IFE–INE: 36 años construyendo confianza democrática

Autor Congresistas
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Ignacio Ruelas Olvera

11 de octubre. Memoria, reconocimiento y compromiso con la democracia

El 11 de octubre de 1990 nació el Instituto Federal Electoral (IFE), una institución que transformó la historia política de México y contribuyó decisivamente a construir un sistema electoral basado en la legalidad, la certeza, la imparcialidad, la independencia y la confianza ciudadana. Treinta y seis años después, su legado permanece como uno de los esfuerzos institucionales más relevantes de nuestra transición democrática. ¡Debemos cuidarlo!

La creación del IFE respondió a una exigencia histórica de la sociedad mexicana: contar con una autoridad electoral capaz de organizar elecciones auténticas, transparentes y competitivas, con garantías para todas las fuerzas políticas y con la ciudadanía como protagonista de la soberanía popular. Su posterior transformación en el Instituto Nacional Electoral (INE) amplió sus responsabilidades y consolidó una experiencia institucional reconocida más allá de nuestras fronteras.  IFE (primero el Secretario de Gobernación presidía el Consejo General) Fernando Gutiérrez Barrios (1990-1992); Patrocinio González Blanco Garrido (1993-1994); Jorge Carpizo McGregor (1994); Esteban Moctezuma Barragán (1995); Emilio Chuayffet Chemor (1995-1996). Consejeros Presidentes del IFE: José Woldenberg Karakowsky (1996-2003), consolidación de la autonomía electoral y alternancia. Luis Carlos Ugalde Ramírez (2003-2007), elección presidencial de 2006. Andrés Albo Márquez (presidente provisional, 2007-2008) Leonardo Valdés Zurita (2008-2014), reforma electoral posterior a 2006 y organización de elecciones 2009 y 2012. Consejeros Presidentes del Instituto Nacional Electoral, (INE): Lorenzo Córdova Vianello (2014-2023), transición del IFE al INE y organización de los procesos 2015 a 2024. A ellos que representan a miles de grandes talentos y capacidades que hizo posible la transición, producto del debate razonado, responsable e intenso; realizado por etapas; que crearon las reglas del juego; que hicieron posible que la comunidad internacional reconociera a el alto nivel democrático de nuestro país. Presidencias que honraron nuestra Patria.

Guadalupe Taddei Zavala (2023-actualidad).

Una institución construida con la sociedad, en efecto, la autonomía electoral no fue una concesión espontánea del poder público. Fue resultado de las demandas ciudadanas, de la participación de organizaciones civiles, de la presión de las fuerzas políticas y de sucesivas reformas que hicieron posible transitar de un sistema cuestionado por la desconfianza a uno sustentado en reglas, procedimientos, profesionalización y vigilancia pública.

En esa evolución, el Servicio Profesional Electoral constituyó una pieza fundamental. La formación especializada, la imparcialidad de sus integrantes, la experiencia acumulada y la continuidad técnica permitieron desarrollar capacidades que trascendieron los cambios de gobierno y la competencia entre partidos. Detrás de cada elección confiable hubo conocimiento, disciplina, trabajo territorial y responsabilidad institucional, iniciada por el Licenciado Rubén Lara León.

México se proyectó como referente internacional, a experiencia electoral mexicana despertó un interés internacional sostenido. Delegaciones, observadores y especialistas de numerosos países acudieron a conocer sus procedimientos, sus mecanismos de organización, sus sistemas de registro electoral, la capacitación ciudadana, la integración de las mesas receptoras del voto y sus instrumentos de fiscalización y cómputo.

Se ha referido la presencia de cerca de mil misiones internacionales a lo largo de esta trayectoria. Más allá de la cifra el dato expresa la dimensión de un aprendizaje que convirtió a México en un espacio de referencia para el intercambio de experiencias electorales. No hubiera sido posible sin las capacidades e impulsos de alto nivel del Maestro Manuel Carrillo Poblano.

