Congresistas

Nota de guerra

Ruso Armado

Entre negociaciones, uniones, discordias, votos a favor, votos en contra, en discusiones entre potencias lo fundamental para un mundo global, libre y democrático son inevitables las preguntas de frontera racional para los ciudadanos sobre quiénes y cómo se gobierno no sólo el propio país sino en el mundo.

¿Cómo explicar la invasión de un país por otro calificado de potencia militar y de ese otro que por cierto renunció a las armas nucleares en nombre de su independencia, democracia, identidad y resiste la embestida al alto costo de su destrucción y pérdidas humanas?

Atrás hay una historia a conocer explicar por donde corren dos visiones encontradas con los intereses y vulnerabilidad de los pueblos.

¿Cómo vive el ciudadano común la exhibición de una guerra más, desde alguna latitud de un país de Europa o de América del Sur, del Norte, de Asia, Medio Oriente, África o de Australia, en una experiencia compartida que presagia una tercera guerra mundial?

¿Qué significa ser un país vecino de Rusia o de Estados Unidos o de China?

¿Cómo mirar con indiferencia el tránsito de 3 millones de refugiados de un país europeo, entre ellos niños, mujeres, viejos hacia países vecinos que les ofrecen refugio? ¿Cómo entender la experiencia de las sanciones económicas sobre el pueblo ruso o la reducción a los límites del dolor de los ucranianos?

¿De que países hablamos? ¿Se trata de territorios de destino o de paso o para morir? ¿De que personas hablamos sino de seres que de un tajo han sido despojados de su hogar y las seguridades de un empleo en libertad? ¿Siria, Libia, Afganistán, Congo?

¿Hablamos de militares, de profesionistas, obreros, académicos, investigadores, artistas, constructores, albañiles, abogados, estudiantes que irán a engrosar las estadísticas y los datos de los costos más altos de la guerra?

¿Estamos ante la sombra de la muerte producto de la defensa o del ataque? ¿De que democracia hablamos cuando el eje de la narrativa son los derechos humanos, y la caída de jóvenes casi niños militares fuera de su tierra al margen de la libertad y la paz?

¿Estamos como espectadores de medios, testimoniando continuos bombardeos sobre la población civil?

¿Cómo debemos y podemos hoy empezar a construir el mundo incluyente, democrático, proyecto ambienta y en la frontera de la inteligencia digital?

¿Cómo explicar los videos registrados por distintos medios internacionales mostrando escuelas destruidas a cañonazos y soldados muertos? ¿Maternidades demolidas? ¿Embarazadas trasladadas, ensangrentadas en camillas? ¿Ancianos atendidos por la Cruz Roja internacional a las puertas de edificaciones residenciales derrumbados por misiles dirigidos por láser?

Los sonidos silbantes y tonantes mezclados con gritos y llantos son las expresiones del dolor qué no debemos de olvidar.

La invasión de Ucrania por Rusia que tuvo lugar el 22 de febrero 2022 a unos intensos 30 días, nos anuncia una nueva geografía política económica y abre distintas perspectivas de reflexión que ilustra una esfera mundial partida en dos mitades y que pone en juego el predominio de la dependencia energética del gas en Europa y el riesgo de la producción de cereales, el alza de los metales, el ahogamiento de la metalurgia, el peligro de una hambruna mundial, anunciando de forma paralela una guerra informativa a la que se ven sometidas las naciones en conflicto de estirpe democrática entronizando el miedo.

Se abre también un mundo de oportunidades para entendernos desde nuestras latitudes, próximos y cercanos o distantes de norteamericanos, rusos o de chinos.

Con grietas en el ánimo por el filo de la muerte, los cortes a la energía eléctrica, la escases de agua, la fuga de energía nuclear, las fracturas de puentes, la falta de alimentos, la intensidad del frio o del calor del fuego o de la oscuridad del humo, el incremento de los bombardeos, y la amenaza sobre los corredores humanitarios convertidos en los pasajes del objetivo de la metralla ¡No somos los mismos!

Estamos ante na agitada alfombra diplomática roja, que se desenrolla desde la seguridad de las Organización de las Naciones Unidas, pasa por Bruselas centro de mando de la Unión Europea y aterriza en la resbalosa pista de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) entre la visibilidad de una confrontación de una potencia militar y otra, sin fuerza similar, en la cual niños, mujeres, viejos, hombres son reclutados para la confrontación, y resultan las víctimas de un supuesto orden mundial que hace de los más débiles la presa, de la libertad y de la democracia el centro del relato y de las interrogantes.

Las interrogantes para el ciudadano ordinario se acumulan y surgen como las pistas de la necesidad de la construcción de un nuevo orden que nos coloca en la interrogante de que si es que estamos de cara a una tercera guerra mundial y nuclear de forma simultánea y no reservada exclusivamente a las intervenciones territorial en donde se libra el combate entre dos países sino también entre las participaciones de los intereses de los grandes recursos financieros y armamentos procedentes de otras naciones enarbolando la narrativa de la libertad y de la democracia.

Los sorprendentes desarrollos tecnológicos en materia de la información aparecen como las claves para poder definir el dilema si es que estamos ante una tercera guerra mundial que empieza desde la emisión de nuestro voto, la fontera de nuestra casa, la elección de nuestros gobernantes, pero siempre con factura a cargo de ciudadanos ordinarios.

Estamos en la disyuntiva que presenta ese nuevo mundo que requiere de la inclusón y de la responsabilidad de todos y está poniendo en juego nuestros princpios y la paz.

Salir de la versión móvil