siempre se pelea, aunque sea de manera soterrada y muy a la mexicana.

LM:

Claro que se pelea el poder. La cuestión es qué poder y dónde se pelea.  

Recuerdo que hace unos doce o trece años, alrededor de 2012, estaba haciendo trabajo de campo aquí en la Ciudad de México, cuando todavía gobernaba el PRD. Siempre había gobernado la ciudad y, al entrevistar a personas del PRD, el tema recurrente eran las peleas internas, las famosas “tribus” o corrientes del partido.  

La lucha era muy fuerte, pero ocurría hacia adentro. ¿Por qué? Porque sabían que quien ganara la candidatura del PRD prácticamente ganaba la Jefatura de Gobierno. La oposición (PRI y PAN) no representaba una amenaza real. Por eso la pelea se daba antes, en la interna.  

Hoy el escenario con Morena y su coalición es parecido. Morena no percibe una amenaza externa fuerte que le pueda quitar la Presidencia, al menos por ahora. Por eso la disputa se da principalmente hacia adentro, dentro de Morena y de la coalición.  

Con López Obrador ya más retirado de la escena pública (aunque claramente sigue teniendo incidencia), esa pelea interna se ha hecho más visible. Hasta ahora los incentivos no son lo suficientemente fuertes como para que la coalición se rompa —a nadie le conviene—, pero la disputa existe y es real.

CV:

Se dan de palos, y durísimos.  ¿quiere agregar algo Doctor?

LM:

Creo que hay mucho trabajo por hacer, sobre todo desde la academia y la docencia. Tenemos la responsabilidad de ayudar a las generaciones más jóvenes a entender qué es lo que está en juego, cómo funciona realmente el juego político, cómo actúan los actores y cómo eso impacta directamente en su vida cotidiana, no solo hoy, sino en dos, cinco o diez años.  

Se trata de un trabajo de construcción de ciudadanía: darles herramientas para que puedan informarse mejor, procesar la información con criterio y tomar decisiones más conscientes, sobre todo en un contexto de alta polarización y desinformación.  

Si no lo hacemos, muchos terminarán decidiendo solo con base en una única fuente de información, sin analizar las consecuencias a mediano y largo plazo. Este desafío no es nuevo, pero en el contexto actual se ha vuelto especialmente relevante.

Cada vez hay menos transparencia y más espacios cerrados. Eso, evidentemente, es un diseño institucional deliberado. No es la primera vez que lo vemos en México ni en otros países: gobiernos que buscan concentrar poder tienden a reducir contrapesos y a limitar el acceso a la información para mantenerse más tiempo en el poder.  

Se entienden los incentivos políticos, pero desde la ciudadanía debemos tener mayor conciencia de lo que está ocurriendo.

Le dejo una frase para otra conversación: detrás de todo esto también hay una disputa profunda sobre *qué es la democracia*.

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