Convocatoria a todos y todas

Autor Congresistas
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Entrevista: Amanda Pérez Bolaños
Directora General de Comunicación Social de la Suprema Corte de Justicia de la Nación

Claudia Vades y Javier Ramos:
Hemos decidido hacer una serie de entrevistas buscando entender qué significa hoy la comunicación social sobre todo desde el Poder Judicial en su nueva época. No hablamos de la comunicación tradicional, sino de la democrática, una mesa en la que se equilibran todos los derechos; ante un nuevo régimen. Entre papeles el instrumental jurídico: una nueva constitucionalidad, la ley de amparo, controversia constitucional, acción de constitucionalidad, etc. En ese contexto, la reflexión va en el sentido de cómo se construye una nueva conversación al respecto de la justicia, los contrapesos. Nos adentramos en los cambios de una nueva legislación judicial surgida del voto popular ¿Cómo se van entretejiendo las aspiraciones de justicia que están al rose de la mano, ¿cómo se traza el derecho y los derechos humanos que hacen la esencia de la conversación sobre una nueva guía de gobierno? Desde la sustancia y del entusiasmo se presenta Amanda Pérez Bolaños, Internacionalista, directora general de Comunicación Social.

Amanda Pérez:
Me presento: soy Amanda Pérez, directora general de Comunicación Social de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

La verdad es que nos enfrentamos a un gran reto y a una enorme responsabilidad, que me llena de satisfacción. Los ejes que rigen la comunicación social no cambian: la información debe ser clara, oportuna, útil y accesible. Lo que sí está cambiando es la misión y visión de esta nueva integración de la Suprema Corte.

Javier: Libera la reflexión.

En el ambiente se filtra la inquietud ciudadana del acceso a la justicia, su calidad, la transparencia, la aspiración a alcanzarla, la vieja demanda de los tiempos.

Amanda:
Tengo la instrucción directa del ministro presidente de hacer lo más accesibles posible todos los contenidos que emanan de esta Dirección General. Estamos identificando nuevas audiencias y buscando nuevas formas de comunicarnos con ellas, sin perder a las audiencias tradicionales que se interesan en el actuar y las actividades de la Corte.

Para ello, estamos creando distintos tipos de materiales. Uno de los más importantes es Mati, un vocero infantil que incorporamos al talento de la Dirección. Es un personaje diseñado para platicar con las audiencias infantiles y explicarles, de manera cercana, cómo el sistema de justicia impacta en la vida diaria desde que somos niños y por qué es importante aprender a ejercer los derechos desde pequeños. Eso nos ayudará, como adultos, a vivir en un sistema más pacífico, de convivencia y respeto mutuo a los derechos y garantías.

Otra gran línea es hacer que todos nuestros contenidos sean súper accesibles. Hemos implementado ajustes razonables: intérpretes de lengua de señas mexicana en eventos y en gran parte de los contenidos digitales, tarjetas sonoras, alto contraste en subtitulaje y textos, tipografía más grande, y hemos dejado de justificar los textos para facilitar la lectura con un margen izquierdo alineado.

También hemos introducido la interpretación a lenguas indígenas en muchos contenidos. Sabemos que es un mundo gigantesco: hay alrededor de 7 millones de hablantes y decenas de lenguas. Estamos priorizando las de mayor número de hablantes para llegar a más población en todo el país. Muchos de esos contenidos tienen que ser orales, porque gran parte de los hablantes no lee su propia lengua. Ha sido un reto mayúsculo, pero un aprendizaje muy satisfactorio.

Todo esto lo hacemos sin perder el rigor jurídico que valoran los juristas, aunque enfrentamos resistencias internas y externas al lenguaje técnico al que estaban acostumbrados. El lenguaje jurídico es complejo para el ciudadano común: abstracto, ajeno y difícil. Por eso buscamos sinergia entre los expertos que nos dan la información técnica precisa y mentes creativas que nos ayudan a transmitirla de forma clara y accesible. El objetivo es lograr un mensaje único y distinto.

Claudia:
No hemos dimensionado la complejidad de la comunicación social, que debe satisfacer a públicos muy diversos. ¿Cómo contempla el Estado mexicano desde la Corte la comunicación social en este nuevo régimen?

Amanda:
Nosotros hemos trabajado fuertemente con los reporteros que cubren cotidianamente las actividades de la Corte. Para ellos hemos creado nuevos contenidos y talleres especializados. Hace poco impartimos uno junto con el Centro de Estudios Constitucionales para explicar los cambios en el sistema de justicia: cómo quedaron las atribuciones de la Corte, el órgano de administración judicial y el tribunal de disciplina, y cómo se dividen ahora las responsabilidades.

