Desapariciones en México. El talón de Aquiles para perder votos.

Autor Congresistas
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Mesa de redacción

Sin mayor preámbulo introductorio, uno de los temas que marcan la agenda nacional hoy es el de las desapariciones en México. El asunto no es novedoso, pero ha explotado fuera de toda proporción por la reacción ácida y a la defensiva que con tanta intensidad el gobierno mexicano ha tenido. Parece que este tema tocó uno de los nervios más sensibles de la columna vertebral del “gobierno” mexicano. Lo de gobierno es un decir, porque es una medio administración que no ha sabido conectar con la sociedad civil ni la ha sabido informar de su trabajo (más allá de decir que supuestamente saben contener a Trump).

La única conexión que tiene el gobierno (sic), con la sociedad civil es el interés y el miedo que rodea a las pensiones, becas y demás dádivas. El interés de recibirlas y el miedo de perderlas “si no gana morena”. Más allá de ese efectivo medio de coacción, la sociedad civil no recibe del gobierno atención, información ni rutas de gestión de sus propios derechos. 

En fin, las desapariciones han sido el dolor de muelas que resuena y retiembla más que la tierra en el himno nacional. La razón es simple: el discurso de morena, revestido de colores de revolución cubana, rebeldía e izquierda idealista, ha usado la herramienta de las desapariciones como una acusación contra regímenes de derecha, de acuerdo con la trágica historia latinoamericana del siglo 20.

Les dictaduras militares argentina, brasileña y chilena, entre otras, son lúgubremente famosas por las historias que los gobiernos militares de extrema derecha perpetraron contra sus propias poblaciones, en tiempos en los que el disenso político no se permitía. Allá de vez en cuando había alguna canción de protesta social disfrazada, como las de Chico Buarque en Brasil. Pero en nuestro país, los números sudamericanos palidecen.

En México, el discurso oficialista utilizó esos precedentes como un estandarte de la pureza del predecesor de la presidenta. Ese discurso subrayaba que en México no había desapariciones, porque estas eran un fenómeno de gobiernos opresores, y morena no se podría permitir que la gente interpretara sus gobiernos como algo similar a los gobiernos de sus enemigos de ultraderecha. Vamos, lo de las desapariciones ha sido tan sensible que ahí están las expresiones populares en la canción famosa del mismo nombre, que cantaba Rubén Blades y que después medio revivió Maná.

Las autoridades mexicanas están desesperadas por desvirtuar la realidad de las desapariciones en México porque los números son estratosféricos. Las desapariciones en México exceden proporcionalmente a las mencionadas de Argentina, Brasil y Chile. Es decir, en México el desmadre es de tales dimensiones, que le sale más barato al “gobierno” tratar de combatir las opiniones del disenso que tratar de combatir las desapariciones, que no puede parar, ya que gran parte del país está en control del crimen organizado, como consecuencia de aquello de los abrazos.

Pues esa es la bajeza que nos toca vivir. Quién sabe cuánto tiempo siga funcionando aquello otro de culpar de todo a Calderón. Ya de plano que se sigan con Hernán Cortés, que para generar odio y resentimiento la maquinaria oficial se pinta sola. Francamente el pueblo aceptará seguir culpando a Calderón de todo, siempre y cuando sigan cayendo pensiones y becas. El asunto es que ya casi no hay dinero. A ver quién será el culpable de eso. Y a ver de dónde sacan el dinero.

Por cierto…

La muchacha que salió a enseñar las piernas en una ventana de Palacio Nacional, abogada de la Escuela Libre de Derecho, con sueldazo y relaciones familiares que sin duda abren puertas, tuvo que renunciar a su trabajo. Seguro al pueblo no le habría gustado la afrenta fifí de seguirla privilegiando con un gran puesto, un gran sueldo y una creencia personal de que el respeto y las normas de civilidad no aplican a todos por igual. Y, a todo esto: ¿Qué hace en verdad una Directora General de Coordinación en un ministerio de estado? ¿Qué los asesores y directores no saben lo que tienen que hacer y cuándo? En fin, nada técnico, pues. Cayó en sacrificio y habrá (tal vez) aprendido una valiosa lección: Hasta en el privilegio hay grados.

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