Congresistas

La traición de Durazo: un documento de 2004

A continuación reproducimos íntegramente una carta escrita el 6 de julio de 2004 por Javier Livas Cantú, empresario, político regiomontano y aspirante a la candidatura presidencial del PAN en 1994, dirigida a Alfonso Durazo tras su renuncia a la Secretaría Particular del presidente Vicente Fox.

La publicación de este documento cobra actualidad ante diversos trascendidos y versiones difundidos recientemente en medios estadounidenses sobre la posible colaboración de Alfonso Durazo con autoridades de aquel país en investigaciones relacionadas con actores políticos mexicanos. Hasta el momento, tales versiones no han sido confirmadas oficialmente.

Más allá de la coyuntura, la carta resulta relevante porque contiene una severa valoración política y personal formulada hace más de dos décadas. En ella, Javier Livas acusa a Durazo de deslealtad, oportunismo político y traición al proyecto de gobierno que decía respaldar. Vista desde el presente, permite conocer cómo algunos actores de la transición democrática percibían entonces el papel desempeñado por quien años después se convertiría en una de las figuras más importantes de Morena.

Se publica íntegramente por su interés histórico y para que cada lector valore por sí mismo la vigencia —o no— de los señalamientos contenidos en ella.


Julio 6 de 2004
Monterrey, NL

A ALFONSO DURAZO:

A quienes lo apoyan, o le quieren creer:

Alfonso:

Tu carta merece un premio al empleado desleal. Regalas a Vicente, como despedida, una carta vil que muestra el abuso desmedido con el que manejaste el trato especial que inmerecidamente recibiste de  él. Pero lo más grave es tu engaño, tu traición.

No te paso tu afrenta y falta total de respeto a Vicente, porque como recordarás, hace un año, me mandaste llamar usando un amigo mutuo, y te reclamé personalmente, enfáticamenete, severamente, la serie de maniobras mediante las cuales te quedaste con el triple puesto de secretario, vocero y jefe de comunicación social de la presidencia y sacaste a Rodolfo Elizondo de Los Pinos. Tu, hábilmente, transferiste la responsabilidad del nombramiento al Presidente y a tu obligación de complacerlo, a tus deseos de servir al proyecto político que dijiste compartir; echaste todo un rollo de tus antecedentes; hablaste de una lealtad que hoy, seguramente ya encauzados tus planes futuros, no tienes empacho en desmentir.

Tu debes recordar perfectamente mis señalamientos y tus respuestas, pero si no, ahí estuvo Alejandro Gurza, en la suite del María Isabel Sheraton, de testigo y mediador entre nosotros. 

Mi preocupación no era otra sino tratar de asegurar el éxito del sexenio, tu lo sabes. Te advertí: “Ya tiraron casi tres años de gobierno. No tenemos tiempo para que dentro de un año resulte con que tu nombramiento no funcionó. Es necesario reconstruír todo el equipo de trabajo en Los Pinos. No va a funcionar que tu absorbas todo eso. Ya se fueron muchos. Etc.” ¿Recuerdas las palabras textuales, y recuerdas tu respuesta? Pediste un tregua, pediste confianza, pediste comprensión, sugeriste recibir asesoría y apoyo. ¿Para qué? ¿Para salir ahora con que desapruebas todo? Odio decir “te lo dije”, pero el hecho es que te repetí una docena de veces: “¡No va a funcionar!” Te señalé que tu triple puesto era totalmente contradictorio: secretario y comunicador. Pero te defendiste como alguien ajeno a la decisión, diciendo que “vengo de quince días de vacaciones con mi hijo”. Además, que tu solo podías con el paquete, que lo demostraste con trabajo. Suponiendo que Vicente estuviera entercado en ponerte en las nubes, era tu obligación hacerle ver el error, lo humanamente imposibe de la tarea encomendada, la propensión al fracaso, tan altísima. Insisté en que tu nombramiento era preocupante, que la disfuncionalidad del equipo presidencial traspasaba las barreras del absurdo y que tu nunca debiste permitirlo. Lo triste del caso es que ni Ramón Muñoz —el otro acaparador de puestos—, ni ninguno de sus colaboradores cercanos tuvo la entereza para prever y tratar de impedir este inevitable desaguizado. Ahora confirmo que lo hiciste por conveniencia propia para fortalecerte y juntar municiones. Ayer tronaste la bomba.