El objetivo es facilitar su labor y generar una conversación informada sobre la Suprema Corte. Creemos que esa es una responsabilidad nuestra.

Hemos visto un crecimiento en la audiencia y en el interés público por el actuar de la Corte. Antes era un tema de nicho; muchos ni siquiera sabían quiénes eran los ministros.

Claudia:
Continuamos por los territorios de la justicia, la conversación va por una accidentada geografía de altas y bajas profundidades. El verdadero reto aquí es definir quiénes son los actores en la mesa y cuáles son sus intereses. Si el interés es la justicia y la ley, entonces esos intereses quedan muy claros. 

Amanda:
Coincido totalmente. El gran desafío ha sido separar cuáles son esos intereses y cuál es el interés de la cobertura. En nuestro caso, lo que mi equipo y yo compartimos es la convicción de que la información se responde con información. Hemos hecho un enorme esfuerzo por generar contenido sustantivo: explicar qué sucede en el pleno, cuáles son los criterios adoptados, cómo se llega a las decisiones y dar seguimiento a lo que ocurre después de que el pleno decide.

Claro, también existe una cobertura más política, más coyuntural, que no se centra tanto en la sustancia. Y es difícil manejarla, difícil torearla. Pero lo importante es que nuestra guía sea la información, la creación de información, sin distraernos en responder cosas que no aportan a la conversación ni a lo que realmente se está resolviendo.

Por eso coincido plenamente: hay que saber diferenciar y también elegir cuáles son las batallas que debemos dar como institución. Ser claros en nuestra actividad, enfocarnos en la sustancia y no perdernos en la coyuntura.

Claudia:
¿Cómo manejan la gestión?

Amanda:
Ha sido un desafío enorme. Todos los días, después de las sesiones, nos sentamos un grupo de seis personas. Los expertos me comparten la sustancia del asunto y, desde mi perspectiva no jurídica, propongo cómo explicar su impacto real en la vida de las personas. Luego redactamos juntos el boletín.

Por eso es distinto: ya no es una copia del proyecto o la sentencia. Intentamos traducirlo para que todos entendamos realmente qué cambió y qué impacto tuvo. A veces nos lleva horas de discusión para mantener el rigor sin perder claridad.

Los abogados suelen hablar en negativo (“qué se invalidó”), y yo siempre pregunto: ¿y entonces qué sí queda? ¿Qué se validó? ¿Qué cambió? Esa es la diferencia profunda que estamos buscando.

Claudia:
La información tiene como objetivo construir ciudadanía, ¿qué sentido tiene difundir información que no contribuye a la justicia? Además, está el tema cultural. Hoy la toga judicial está llena de conceptos y símbolos que también forman parte de una cultura.

Amanda:
Ese tema me apasiona. Creo que el eje rector de esta nueva integración de la Suprema Corte es “acercar la justicia”. Ese concepto ha generado mucho debate. Hay quienes apoyan que la Corte tenga sesiones en territorio y quienes lo critican.

Para mí, acercar la justicia es mucho más que realizar una sesión fuera del tribunal. Es hablar en lenguas originarias, abordar temas de impacto social y visibilizar realidades que han sido ignoradas. Cuando un ministro se presenta en una comunidad, se dirige a las personas y las escucha, no hay duda de la relevancia de ese gesto.

Acercar la justicia significa interpretarla, traducirla y hacerla comprensible. Es hablar con pertinencia social y territorial, con impacto en la vida cotidiana. Sí, es polémico, pero nuestro país lo necesita. Las problemáticas actuales requieren ese cambio y ese acercamiento.

Javier:
En el territorio de signos y símbolos, lo que usted dice toca un punto clave: la necesidad de reconocernos en lo diverso, en lo propio. Es otra realidad, otra forma de reconocernos.

Amanda:
Exacto. Por eso me parece injusta la crítica de quienes cuestionan que un ministro haya bordado su toga o que se haya vestido con traje típico en Tenejapa. Si conociéramos mejor los usos y costumbres, sabríamos que eso es un acto de bienvenida de las comunidades, un reconocimiento a la autoridad que llega.

