Beto Bolaños
El dólar ronda los 17.08 pesos y la cifra ha sido presentada frecuentemente desde el gobierno como una muestra de la fortaleza de la economía mexicana y, en particular, como resultado de las decisiones tomadas por la administración de Claudia Sheinbaum.
Pero conviene poner las cosas en perspectiva: un peso fuerte no necesariamente significa una economía fuerte, y el tipo de cambio no es una calificación al desempeño de un gobierno.
Para entenderlo con manzanas —o, mejor dicho, con tenis— imaginemos que un corredor gana una carrera.
El gobierno podría decir: “Ganó porque yo le di los tenis.”
Los tenis pueden haber ayudado, pero eso no explica por sí solo la victoria. Habría que considerar también el entrenamiento del corredor, sus capacidades, sus competidores, el clima y las condiciones de la pista.
Con el peso ocurre algo parecido.
El gobierno puede influir sobre la economía, pero el precio del dólar es resultado de miles de operaciones realizadas diariamente por bancos, empresas, inversionistas, exportadores, importadores y consumidores de todo el mundo.
¿Por qué está fuerte el peso?
Hay varios factores detrás de la cotización actual.
Uno de los principales es el diferencial de tasas de interés entre México y Estados Unidos, que hace relativamente atractivos los instrumentos financieros mexicanos. Esto favorece el llamado carry trade: inversionistas que convierten dólares en pesos para obtener mayores rendimientos.
También influye la debilidad relativa del dólar frente a otras monedas, además de los importantes flujos de divisas que recibe México por exportaciones, turismo, inversión extranjera y remesas.
Es decir, hay factores internos y externos, financieros y comerciales, que están empujando al peso.
Atribuir el resultado exclusivamente a las decisiones de un gobierno sería como atribuir la victoria del corredor únicamente a los tenis.
¿Quién gana con un dólar barato?
El consumidor mexicano tiene una ventaja evidente.
Si una computadora cuesta 1,000 dólares, cuando el dólar estaba en $20 representaba $20,000 pesos. A $17.08, cuesta aproximadamente $17,080 pesos.
También se benefician quienes compran dólares, viajan al extranjero, pagan productos o servicios en esa moneda o tienen deudas denominadas en dólares.
Pero existe otra cara.
Para un exportador mexicano que recibe 1,000 dólares, esos ingresos representaban $20,000 pesos cuando el dólar estaba en $20. Hoy representan solamente $17,080 pesos.
Por eso, el peso fuerte beneficia al comprador de dólares, pero puede perjudicar a quien genera sus ingresos en dólares.
Lo mismo ocurre con las remesas. Una familia que recibe 500 dólares obtenía $10,000 pesos cuando el dólar estaba en $20; ahora recibe alrededor de $8,540 pesos.
El problema de confundir un peso fuerte con una economía fuerte
Un tipo de cambio favorable puede ayudar a contener la inflación y abaratar importaciones. Pero también puede restar competitividad a las exportaciones mexicanas y reducir el valor en pesos de las remesas.
Y, sobre todo, no demuestra por sí mismo que México esté creciendo con mayor productividad, inversión y competitividad.
Una economía verdaderamente sólida debería acompañar un peso estable con crecimiento sostenido, inversión, productividad, empleos formales, seguridad jurídica y finanzas públicas saludables.
Por eso la pregunta importante no es solamente:
¿Por qué el dólar está en $17.08?
Sino:
¿Cuánto de esa fortaleza corresponde a una economía mexicana más productiva y cuánto responde a condiciones financieras internacionales que podrían cambiar?
Porque si mañana cambian las tasas de interés, aumenta la percepción de riesgo sobre México o el dólar recupera fuerza, el mecanismo puede funcionar en sentido contrario: los inversionistas venden pesos, compran dólares y el tipo de cambio puede subir rápidamente.
El gobierno puede influir, pero no controlar el dólar
Un gobierno responsable sí puede crear condiciones para una moneda estable: disciplina fiscal, seguridad jurídica, certidumbre para la inversión, productividad e instituciones confiables.
Pero influir no significa controlar.
Ningún presidente puede decretar que el dólar valga $17, como tampoco puede garantizar que mañana no valga $18, $19 o $20.
Por eso, presentar el dólar barato como una prueba directa del éxito de una administración es una simplificación.
El peso puede estar fuerte y la economía mexicana seguir teniendo importantes problemas estructurales.
La verdadera fortaleza de México no debería medirse solamente por cuántos pesos cuesta un dólar, sino por cuánto produce el país, cuánto invierte, cuánto crece y qué tan competitiva y confiable es su economía.
Porque, al final, tener buenos tenis puede ayudar a ganar una carrera; pero no sustituye el entrenamiento, la capacidad del corredor ni las condiciones de la pista.
