Redefinir el consumo de carne roja
El complejo histórico-social de riqueza

Autor Congresistas
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Oscar Negrete Reveles

Valoren que comen carne roja diario, que no todo el mundo puede hacerlo

Es momento de repensar las ideas de nuestro modelo económico y social que son contraproducentes. Al hacerlo, nos daremos cuenta de que, derivado de la cultura popular, muchos de los conceptos que consideramos vigentes y benéficos, en realidad no lo son.

Uno de esos conceptos de cultura popular es la idea de consumir carne roja. ¿Qué alimentos debe haber en un banquete que ofrece un hombre pudiente? Siempre carne.

Otro de esos conceptos es el del poderoso y próspero ranchero, –que se percibe como un ejemplo de trabajo duro–, viviendo en la naturaleza y cuidando de su ganado hasta que es hora de venderlo para su posterior sacrificio y consumo humano.

Más allá de la cultura popular, estas ideas arquetípicas deben cambiar, porque la ganadería es una industria cruel para la dignidad animal y perjudicial para la salud humana y el medio ambiente.

En México, la carne roja está asociada colectivamente con dos ideas. La primera es que las personas que comen carne roja tienen una mejor posición económica y social. La segunda es que la carne roja tiene diversos nutrientes y proteínas que son benéficas para el ser humano.

La primera idea viene de nuestra historia. Los pueblos prehispánicos no tenían técnicas de ganadería ni de agricultura como las que tenían los europeos. Durante el Virreinato, los españoles enseñaron a los indígenas y mestizos las formas de producción de consumo animal, aunque, precisamente, el consumo de carne roja estaba reservado en gran medida a los más pudientes, que eran aquellos que podían pagar por todo el ciclo de producción y consumo de la carne roja: desde la crianza hasta el sacrificio y la preparación para consumo humano. Así, desde el Virreinato, el consumo de carne roja era, en el imaginario colectivo, propio de eventos especiales, fiestas patronales y señores importantes.

Tan es así, que en México aún existe la frase de “matar al puerco/becerro” para celebrar una ocasión importante.

Sumado a lo anterior, con las revoluciones industriales y la producción capitalista, las granjas o ranchos de pequeños productores para autoconsumo, fueron adquiridas masivamente por empresas de producción masiva de alimentos. La consecuencia fue que un número mayor de gente podía acceder a la carne roja al ser producida en cantidades industriales, lo cual se percibió como un factor de desarrollo que traía el beneficio de mejorar la nutrición general.

No obstante, por lo que hace a la segunda idea, ese aparente beneficio se mantuvo como un concepto generalizado, ocultando el detrimento general que el consumo de carne roja tiene para el ser humano y para el ecosistema. Muchas personas ignoran o menosprecian este peligro, porque su única interacción con la carne roja es al momento de comprarla en el mercado o al consumirla en un restaurante. Quiero creer que, si más personas estuvieran al tanto de los factores negativos que la carne roja tiene para nuestra existencia, dejarían de consumirla o reducirían su consumo al mínimo.

La crueldad

La crueldad con la que se le trata al ganado es el epítome de la bajeza humana. A cambio de dinero, hemos sido capaces de las peores conductas y la industria de la carne roja no es la excepción. Desde su nacimiento hasta su sacrificio, el ganado es objeto de abusos y violencia que son indescriptibles. Para evitar el detalle en la lectura e invitar al detalle en video, recomiendo ampliamente el documental ¨meet your meat¨ de PETA, que puede encontrarse en YouTube. El proceso ganadero solo nos recuerda la maldad y la crueldad que fomentamos al comprar carne roja y, con ello, que la maldad con la que somos capaces de tratar a los animales se replica también en la maldad con la que interactuamos socialmente. Obsérvense los niveles de violencia que sufre México hoy, en 2022.

La salud humana

El consumo de carne roja puede causar problemas cardiacos, accidentes cerebrovasculares algunos tipos de cáncer, diabetes y el sufrimiento humano, familiar y costo médico y social asociados. Si no conocemos lo doloroso, costoso e impresionante que es padecer estas enfermedades, tenemos que informarnos con nuestro médico de cuidados primarios para evitarlas.

El consumo de carne no es para personas pudientes, es un resabio histórico que hemos mantenido en el imaginario colectivo de que es bueno para la nutrición humana y reflejo de una sólida posición económica.

La viabilidad de vida para las próximas generaciones

La producción de carne roja consume gigantes cantidades de agua. Hoy consumimos más agua de la que se puede regenerar con los ciclos naturales y la purificación. No pasará mucho tiempo antes de que la disponibilidad de agua se vuelva un problema social mayúsculo, aumentando su costo de transporte, purificación y el descontento por la falta de disponibilidad.

La producción ganadera genera enormes cantidades de carbono y otros gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global. De igual forma, esta industria tan poderosa económicamente, realiza acciones de lobbying legislativo, para seguir adquiriendo terrenos y cambiando los ecosistemas y suelos naturales por suelos para la crianza de ganado. Cuando consumimos carne roja, les damos más poder económico para seguir destruyendo nuestras comunidades a cambio de dinero. Pensemos, ¿por qué son tan caras las propiedades y los terrenos? Cada vez hay menor disponibilidad de espacios vitales para comunidades humanas o estas son reducidas a torres y torres de departamentos. Una de las razones es que los espacios abiertos de grandes extensiones están reservados y comprados para la ganadería.

Necesitamos que el poder legislativo sea punta de lanza para responsabilizarse por este problema y crear leyes mejor planificadas para una vida sostenible en el largo plazo. No hemos tenido iniciativas relevantes del Poder Ejecutivo en esta administración. Por ello, urge que sean los legisladores quienes retomen esta discusión en sus agendas. Este problema no podemos ignorarlo, ya lo están enfrentando en otros países del mundo.

¿Cuál es la política pública, leyes y autoridades que en México están implementado y dando seguimiento a nuestros hábitos alimenticios?

¿Qué autoridades dan seguimiento a la regulación de los procesos industriales de producción ganadera?

¿Por qué no hay acciones legislativas para reducir el consumo de carne roja ante estos hechos científicos?

¿Por qué no se educa a la población en los daños individuales y colectivos que produce la carne roja?

¿Cuándo se nos quitará el complejo de que comer carne roja es algo bueno, nutritivo que refleja estatus y poder económico y social?

Tenemos que cambiar esquemas y arquetipos, hacia una sociedad más sana, menos violenta y mejor informada y educada en nutrición y educación ambiental. Esto debe incluirse en todos los años de educación básica y media superior.

Mens sana in corpore sano.

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