Mesa de redacción
En julio de 2024, Trump sobrevivió a un atentado. El tirador falló por centímetros. El atentado ocurrió en un evento en vivo. Fue grabado. La actitud de Trump después del atentado fue valiente, desafiante. Actuó, -honestamente-, con heroicidad. La imagen de Trump victorioso, levantando el brazo en señal de fuerza y desafío, con sangre corriéndole por el rostro, le dio la vuelta al mundo. Esa imagen, ese evento, ese momento, lo catapultaron para ganar la elección presidencial.
Trump ganó con abrumadora mayoría. Las políticas públicas que propuso fueron apoyadas por el pueblo estadunidense. El electorado sabía que tenían que tomarse medidas drásticas, como las redadas de ICE para poder sacar a los inmigrantes ilegales de ese país. La gente sabía que los ilegales no iban a salir de EEUU por voluntad propia, ni se saldrían con pedírselos amablemente. La estrategia de muchos iba a ser esconderse lo mejor que pudieran, hasta que Trump saliera de la presidencia. El problema es que la prensa de México culpa al gobierno estadunidense por hacer valer sus leyes migratorias, pero nadie culpa al desgobierno mexicano por no proteger a sus ciudadanos, controlar su territorio ni dar condiciones económicas y de seguridad para que la gente no se tenga que ir de su país. En fin. El electorado americano apoyaba las medidas de deportación porque, entre otras cosas, en cada vez más comunidades de EEUU se habla español en lugar de inglés. No sé si los mexicanos trataríamos a inmigrantes extranjeros que cambiaran la lengua y cultura de nuestras comunidades con la misma gracia con la que pedimos que en EEUU se trate a los inmigrantes ilegales.
Trump gozaba de inmensa popularidad, pero hay ciertos eventos que han marcado un declive notorio: la guerra en Irán y su actividad y declaraciones en redes sociales.
La guerra en Irán es potencialmente el Vietnam de Trump. No sabemos bien que es lo que está pasando y los precios del petróleo y os combustibles han afectado en gran medida a la base electoral que apoyaba a Trump.
La capacidad de negociación de JD Vance con el gobierno de Irán fracasó rotundamente.
El 12 de abril pasado, Trump publicó en su red social una imagen generada con inteligencia artificial en la que se le ve como si fuera Jesucristo, curando a un enfermo.
Menciono estos tres eventos porque son los que más le han afectado. Su base electoral no era ajena a la violencia. Aunque muchos aceptaban la política pública de sacar a los ilegales de EEUU, no todos estaban de acuerdo con la violencia ejercida en el proceso. El presidente la libró echando a Kristi Noem de su puesto para evitar mayores daños mediáticos.
Lo mismo hizo con Pam Bondi, quien dañaba su imagen mediática con el desastroso manejo del infame caso Epstein y la agresividad con la que se conducía frente a los medios.
Así como su actitud frente al atentado lo catapultó para el éxito, compararse con Jesucristo ha ofendido al pueblo estadounidense, tan inclinado en su base conservadora a la religión cristiana. Esta ofensa no se va a olvidar tan fácil, sobre todo porque las cortinas de humo no le van a ayudar mientras no se reduzca el precio de los combustibles. A lo anterior, tenemos que sumarle la mala presencia mediática de JD Vance, quien es, francamente, antipático, por decir lo menos. No tiene una personalidad apta para la negociación porque para negociar se requiere conceder y es algo que Vance no transmite, transmite arrogancia y orgullo. La presencia y personalidad de Vance siguen perjudicando a Trump.
Los anteriores factores han dejado a Trump muy mal parado y, en consecuencia, al partido republicano para las elecciones intermedias. Hoy los republicanos solo podrían recuperarse con candidatos que puedan decir abiertamente que, aunque están de acuerdo con muchas políticas de Trump, no están de acuerdo en la forma de implementarlas, y que pueden cambiar tácticas de ejecución y estrategia, para mantener el apoyo de quienes quieren mantener una agenda conservadora sin identificarse con la forma tan contundente y brutal con la que Trump ha gobernado. Le corre el tiempo en contra para resolver el asunto de Irán y lo peor es que Irán lo sabe, y ni en conjunto con Israel EEUU ha podido terminar la misión militar. Para salvar cara, los nuevos candidatos republicanos tendrán que distinguir entre la agenda conservadora, las tácticas para hacerla cumplir, y distanciarse poco a poco de la personalidad de Trump, que ha caído a niveles sin precedentes en popularidad, tal vez con la tranquilidad de que, en lo personal, sabe que no puede reelegirse ya, y que, si los republicanos mesurados no cooperan con él, es capaz de seguir dinamitando la agenda conservadora de la cultura de los EEUU.
Por cierto…
Mientras en EEUU el debate político es crítico y saludable a una democracia por su intensidad y por la libertad que en ese país hay para expresarse, en México tenemos legisladores como Noroña que se pasean en salones VIP en los aeropuertos, agrediendo a la prensa y engañando a la gente con falsos discursos de austeridad, mientras vive como rico, sin aportar absolutamente nada al debate legislativo del país. También tenemos una presidenta que pide cargar magna en vez de cargar Premium, porque ya no sabe qué hacer para detener la inflación en el país, ni la rampante inseguridad de la que somos víctimas todos. Ahí lo tienen, Puerto Vallarta estuvo semivacío en las vacaciones de semana santa. Para muestra, basta un botón.
