En las charlas de café y conversaciones informales de nuestra clase media, -que sostiene la economía-, abundan las reflexiones acerca de cómo es que siendo México un país con recursos naturales y socio de la mayor economía del mundo, no puede salir de la pobreza, la violencia y el atraso.
Entonces nos preguntamos: ¿por qué? Ya no nos preguntamos lo que hay que hacer, porque se ha intentado de todo. Mejor nos preguntamos: ¿por qué nada funciona?
Lo social
México es un país profundamente dividido en su composición social. Existen fenómenos que desde el Virreinato nos han tratado de amalgamar, como la Virgen de Guadalupe, pero lo cierto es que, la sociedad de castas y la nobleza virreinal dejaron una herida contundente en el tejido social mexicano. La educación estuvo más enfocada a lo religioso que a lo científico y tanto la educación real como las concesiones sobre los recursos productivos siempre se han mantenido en manos de la oligarquía mexicana. El resentimiento social y la envidia generados por esa segregación no oficial -pero muy real- de las oportunidades, fue el caldo de cultivo perfecto para que llegara el partido morena al poder. El PRI cimentó las posiciones oligárquicas a cambio de estabilidad social y ninguna administración anterior a morena atinó a invertir en la educación y las oportunidades para los estudiantes y trabajadores mexicanos. La estrategia de los gobiernos para lograr la aceptación social-ideológica de la situación de la gente se enfocó en el fútbol soccer y la religión.
Lo racial.
Con amplia cercanía a lo social, vino lo racial. En México sigue una lucha tácita y una inquietud sobre nuestra estructura racial, identidad nacional y fenotipo. Mucho de ello parte de un mestizaje inacabado y de una sociedad de castas.
El partido morena se ha ocupado de arengar el odio a todo lo que no es indígena. Ha basado una narrativa de odio ante lo europeo, ignorando que México es un país mestizo, tan europeo como indígena, ya que el español, nuestra lengua, es una lengua europea y la espiritualidad mexicana, guadalupana y católica en amplia medida, vinieron también de Europa y hoy son parte de la mexicanidad. Lo cierto, por incómodo que sea, es que la tez entre más morena se identifica con más pobreza, y la tez más blanca se identifica con privilegio. No hemos sabido educarnos a nosotros mismos para dejar atrás esas diferencias que tanto criticamos en los EEUU como racismo, pero que aquí mismo en México ponemos en práctica todos los días. Es otra vez el resentimiento, la envidia y la venganza que corren en la vena nacional. Víctima de ello fue Paulina Peña, hija del ex presidente EPN. Paulina tiene una presencia muy elegante y distinguida y, cada vez que emitía alguna opinión controversial en redes sociales, le caían comentarios de odio cercanos al linchamiento. No obstante, Andy, Bobby y el otro hijo de AMLO que vive en Houston, Texas, pueden darse a sí mismos lujos y excesos que Paulina nunca tuvo, y ellos salen perdonados por el pueblo.
La conclusión: El pueblo resiente más que alguien con una presencia más distinguida o tez más blanca cometa excesos, porque no la percibían como suya ni se identificaban con ella. Parece que el perdón y la inmunidad que los votantes le dan a Andy y compañía a pesar de los escándalos, se basa más en que lo perciben como uno de los suyos y no un extraño o un noble distinto del pueblo, ya que la presencia de Andy, descuidada, maltrecha e informal, es muy distinta de la de Paulina Peña, mucho más refinada y sofisticada.
Lo económico.
Consecuencia de lo social y lo racial, nuestra economía padece la lentitud derivada de la falta de iniciativa que viene por un pueblo educado más en la superstición que en la ciencia. Increíble que los santeros cubanos y brujos en México tengan mejores niveles de vida e ingresos en nuestro país que profesionistas educados. Nos faltan emprendedores porque no tenemos educación para crear empresas, sino que socialmente estamos educados a no arriesgar y a ir a la segura.
Es irónico que siendo vecinos de los EEUU no tengamos un país más próspero y menos violento. Es increíble que no tengamos una economía más integrada con EEUU y que nuestro argumento económico principal sea la exportación de materia prima, la maquila y la migración de ilegales. Pero ocupamos más tiempo en jodernos entre nosotros, morenos vs blancos, ricos vs pobres, en vez de enfocarnos en dar solución a nuestros problemas, que todos son de largo plazo. Para el gobierno la estructura social funciona: que los electores pobres sigan votando por el oficialismo con base en los sentimientos de odio y venganza. Ahí está la base de la victoria electoral. La oposición, por su lado, no tiene oportunidad de ganarle a morena, ya que la mayoría de los proyectos opositores está basada en nichos de poder de los dueños de los partidos, pequeños cacicazgos que mantienen privilegios de grupo, y eso es suficiente para mantener sus estructuras de ingresos y privilegios y esa percepción es transparente como el agua: No entienden que no entienden, y no le van a poder ganar a morena.
