Por el rescate de nuestra soberanía desde los territorios del país

Autor Congresistas
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Elio Villaseñor

No hay mayor amenaza para la soberanía de un Estado
que la pérdida del control sobre su propio territorio

Max Weber

El problema de los cárteles no se limita únicamente al tráfico de drogas. Su influencia se ha expandido a la extorsión, el secuestro, la trata de personas y el dominio de territorios donde imponen su propia ley.

En muchas regiones del país, estos grupos no solo desafían al Estado, sino que lo sustituyen, controlando tanto el comercio como a diversas autoridades locales, lo que les permite manejar los recursos públicos a su conveniencia.

A menudo, el discurso oficial presenta a los cárteles como meros grupos criminales, centrándose en sus enfrentamientos y detenciones, pero omitiendo un aspecto fundamental: en muchos lugares, son los verdaderos dueños del territorio. “El crimen organizado prospera donde el Estado fracasa,” advierte Moisés Naím, y en México, esa realidad se manifiesta en regiones donde la autoridad legítima ha sido desplazada o cooptada.

Soberanía en disputa: el enemigo dentro

Hoy, se habla de la soberanía nacional ante las amenazas externas, especialmente las declaraciones de Donald Trump sobre una posible intervención en México. Sin embargo, poco se menciona sobre la pérdida de soberanía interna, aquella que ocurre cuando los cárteles ejercen más poder que las propias instituciones en amplias zonas del país.

Los recientes operativos de seguridad, que han llevado a la captura de líderes criminales y al decomiso de laboratorios de drogas, son una señal positiva.

No obstante, si estas acciones no van acompañadas de una estrategia integral que desmantele las estructuras económicas, las redes de complicidad y la corrupción dentro del propio aparato estatal, todo quedará en simples gestos simbólicos.

Como advierte el experto en seguridad Edgardo Buscaglia: “Los operativos sin una estrategia de combate a la corrupción solo atacan los síntomas, no la enfermedad.”

La impunidad como combustible del crimen

El problema no es solo el poder de los cárteles, sino la impunidad que les permite operar con tanta libertad.

México enfrenta el desafío de desmantelar esta red de complicidades, donde criminales y funcionarios corruptos convergen en un sistema que protege sus intereses mutuos.

El gran reto es recuperar el control del territorio y garantizar que el Estado sea el único que imponga la ley.

Si queremos hablar de soberanía, primero debemos asegurarnos de que en México no existan zonas donde el poder del crimen organizado reemplace al del gobierno legítimo.

Más allá del discurso: la soberanía como acción

En lugar de preocuparnos por cómo nos perciben en el extranjero, debemos asumir nuestra responsabilidad interna: fortalecer el Estado de derecho, garantizar la transparencia y erradicar la impunidad sin importar quién esté involucrado.

México no puede presentarse ante el mundo como un país sometido por el crimen, sino como una nación que enfrenta su realidad con determinación y firmeza.

Es momento de demostrar que aquí se hace valer la ley, que la rendición de cuentas es un principio inquebrantable y que el crimen organizado no tiene cabida en nuestro futuro.

La verdadera soberanía no se defiende con discursos, sino con acciones que devuelvan a los ciudadanos la seguridad y el control sobre sus territorios.

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