Creatina: mucho más que un suplemento para deportistas

Autor Congresistas
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Redacción

Durante años, la creatina ha estado asociada casi exclusivamente con gimnasios, fisicoculturistas y atletas que buscan aumentar su fuerza o rendimiento. Sin embargo, la investigación científica ha ampliado considerablemente la comprensión de esta sustancia y hoy existe evidencia de que sus beneficios pueden ir mucho más allá del ámbito deportivo.

La creatina es un compuesto que el propio organismo produce a partir de aminoácidos y que también se obtiene a través de alimentos como la carne y el pescado. Se almacena principalmente en el músculo en forma de fosfocreatina, donde participa en la producción rápida de energía. Su función esencial consiste en ayudar a regenerar ATP, la principal “moneda energética” de las células, particularmente durante esfuerzos breves e intensos.

Por ello, la creatina monohidratada se ha convertido en uno de los suplementos nutricionales más estudiados. La evidencia acumulada respalda de manera particularmente sólida su capacidad para mejorar determinados aspectos del rendimiento físico y potenciar las adaptaciones al entrenamiento de fuerza.

¿Qué beneficios tiene?

El beneficio más conocido es el aumento de la capacidad para realizar esfuerzos de alta intensidad. Una mayor disponibilidad de creatina en el músculo permite sostener mejor actividades que requieren energía rápida, como levantar pesas, realizar sprints, saltar o efectuar movimientos explosivos.

Pero existe otro aspecto particularmente importante: la creatina puede potenciar los beneficios del ejercicio de fuerza sobre la masa muscular y la fuerza.

Esto adquiere especial relevancia con el paso de los años. El envejecimiento está acompañado naturalmente por una pérdida progresiva de masa y fuerza muscular, fenómeno conocido como sarcopenia. Mantener una musculatura fuerte no es solamente una cuestión estética: está relacionado con la capacidad para caminar, subir escaleras, levantarse de una silla, mantener el equilibrio y conservar la independencia.

Diversos metaanálisis han encontrado que, en adultos mayores que realizan entrenamiento de resistencia, la suplementación con creatina puede producir mayores ganancias de masa magra y fuerza que el ejercicio por sí solo. Un metaanálisis que reunió 22 estudios y 721 participantes encontró incrementos superiores de masa magra y fuerza tanto en ejercicios de tren superior como inferior entre quienes combinaron creatina con entrenamiento de resistencia.

Una revisión y metaanálisis más reciente, publicada en 2025, volvió a analizar específicamente la combinación de creatina y entrenamiento de resistencia en personas mayores y encontró evidencia favorable sobre su utilidad para combatir la pérdida de masa y fuerza muscular asociada con la edad.

La importancia de conservar músculo

La relevancia de estos resultados va más allá del deporte.

Una persona puede tener un peso corporal aparentemente normal y, sin embargo, perder progresivamente masa muscular. El problema se vuelve especialmente importante a partir de la sexta década de vida, cuando conservar fuerza y capacidad funcional puede contribuir a mantener la autonomía.

Por eso, la combinación de alimentación adecuada + ejercicio de fuerza + actividad cardiovascular + descansoconstituye una estrategia mucho más completa que depender de cualquier suplemento por sí solo.

La creatina puede ser una pieza de esa estrategia, pero no sustituye al ejercicio ni a una alimentación adecuada.

¿También puede beneficiar al cerebro?

Esta es una de las áreas más interesantes de la investigación actual.

El cerebro también utiliza energía y contiene creatina. Algunos estudios han encontrado efectos favorables de la suplementación sobre determinadas funciones cognitivas.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2024 analizó 16 ensayos clínicos aleatorizados con 492 participantes y encontró efectos positivos particularmente en memoria, atención y velocidad de procesamiento. Sin embargo, no encontró una mejoría significativa en la función cognitiva global ni en todas las funciones ejecutivas.

Una revisión específica sobre creatina y envejecimiento publicada en 2026 señala que existe interés creciente en su posible papel sobre la función cognitiva de los adultos mayores, aunque la evidencia todavía es menos concluyente que la disponible para fuerza y masa muscular.

Por eso, sería incorrecto presentar actualmente a la creatina como un tratamiento para prevenir la demencia o el Alzheimer. La investigación es prometedora, pero todavía no permite hacer esa afirmación.

¿Es segura?

En personas sanas, la creatina monohidratada tiene un historial de seguridad considerablemente amplio.

Una de las preocupaciones más frecuentes es que pueda dañar los riñones. La evidencia disponible no respalda esa afirmación en personas sanas que utilizan dosis habituales. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2025 encontró un pequeño aumento de la creatinina sérica, pero no observó una disminución significativa de la tasa de filtración glomerular, lo que sugiere que el aumento de creatinina puede reflejar el metabolismo de la creatina y no necesariamente un deterioro de la función renal.