No es un disfraz. Quienes lo ven así desconocen la riqueza cultural de este país. Estos gestos visibilizan y normalizan lo que nos hace México: nuestra pluriculturalidad. Y esa diversidad debería ser una de nuestras mayores fortalezas, no algo que se niegue.

El sistema de justicia debe ser vivo, que evolucione, que le hable a la gente y que la gente sepa qué derechos puede ejercer. Si no nos reconocemos en esa diversidad, será difícil luchar por esos derechos.

Claudia:
Y aporta, porque está vivo, porque ocurre en tiempo real.

Amanda:
Exacto. Y eso es algo que también hemos reflexionado: este sistema de justicia tiene que ser un sistema vivo, que evolucione. Antes era rígido, lejano, abstracto. Hoy hay que darle vida, y esa vida nos la da la gente.

Es a la ciudadanía a quien debemos hablarle, a quien debemos explicarle qué derechos puede ejercer, por cuáles puede luchar y por cuáles vale la pena dar la batalla. Porque, si no los conocemos, ¿cómo vamos a defenderlos?

Claudia:
Si no nos reconocemos, tampoco avanzamos. La representación es fundamental: si no reconoces al otro, estás perdido; si no te reconoces en el otro, también. Entonces, ¿cómo avanzar? ¿Aislándonos o ampliando el horizonte?

Amanda:
Como institución, nos corresponde convocar a todas y a todos. Habrá quienes escuchen y quienes no, quienes estén de acuerdo y quienes no. Pero esa es precisamente nuestra tarea: hablarle a toda la sociedad.

Una institución de esta envergadura —el máximo tribunal colegiado del país— tiene la responsabilidad de ser incluyente en su comunicación.

Claudia:
He seguido las sesiones, el contraste entre ministras y ministros me parece natural. El debate en el pleno me parece valioso.

Amanda:
Coincido. El debate en el pleno ha representado un cambio importante. Cada ministra y cada ministro fija su postura, se escucha, se confrontan ideas. 

Es un debate plural, real, incluso con momentos de tensión, pero eso es parte de la riqueza democrática. Y lo más importante: todo ocurre en vivo, frente a la sociedad.

Claudia:
Ahora, ¿cómo narra esto el nuevo periodismo? ¿cómo se construye? Yo pienso que las plataformas se complementan; cada una tiene su propio lenguaje.

Amanda:
De acuerdo.

Claudia:
Y también está esta lógica de los contenidos breves…

Amanda:
Ojalá fueran 30 segundos. En realidad, hoy se pierde la atención en los primeros cinco. Si no logras captar al público en los primeros tres segundos —por ejemplo, en TikTok—, el contenido se pierde. Eso obliga a pensar de forma distinta: el guion, la producción —o incluso lo orgánico—, todo debe adaptarse a cada plataforma.

Claudia:
Entonces, desde que se enfoca un tema hasta cómo se presenta, hay un abismo. ¿Qué se decide destacar y para qué?

Amanda:
Ese ha sido un gran reto. Y como ya me lo ha preguntado dos veces, se lo respondo directamente: En temas que han generado polémica —como el de los zapatos—, donde algunos vieron servilismo, yo veo servicio y humildad. Es parte de mi esencia, de cómo fui educada.

Claudia:
Y es su responsabilidad, perdón.

Amanda:
Sí, también lo creo, incluso desde mi papel como comunicadora. Y es importante decirlo con claridad: no me avergüenza. Es quien soy. Actuaría de la misma manera en atención a mi trabajo o frente a cualquier persona que camine a mi lado.

Claudia:
Creo que hay temas mucho más relevantes que cuidar en la imagen institucional. Lo que estamos viendo —y lo he dicho— es la construcción de una nueva cultura política en torno a la justicia.

Amanda:
La realidad es que lidiar con la superficialidad de la comunicación actual es el reto personal y profesional más difícil al que me he enfrentado. Y se lo digo antes y después de la polémica. El costo personal de asumir estas responsabilidades es alto; por eso, la convicción y la pasión tienen que ser aún mayores.

Aquí estoy, no me voy a doblar. Estoy convencida de lo que hago. Es mi esencia, es mi educación. A quien le parezca y a quien no. Para mí, es humildad y es servicio. Si alguien lo interpreta como servilismo, habla más de su percepción que de mí.

Claudia:
Le agradezco mucho esta conversación. Era importante para mí.

Amanda:
Qué bueno que vino. Aquí andamos, seguimos trabajando todos los días para construir una cultura jurídica desde los niños hasta los adultos, desde la escuela hasta el máximo tribunal.

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