Tu buscaste y ambicionaste el gran superpuesto en un afán desmedido de acaparar todo el poder posible —que automáticamente te traería incontables beneficios—, sin importarte las consecuencias para la buena marcha del proyecto al que decías servir. Durante cuatro años, llenaste la administración pública con tus recomendados, no pocos colosistas. Ahora que te vas dejas, a tus caballitos y yegüitas de Troya sembrados a lo largo y ancho de todo el aparato de gobierno. Abandonas la nave que tú, como nadie, ayudaste a sabotear con tu manso estilo de intriguita palaciega.

Tus diferencias con Vicente son profundas y por lo visto tienen años fraguándose. ¿Por qué esperaste para decírselo en una carta de veinte páginas sabiendo que no tiene paciencia para leerla? ¿Por qué no lo confrontaste en persona, como era tu obligación? ¿Por qué no objetaste cada paso mal dado en su momento? ¿Por respeto? ¿Cuál? Tu largísima carta indica que gozas de diferir deleites y se trasluce tu intención de causarle el mayor daño posible al momento de tu partida.

Quizá habrá quien te crea que tu carta es bien intencionada. Nunca faltan interpretaciones idiotas de lo obvio. Pero a mí no me puedes salir con ese cuento porque  expresaste en el Hotel Maria Isabel, con lágrimas en los ojos, una total devoción por servir una causa. Por esa “actuación”, careces de excusa válida para hacer lo que hiciste; no te lo valgo y no pienso dejar pasar tus absurdas, falsas e hipócritas afirmaciones, ni mucho menos tus diagnósticos simplistas y veladas imputaciones. Por lo visto, lo que aprendiste como jefe de comunicación social es a sembrar frases en boca de otros para hacer chismes grandes y tener “denegación plausible” o el clásico “Yo no dije ESO.” Pues yo si digo y afirmo: 

1. TU NOMBRAMIENTO. Tu no merecías ningún puesto y fue una tontera de quien te sugirió inicialmente. Tu jamás luchaste por la democracia, tu vienes de servir abnegadamente durante años a los que se robaban los votos descaradamente, a los autores del fraude electoral “patriótico” y de robarse el dinero discrecional de la presidencia; los que jamás reconocieron sus fechorías y fueron vestidos de santos cuando los alcanzó la tragedia. ¿Te queda claro? Vicente generosamente te dió poder para simbolizar un borrón y cuenta para compartir el impulso al cambio. Y tu abusaste ese poder para abrirle la puerta de Los Pinos e invitar públicamente a Madrazo a co-gobernar. Esta “jugada” que tu promoviste, solo ha servido para estorbar la aprobación de los proyectos prioritarios.

2. TU ESTILO. Tu estilo es de inocente palomita. Para poder invocar el beneficio de la duda tu atribuyes a una generalidad anónima lo que no te atreves a sostener directamente. Tu carta está plagada de frases como “revertir la percepción”, “agotamiento colectivo” “se percibe” “la idea cada vez más generalizada”, “no todos creen que” etc. Por ejemplo, dices “no comparto una visión apocalíptica del presente” implicando que otros la tienen, pero tú no. Pues entonces no lo digas. Con insidia, demuestras temor a tomar responsabilidad de lo que no te atreves a afirmar como propio. “Incertidumbre ante el futuro es hoy sentir ciudadano” es otra frase que siembras que no creo que seas tan ingenuo a estas alturas de tu experiencia para no saber que los comentaristas políticos y los editorialistas van a traducirlo como si lo hubieras dicho directamente.