Otro metaanálisis publicado en 2026, que incluyó 19 ensayos aleatorizados y un estudio cruzado, también encontró un aumento de la creatinina sérica sin diferencias significativas en la tasa de filtración glomerular. Los autores señalan, sin embargo, que todavía hacen falta estudios de muy largo plazo para determinadas poblaciones.

Esto tiene una consecuencia práctica importante: si una persona que consume creatina se realiza análisis de sangre, debe informar al médico que está tomando el suplemento, porque una creatinina ligeramente elevada no necesariamente significa que exista daño renal.

En personas con enfermedad renal conocida, o ante cualquier situación médica particular, la suplementación debe ser consultada previamente con un profesional de la salud.

¿La creatina deshidrata?

Otro mito muy extendido sostiene que la creatina provoca deshidratación o aumenta los calambres musculares.

La evidencia disponible no respalda esa idea. Una revisión sistemática que examinó específicamente hidratación y termorregulación no encontró evidencia de que la creatina deteriorara la capacidad del organismo para disipar calor o alterara negativamente el equilibrio de líquidos cuando se utilizaba en las dosis recomendadas.

Esto no significa que una persona que toma creatina pueda ignorar la hidratación. Cualquier persona que haga ejercicio, particularmente en ambientes calurosos, necesita mantener una adecuada ingesta de líquidos.

¿Cuál es la creatina que conviene?

La forma con mayor respaldo científico es la creatina monohidratada.

No es necesario buscar fórmulas sofisticadas o productos que mezclen creatina con numerosos ingredientes. En términos de evidencia científica, la monohidratada es la referencia.

Una pauta habitual consiste en consumir alrededor de 3 a 5 gramos diarios. No es indispensable realizar una denominada “fase de carga” con dosis elevadas; el consumo diario de una dosis convencional permite alcanzar progresivamente la saturación muscular.

Tampoco es necesario tomarla exactamente antes o después del entrenamiento. La constancia diaria es más importante que el horario.

¿Quién podría beneficiarse?

La evidencia permite identificar varios grupos en los que la creatina puede ser particularmente interesante:

Personas que realizan entrenamiento de fuerza. Puede aumentar las adaptaciones de fuerza y masa muscular.

Adultos mayores. Su combinación con ejercicio de resistencia puede ayudar a conservar masa muscular y fuerza, dos componentes fundamentales para mantener la capacidad funcional.

Deportistas. Puede mejorar determinados esfuerzos de alta intensidad y favorecer la capacidad de entrenamiento.

Personas físicamente activas que buscan preservar músculo. Puede ser una herramienta adicional, aunque siempre subordinada a una alimentación adecuada y ejercicio regular.

En cuanto a sus posibles beneficios cognitivos, los resultados son suficientemente interesantes para justificar más investigación, pero todavía no para convertir la creatina en una recomendación universal con fines de prevención de enfermedades neurodegenerativas.

Lo que la creatina no es

También conviene poner algunos límites a las expectativas.

La creatina:

  • no es un esteroide anabólico;
  • no sustituye el entrenamiento;
  • no sustituye una alimentación equilibrada;
  • no produce por sí misma grandes cantidades de músculo sin estímulo físico;
  • no es un medicamento para tratar enfermedades;
  • no garantiza prevenir el envejecimiento, la demencia o cualquier otra enfermedad.

Su efecto debe entenderse dentro de un contexto más amplio: una persona que entrena adecuadamente puede obtener más beneficio de la creatina que una persona sedentaria que simplemente la consume.

Una herramienta sencilla dentro de una estrategia más grande

Quizá la mejor manera de entender la creatina sea dejar de verla exclusivamente como un producto para quienes quieren “ponerse musculosos”.

La pérdida de fuerza y masa muscular asociada al envejecimiento tiene consecuencias reales sobre la salud y la independencia. Por ello, todo aquello que contribuya a conservar una musculatura funcional merece atención.

La evidencia disponible indica que la creatina monohidratada puede ser una herramienta útil, especialmente cuando se combina con entrenamiento de fuerza. Sus posibles efectos sobre determinados aspectos de la función cognitiva abren además una línea de investigación particularmente interesante.

Pero el mensaje fundamental no debería ser “tome creatina”. Debería ser otro:

muévase, entrene la fuerza, cuide su alimentación, mantenga una adecuada hidratación y, cuando corresponda, considere la creatina como un complemento, no como sustituto de esos hábitos.

La ciencia difícilmente ofrece soluciones mágicas. En este caso, ofrece algo quizá más útil: una herramienta relativamente sencilla, accesible y ampliamente estudiada que puede contribuir a preservar una de las reservas más importantes del organismo a medida que pasan los años: la capacidad de moverse con fuerza e independencia.

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