Venezuela no se tutela: la soberanía se defiende desde el pueblo

Autor Congresistas
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Elio Villaseñor

“Nada es tan peligroso como dejar en manos ajenas el destino de una nación.”
José Martí

Una advertencia que no puede ser ignorada

Las recientes declaraciones del presidente Trump sobre la intervención en Venezuela, en las que afirma que habrá un gobierno bajo su tutela hasta que se produzca una supuesta “transición segura”, han encendido una legítima alarma en el país.
No se trata solo de una afirmación política, sino de un mensaje que interpela directamente a la ciudadanía venezolana sobre su rol en la defensa de la riqueza nacional y del rumbo del país.
Estas palabras sugieren la imposición de un gobierno tutelado y la subordinación de Venezuela a intereses externos, particularmente aquellos relacionados con el control y aprovechamiento de sus recursos petroleros.
En los hechos, esta postura reactualiza la Doctrina Monroe, una lógica de dominación que América Latina ha sufrido históricamente y cuyas consecuencias han sido profundamente regresivas para sus pueblos.

La soberanía en riesgo

La advertencia de José Martí cobra hoy una vigencia inquietante: nada es tan peligroso como entregar el destino de una nación a manos ajenas.
En el caso venezolano, esta advertencia se traduce en preguntas ineludibles que la sociedad debe hacerse colectivamente: ¿están dispuestos a aceptar un gobierno bajo tutela extranjera?, ¿permitirán que la principal riqueza del país quede subordinada a intereses corporativos foráneos?
Tras años de abusos, corrupción y autoritarismo bajo el gobierno de Maduro, el pueblo venezolano enfrenta un dilema histórico complejo.
La salida de una crisis interna no puede abrir la puerta a una nueva forma de dependencia externa. Defender la soberanía implica rechazar tanto el autoritarismo interno como cualquier imposición extranjera, sin excepciones ni atajos.

El desafío de reconocernos como sociedad

La lucha que se abrirá en el interior de la sociedad venezolana no será sencilla.
Persisten sectores que continúan apoyando al gobierno de Maduro, mientras otros buscan enfrentar los nuevos desafíos políticos, sociales e institucionales que plantea este escenario.
El mayor riesgo radica en que estas diferencias desemboquen en un enfrentamiento entre venezolanos, debilitando el tejido social y favoreciendo intereses externos que apuestan por la fragmentación para justificar gobiernos tutelares alineados a intereses petroleros ajenos al país.
La historia latinoamericana demuestra que la división interna ha sido, una y otra vez, el terreno más fértil para la intervención extranjera.
Por ello, este momento exige levantar la mirada, actuar con responsabilidad histórica y evitar que el conflicto entre compatriotas se convierta en la excusa perfecta para la pérdida de soberanía.

Reconstruir con soberanía y ciudadanía

La lucha del pueblo venezolano no puede limitarse a resistir un régimen injusto. Debe también proyectarse hacia la construcción de un nuevo orden institucional legítimo, nacido del diálogo social, de acuerdos básicos y del protagonismo ciudadano.
La reconstrucción institucional no será posible sin unidad, sin respeto a la diversidad política y sin un compromiso claro con la soberanía nacional.
En este contexto, los venezolanos están llamados a actuar con dignidad, conciencia e inteligencia colectiva, asumiendo que el futuro del país no puede ser decidido por potencias extranjeras ni por gobiernos impuestos desde afuera.
El verdadero apoyo internacional debe orientarse a fortalecer a la ciudadanía venezolana como sujeto activo de la reconstrucción nacional, capaz de definir sus propias reglas institucionales y el rumbo de una nueva etapa democrática.
Venezuela no necesita tutela.
Necesita ciudadanos comprometidos, instituciones legítimas y un proyecto de país construido desde su gente, con soberanía, justicia y democracia.

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