Por la cultura del bienestar animal, debe renunciar Pedro Sola

Autor Congresistas
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Redacción

Para desgracia de México, Pedro Sola es, al menos esta semana, parte del debate o la agenda nacional. Es de conocimiento público, que el señor Sola hizo comentarios en televisión acerca de su deseo de envenenar a los perritos en los restaurantes, porque le causan molestia. Y de paso hizo un comentario igualmente deplorable sobre los dueños de los animales.

Pedro Sola ha mostrado la intolerancia que lleva dentro, lo cual es una ironía, ya que él mismo se ha beneficiado del cambio cultural en nuestro país, de la lucha por reconocer derechos de minorías, incluyendo por supuesto a la comunidad LGBTQ.

Es injusto que Sola haya hecho esos comentarios y quede impune. A través de los años, ha cometido errores verdaderamente estúpidos, como confundir a la mayonesa Hellmanns’ con la mayonesa McCormick cuando le pagaron específicamente para ese patrocinio. Pero su estulticia es una cosa, y su intolerancia y su mala fe son otra muy distinta.

Sola ha hecho del chisme su modus vivendi. Ha ganado dinero y ha hecho una carrera en televisión, básicamente a base de la frivolidad del chisme del medio del espectáculo. La irresponsabilidad con la que se condujo es un pésimo ejemplo de crueldad y discriminación. La disculpa, inclusive, que no fue capaz de decir con honestidad, sino que tuvo que leer, fue definitivamente el clavo final en el ataúd de su carrera.

Ojalá que la señora Chapoy no salga a defenderlo esta ocasión. Los comentarios crueles e hirientes de Sola reflejan algo mucho más profundo. La discriminación que siente por las personas que han decidido formar sus familias amando a sus animales. La ley existe para proteger a las familias y no para dictar como las familias deben integrarse. Los animales nos dan su amor y su compañía incondicionales, a diferencia de muchos seres humanos con agenda y motivos propios, egoístas u ocultos. Los animales, son una compañía sincera, agradable, constante, llena del calor que no podemos encontrar muchas veces en sociedades sobrepobladas e impersonales. Las familias con animales son familias perfectas y sus integrantes merecen todo nuestro respeto. Especialmente en un mundo sobrepoblado y cada vez más violento, envuelto en el cambio climático y economías sin crecimiento certero. 

Nuestros perros y gatos (y demás compañías animales) nos dan un entorno familiar grato. Y nadie tiene ningún derecho a manifestar expresiones de violencia escondido en haber pertenecido a otra generación. Ojalá que el señor Salinas y la señora Chapoy no defiendan a Sola por haber mostrado sus verdaderos sentimientos. La hipocresía de celebrar la diversidad y la inclusión para sí, cuando le conviene, y no apoyarla cuando se trata del bienestar de otras personas, no debe pasarse por alto.  Castigar a Pedro Sola debe ser un ejemplo también para reducir la frivolidad y crear una cultura de respeto, ante todo. Si hay una cosa que México no necesita es más violencia.

Sola lleva años impunemente hablando de otros, creando y repitiendo chismes y “ganándose” la vida a través de una imagen pública que trae responsabilidad consigo. Si no pudo ser responsable, a sus casi 80 años, debe irse. No es un error que cometiera un jovencito, es un reflejo de una identidad malsana, pasivo-agresiva y discriminadora. La violencia no tiene lugar contra los animales porque no pueden defenderse y, sugerir su envenenamiento es algo tan vil y cruel, que no debe quedar en el olvido. Lo único que debe quedar en el olvido es la carrera del frívolo de Pedro Sola.

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