Después del 8 de marzo, ¿qué sigue para las mujeres?

Autor Congresistas
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Oscar Negrete

Para México está claro el camino. Podemos ligar en materia de igualdad de género, la cercanía del 8 de marzo, día en que conmemoramos a la mujer internacionalmente, con las próximas elecciones presidenciales, donde las dos principales candidatas en la contienda son mujeres.

La ruta es clara y, es posible que, al tener una presidenta, nuestra sociedad gane momentum para ser líder en igualdad y equidad en políticas públicas de género y con perspectiva de género.

Por primera vez en México, tendremos una presidenta. Eso es un hecho, ya que la candidatura de Álvarez Máynez es una broma involuntaria.

Derivado de esta situación, la mesa jurídica, social y política está puesta para lograr esa equidad a la que hemos aspirado, tomando en cuenta la siguiente –para llamarle coloquialmente- lista de pendientes:

La educación en casa y la formación básica y media superior

El estado mexicano deberá enfatizar la educación cívica y de convivencia social de los alumnos, combatiendo fanatismos, ignorancia, machismo y misoginia; procurando en todo lo posible educar un número igual de hombres y mujeres en las escuelas, poniendo especial énfasis en prevenir y evitar el bullying y otras formas de maltrato. Asimismo, es de trascendental importancia enseñar a los educandos que no existen “roles tradicionales” ni “funciones tradicionales” para hombres y para mujeres. Debe enseñarse que, la educación debe impartirse y ganarse a base de un esfuerzo académico e intelectual igualitario y, que las oportunidades de acceso a mejores empleos y grados superiores de estudio, deben ser en igual número para hombres y para mujeres, siempre y cuando cuenten con los promedios, calificaciones y méritos suficientes.

Las formas de convivencia personal y familiar.

En el decurso de la existencia humana, lo único constante es el cambio. La sociedad hoy se encuentra transitando hacia un cambio de paradigmas, incluyendo las formas de convivencia personal y los núcleos familiares. La ley no está para decirle a la gente como se integra o se forma una familia, la ley está para proteger a las familias que las personas formen para sí. En ese sentido, es muy importante enseñar a las mujeres que no están sujetas de ninguna forma a ningún rol o camino tradicional. Ellas tienen todo el derecho a decidir si optan por la maternidad, la no maternidad, por sus carreras profesionales, etcétera. En los países desarrollados, las mujeres cada vez tienen menos hijos porque pueden tener acceso a una mejor educación y mejores oportunidades de empleo y desarrollo profesional. Tienen una vida libre y plena, sin ideologías religiosas ni presión machista que aplasten sus deseos personales. No dependen ni tienen que depender de nadie. No hay una sociedad que las coaccione para ser madres o esposas.

Este es un ejemplo que debemos seguir por ser deseable para cualquier mujer: la libertad de elegir en todos los aspectos de su vida. En generaciones anteriores, las mujeres tenían que soportar las decisiones de sus esposos y no tenían más remedio que dedicarse al cuidado de sus hijos. Hoy, por suerte, las mujeres son y deben seguir siendo libres en las elecciones personales y profesionales, de manera que estén en paridad de circunstancias con los hombres para estudiar, viajar, conocer el mundo, divertirse y aportar a la sociedad con su trabajo, su esfuerzo y su cultura.

Los puestos de trabajo.

Para el estado mexicano es muy evidente que, al contar con hombres y mujeres profesionistas, debe procurarse la igualdad de género como prioridad en las contrataciones de servidores públicos y, ese ejemplo, debe replicarse en las candidaturas a todos los puestos de elección popular, la formación de jueces y demás servidores públicos del poder judicial, el servicio exterior mexicano, los deportistas que reciban dietas o emolumentos del erario y las rectorías y plazas de profesorado en las universidades públicas.

El sector privado debe procurar hacer lo mismo, es decir, buscar la paridad de género en todo el personal y, más importante aún, en todos los niveles y jerarquías, para fomentar la igualdad laboral y la movilidad social con base en la sana competencia y la igualdad en el acceso a las oportunidades.

De la igualdad de género nos beneficiamos todos, reduciremos los compadrazgos y los grupos de poder basados en masculinidad tóxica y el machismo. Mejoraremos la formación de cuadros de profesionistas y reduciremos los estereotipos y las imposiciones de roles sociales, quitando cargas de presión social e ideológica para que las mujeres “se dediquen a sus hijos” y que, en efecto, se dediquen a lo que mejor les plazca, tal como han hecho sus contrapartes masculinas históricamente.

Esperemos que la próxima presidenta de México no olvide que todos los días celebramos con respeto a las mujeres y, que tiene la oportunidad de formar un gabinete presidencial en el que exista paridad absoluta de género. Ese es el camino que necesitamos recorrer. Estamos cerca y podemos hacerlo.

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