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No existen políticas públicas a favor del respeto y cuidado a los animales

Políticas públicas a favor del respeto y cuidado a los animales

Muy a pesar de que se hayan creado cuerpos de leyes y ordenamientos para la defensa de los animales, resulta frecuente que nos encontremos con animales abandonados a su suerte, atropellados y lastimados, incluso torturados, mutilados o asesinados de la forma más cruel. Los vemos atados a las defensas de los coches, arrastrados por los autos, abandonados en avenidas intensamente transitadas, incluso en carreteras.

Pareciera que no bastan las legislaciones y el conjunto de reglamentos, los castigos, las sanciones, las multas, los grupos en su defensa, para concluir preguntándonos qué es lo que hemos estado haciendo mal, qué nos falta por hacer, a qué figuras jurídicas recurrir, qué políticas públicas impulsar y cómo unirnos y organizarnos en favor de los animales que no paran de ser víctimas de la crueldad humana.

Hay avances en materia legislativa, pero qué pasa con las políticas públicas a favor del respeto y cuidado a los animales, cuál ha sido la conducta social hacia ellos, permanecemos con la misma visión de que podemos hacer con ellos lo que nos venga en gana, olvidarnos de nuestras obligaciones. Carecemos de la visión de sus necesidades, de que sufren, de que se duelen, de que experimentan emociones igual que nosotros, nos faltan elementos para llegar a entender que estamos ante seres vivos, sintientes y dependientes o en estrecha relación con la especie humana.

Reflexionar sobre las razones que hay detrás del maltrato animal, habrá sido insuficiente para promover una cultura a favor de los animales, para fomentar su respeto y comprensión de que se trata de seres que sienten, se duelen y son víctimas de la crueldad humana. Las preguntas resultan recurrentes y hasta necesarias frente a un escenario político en el que la reelección legislativa es una posibilidad y en el contexto en que muchos legisladores han contraído compromiso con la cultura de reconocimiento de los animales.

Si es que se requiere intensificar el combate animal con legislaciones o con el diseño de políticas públicas que signifiquen un mayor respeto hacia ellos, habrá que intentarlo, pero además con otros enfoques que involucre en mayor número a las personas y familias, con reglas más firmes para su venta y crianza, acompañadas de políticas de adopción responsable. Hay legisladores que se han empeñado en endurecer las penas que va de meses hasta años de cárcel, en construir un tejido de protección e intermediación con la autoridad en redes, pero hay algo que hacer con más intensidad.

Habrá que reconocer cuáles son las políticas a favor de los animales que se han puesto en marcha en las delegaciones, habrá que seguirlas y vigilar las formas de cómo se cumplen o de qué forma podemos hacerlas cumplir o a que instancias se puede recurrir a favor del socorro animal y tener muy claro que estos tienen derechos y nosotros somos los responsables de actuar en su defensa para convertirnos más que en su voz.

Tenemos que reflexionar en ese algo que no hemos hecho bien o lo hemos dejado a la mitad o ni siquiera lo hemos iniciado, alguien no ha cumplido con la tarea, mientras los animalitos sufren, padecen del desamor, del abandono, siempre buscando con la mirada la forma de compensar ese olvido, cuidar las heridas, aliviar el hambre, atenuar el frío, buscar el abrigo y conmover el encuentro para conseguir el rescate, qué es lo qué hemos estado haciendo mal o de forma incompleta, lo que ha dejado de estrujar nuestro corazón, oprimirlo en la garra de un animalito.

Me pregunto si nos ha sido posible construir a la par de una cadena de leyes, de intereses de poder, de escalones legislativos y de negocios, de esa cadena de amor que conjugue la presencia de familias, niños, amantes de los animales, abogados, veterinarios, especialistas pendientes de su defensa y cuidado. Tenemos conciencia de que se trata de un compromiso asumido de toda la vida y que requiere de toda la cooperación para que no se escape ni del corazón ni por los huecos de los bolsillos ese lazo de amistad y comprensión entre dos amigos y compañeros.

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