Ese reconocimiento tuvo también una expresión concreta en la cooperación internacional. En 2001, durante la elección presidencial de Perú, la experiencia profesional electoral mexicana contribuyó a los esfuerzos de asistencia electoral internacional en un momento decisivo para la recuperación democrática de aquel país. Haber participado en esa tarea, como integrante del Servicio Profesional Electoral y a través de la Organización de las Naciones Unidas, representa una experiencia personal que también forma parte de una historia colectiva: la de compartir conocimientos y poner las capacidades institucionales al servicio de la democracia.

IFE-INE, construyó un patrimonio que exige responsabilidad de gobernantes y gobernados. Los méritos del IFE y del INE no deben entenderse como una idealización de sus actuaciones ni como la negación de sus errores. Su principal fortaleza radicó en construir procedimientos verificables, autoridades especializadas, mecanismos de impugnación y condiciones para que la competencia política pudiera resolverse mediante el voto y el derecho.

La autonomía electoral es una garantía para la ciudadanía, no un privilegio de los funcionarios; una condición para la competencia democrática, no una prerrogativa de los partidos; y un límite al poder, no un obstáculo para la gobernabilidad. Por ello, preservar la independencia, la capacidad técnica y la credibilidad de la autoridad electoral constituye una responsabilidad compartida entre instituciones, actores políticos y sociedad.

A treinta y seis años de aquel 11 de octubre de 1990, recordar al IFE y reconocer la trayectoria del INE es rendir homenaje a una obra colectiva de la democracia mexicana. Es reconocer a quienes imaginaron, construyeron y perfeccionaron sus procedimientos; a los servidores públicos electorales que hicieron de la profesionalización una vocación; a los ciudadanos que integraron las mesas de votación y defendieron su sufragio; y a una comunidad internacional que encontró en México experiencias valiosas para fortalecer sus propias instituciones.

Las instituciones democráticas no se miden únicamente por las elecciones que organizan, sino por la confianza que generan, los derechos que protegen y los límites que imponen al ejercicio arbitrario del poder. 

La democracia mexicana tiene en la historia del IFE y del INE una de sus conquistas institucionales más importantes. Preservar ese legado no significa detener la evolución, sino asegurar que toda transformación fortalezca la autonomía, la imparcialidad, la profesionalización y la confianza ciudadana. Porque la democracia no se hereda terminada: se construye, se cuida y se renueva en cada elección.

Una exigencia también para quienes integran la institución. A las autoridades electorales, al Servicio Profesional Electoral y a la Rama Administrativa, la exigencia de honrar cotidianamente la autonomía que la Constitución les confiere el deber de no permitir que la institución se aparte de su misión en el PACTO NACIONAL.

La independencia institucional debe expresarse en conducta; la imparcialidad, en cada decisión; la profesionalización, en la calidad del trabajo; y la legalidad, en el respeto irrestricto a las reglas y los derechos político-electorales. Ningún cargo está por encima de la misión institucional, ningún interés personal debe prevalecer sobre el interés público y ninguna lealtad política puede anteponerse al deber de servir a la democracia. 

La experiencia acumulada durante décadas obliga a preservar el conocimiento técnico, fortalecer el mérito, proteger la carrera profesional y garantizar que las decisiones se adopten con independencia, transparencia y rendición de cuentas. La fortaleza del sistema electoral no depende únicamente de sus normas, sino de la integridad, la capacidad y el compromiso de las mujeres y los hombres que lo hacen funcionar.

A los gobernantes, asuman la responsabilidad de no colonizar ni subordinar a la autoridad encargada de organizar las elecciones.

A la ciudadanía, corresponde mantenerse vigilante, participativa y comprometida con la defensa de esta institución, baluarte de los valores y las virtudes democráticas.

Porque la autonomía se conquista en las leyes, se acredita en las decisiones y se sostiene con la conducta de quienes la ejercen. Defender al INE es defender el derecho de México a elegir libremente su destino. 

La autonomía electoral no es patrimonio de un gobierno, de un partido ni de una generación: es una conquista colectiva que pertenece a México y cuyo resguardo exige memoria, responsabilidad y convicción cívica.

Cuando el poder pretende controlar las elecciones, la democracia queda en riesgo; pero si la ciudadanía defiende la autonomía de quien las organiza, protege su libertad, su voto y su derecho a decidir su propio destino.

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