Congresistas

Ni triunfalismo ni división: el verdadero reto democrático de México

“La participación ciudadana es la mejor garantía de la democracia.”

— José Woldenberg

En los últimos días, la agenda pública se ha visto marcada por acontecimientos de alto impacto: el golpe al Cártel Jalisco Nueva Generación, tras la captura y muerte de su líder, y el anuncio de una propuesta de reforma electoral.

Los hechos colocan al país frente a dos narrativas simultáneas. Por un lado, el mensaje gubernamental que busca transmitir control y estabilidad; por otro, un debate político que genera posturas encontradas y abre nuevas tensiones. Seguridad y reglas democráticas están hoy en el centro de la discusión nacional.

Sin embargo, más allá del impacto inmediato, el fondo sigue siendo el mismo: la democracia no se fortalece con triunfalismos ni se consolida desde la división.

Se construye.

Los problemas estructurales del país —corrupción, impunidad, desigualdad y desconfianza institucional— no se resuelven con declaraciones optimistas ni con anuncios espectaculares.

Se enfrentan con políticas públicas consistentes, instituciones sólidas y ciudadanía activa.

Según Transparency International, México ocupa el lugar 141 de 182 países en el Índice de Percepción de la Corrupción 2025.

El Human Rights Watch advierte sobre los altos niveles de impunidad en su Informe Mundial 2025.

Y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), a través de la ENSU 2025, señala que 63.8% de los adultos se sienten inseguros en su ciudad.

Los datos muestran una realidad que no puede maquillarse.

La captura de un líder criminal es relevante. La presentación de una reforma política sin consenso amplio también lo es, pues modificar las reglas democráticas requiere deliberación y acuerdos, no imposiciones.

Pero ningún hecho aislado sustituye el trabajo constante que demanda una democracia sólida y participativa.

Como recuerda José Woldenberg, la participación ciudadana es la mejor garantía de la democracia. No basta con confiar; es necesario involucrarse. No basta con esperar; es indispensable exigir y proponer.

La democracia no es promesa ni consigna.

No es espectáculo ni narrativa.

Es compromiso cotidiano.

Ni triunfalismo que adormezca.

Ni división que fracture.

Lo que México necesita es diálogo, corresponsabilidad y participación informada.

Porque el futuro no se decreta.

Se construye.

Y comienza cuando entendemos que la democracia no es un regalo del poder, sino una responsabilidad compartida.

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