El Papa vs Trump. Promesas y Política

Autor Congresistas
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Redacción

El Papa ha sido abierto crítico de las políticas públicas de Trump con respecto a la migración y a los migrantes. Pero las razones del Papa y su marco de actuación, no tienen sustento democrático, sino esencialmente político. Por ejemplo, el Papa puede pedir, pedir y pedir, pero en realidad nunca tiene que dar nada a cambio. El Papa y su autoridad son rituales y simbólicas. El Papa no tiene un electorado al cual complacer para su reelección porque el Papa tiene un cargo vitalicio y, según la propia doctrina de la iglesia, el “santo padre” es infalible… (Canon 749, párrafo I, Código de Derecho Canónico). Pero la propia iglesia enfrenta pensamientos más disidentes cada vez, como la Fraternidad Sacerdotal San Pio X, excomulgada precisamente por su postura doctrinal y, entre otras cosas, su crítica a la “flexibilidad” doctrinal de la iglesia católica.

La iglesia católica tiene 2000 años de existir. Si hay una institución moderna que sabe sobrevivir a los cambios es la iglesia católica. Y la propia Santa Sede reconoce el valor y la fuerza de su membresía en los países latinoamericanos, incluyendo por supuesto, las limosnas que se generan en esos países, a pesar de los escándalos del tamaño de Marcial Maciel, que debió terminar con la disolución de la orden de los legionarios de Cristo (también llamada en México, a tono de mofa, “los millonarios de Cristo”) o del escándalo más reciente del robo de limosnas en la basílica de Guadalupe. Para el Papa, entonces, es esencial tener una agenda que beneficie a su membresía latinoamericana criticando las políticas migratorias de Trump (enfocadas en latinoamericanos ilegales por razones geográficas naturales) y sin tener que dar nada a cambio, más que discursos o mensajes, ya que las promesas del Vaticano son, en su más pura esencia, promesas de beneficios posteriores a la vida biológica del ser humano.

En el caso de Trump la situación es opuesta. El presidente de los Estados Unidos tiene que cuidar un país soberano y hacer valer sus leyes. La legislación interna de cada país es un acto soberano, es decir, cada país puede darse libremente sus propias leyes, incluyendo las migratorias. El caso de EEUU es único: hordas de personas llegan a ese país para buscar un mejor futuro, sin respetar la ley. Y todos sabemos que, cuando algo se explota en demasía, acaba por perder su valor para todos, de ahí el dicho de no matar a la gallina de los huevos de oro. Ningún otro país del mundo enfrenta migración ilegal como lo tiene que hacer EEUU y, los países que la han permitido sin control, ven cada generación cambiar su identidad nacional, como en Francia e Inglaterra, donde la propia cristiandad ha ido disminuyendo con el aumento del islam. Algo similar pasa en EEUU con la identidad anglosajona, disminuida cada vez más por la diferencia en el número de hijos. Los anglosajones tienden a tener menos hijos mientras los latinos tienen cada vez más, por diversas razones, incluyendo la necesidad de evitar la deportación teniendo hijos nacidos en EEUU, cambiando poco a poco la composición demográfica y cultural del vecino país.

Pero el dilema en realidad es político. La ley debe cumplirse. Al Papa no le preocupa la ley de EEUU porque la lógica religiosa es que lo que verdaderamente importa es lo que pase en la vida ultraterrena, y el Papa puede pedir “bienestar” para todos, porque él no tiene que darlo ni pagarlo, pero la responsabilidad del presidente de EEUU es la vida actual y el cumplimiento de la ley en los EEUU, especialmente porque ese país compite globalmente con otras potencias como Rusia y China, y está buscando mantener la cohesión social y la identidad nacional, en vez de diluirla en menores grupos con identidades nacionales importadas. A los latinoamericanos provenientes de países donde no hay estado de derecho o donde la ley es “flexible” por la prevalencia de la cultura del soborno y la informalidad, como en México, les cuesta trabajo entender que la ley en EEUU sea, precisamente eso, una ley, estricta y que debe hacerse valer.

Los métodos para hacerla valer, sin embargo, son absolutamente reprobables. Se puede deportar a la gente sin herirla ni lastimarla, pero la estrategia del terror es lo que parece funcionarle a Trump. Aquí la cortina de humo es que Sheinbaum se la pasa buscando enemigos afuera para distraer la atención de lo que pasa en México. ¿Acaso no sería mejor que los mexicanos pudieran quedarse en su país y que su propio país estuviera lleno de oportunidades en lugar de tener que emigrar a la fuerza e ilegalmente? El problema es de México como expulsor de personas y no de los EEUU. No hay cantidad de consulados que sea suficiente para ayudar a los mexicanos en el exterior. Sería mejor arreglar a México en vez de estarse confrontando con el gigante y más poderoso vecino por razones que atañen a México: la inseguridad, la mala economía y la falta de oportunidades. Pero todos los recursos de México para fortalecer la economía están fugándose en la compra de votos, con nombre de pensiones y becas.

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