3. TUS CONSEJOS. Tu diagnóstico sobre la sucesión y tus consejos al presidente están totalmente equivocados en sus premisas y son contraproducentes en su supuesta intención. En cualquier democracia el presidente tiene todo el derecho de hacer un gobierno exitoso para que, dentro de la legalidad, su partido o su proyecto político continúen en el poder, algo que se decide en el proceso democrático de los partidos y las elecciones. El árbitro de las elecciones en este país no es el presidente sino el IFE, y bastante trabajo nos costó que exista y ya dio muestras sobradas de su independiencia e imparcialidad. Tu no lo ves porque no te fregaste para que tuviéramos elecciones confiables. Con tu postura absurda del “presidente como árbitro” pones la mesa servida a los argumentos falaces que el PRI y el PRD mañosamente esgrimen. Paradójicamente, condenas las prácticas políticas pasadas diseminando chismes, sabiendo que serán repetidos hasta el cansancio y servirán para fastidiar únicamente a quien dices querer aconsejar.

4. TU ATAQUE A LA SEñORA MARTA. Con tu carta querías anular a Marta. Primero quieres sacarla totalmente de la jugada. Al final haces propuesta la Presidente. Si pegaba, te hubieras consagrado como el gran maestro de la intriga. El caso es que la señora tiene prensa porque es un fenómeno mediático explicable, dada la situación desventajosa de la mujer mexicana en general. No importa si la señora Fox dice que quiere o no quiere ser candidata, de todas maneras no le creerían. Tu ibas por todo, pero te pregunto: ¿para qué descalificarla de una contienda en que ella es inevitablemente una posibilidad? Jurídicamente, como cualquier mexicana, ella tiene un derecho teórico a ser candidata, no por ser la esposa, sino a pesar de ser la esposa del Presidente. El tema de Marta lo tocamos en esa reunión de hace un año y no objetaste nada. Ella, eventualmente tendría que pasar los filtros de su partido, de los debates, de las convenciones, etc. Si conocieras bien al PAN, sabrías que sus posibilidades son distantes. ¿Entonces para que hacer girar tu carta en torno a Marta?

5. LA AMENAZA DE VIOLENCIA. El otro tema que utilizas es la amenaza de violencia, al estilo Marcelo Ebrard. La señora Marta te sirve de excusa para sacar la violencia, el desorden generalizado, como un riesgo. Debes reconocer que es un típico argumento priísta de toda la vida, usar el miedo. Tu carta Alfonso, al prevenir al Presidente de que “…podemos llegar sumamente descompuestos al 2006. El país no lo merece.“ te delata. Tu señalas a la señora Marta como un factor de profunda discordia e irritación, para darle sustento a la amenaza de violencia y facilitar que el PRI regrese. Por eso la relacionas a ella con el que “los niveles de confrontación política pueden rebasar nuestra capacidad de para procesarlos institucionalmente”. Muy elegante, pero falaz. Previenes que “lo de que las elecciones (que) no se resuelven en las urnas, se van a resolver en las calles”. ¿A quién quieres asustar? Al público, porque Vicente no funciona por amenazas. Culpas a Vicente de ser permisivo con la señora Marta. Pero lo cierto es que si así fuera, Vicente no te hubiera nombrado a tí, porque ella sí percibió desde hace muchísimo tiempo, tu estilo de operar.

5. TU RENUNCIA.– El final de tu “renuncia” pides comprensión para un Congreso que no funciona, solicitando más paciencia política con los que tienen al país detenido. Bonito plan que agotaría lo poco que queda de sexenio. Ahora tus consejos se convirtieron en tu excusa.  Mejor te sales para reubicarte y servir a los intereses que pretenden el retroceso, que añoran el estilo autoritario del PRI. Tu vocación y tu forma de actuar ha sido de acuerdo a lo que aprendiste en el PRI. Tu estás sirviendo a los que con una mano barbean a Vicente y con la otra le entierran el puñal. Tu les sirves a los enemigos del cambio y pasas a la historia culminando con una traición disfrazada de consejo. 

Todas tus frases están revestidas de una añoranza por el pasado. Si lo encuentras, tendrás el éxito asegurado, pero no te deseo suerte.

Atentamente,

Javier Livas

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