Soledad Mexicano
En el registro documental tras un debate parlamentario en la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, “se dio lectura a un pronunciamiento oficial para condenar las acciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU. (ICE) tras la muerte de 17 ciudadanos mexicanos bajo su custodia.”
Era de esperar la condena de Legisladoras y de Legisladores ante un hecho indignante.
He aquí la discusión y las deliberaciones centrales en la Permanente: la aprensión del exgobernador Ernesto Ruffo, los horrorosos y sangrientos acontecimientos en Zacatecas, la contabilidad del crimen organizado, los bazucazos del amanecer, la creación de centros de entrenamientos criminales, el deslizamiento del fentanilo y contaminación del cerebro de los jóvenes, las demandas de las mujeres buscadoras, el dolor familiar causado por la desesperanza, el fraude y la mentira, la colonización del poder y su personalización confirma en los niveles de corrupción.
En el Senado donde se celebran las sesiones de la permanente campeaban las noticias. En el horizonte de guerra resaltó la alta polarización y convulsiones: por la violencia y las consecuencias derivadas de las nuevas relaciones de poder, en la que los Migrantes son los más débiles de los eslabones de la cadena humana. En la que urge una profunda reflexión sobre ¿cómo se vive hoy la migración americana en los EEUU?
A la vista el que se enfrenta un dilema humano y político central de nuestra época. Así como también un panorama global polarizado: donde los conflictos geopolíticos y los reacomodos de poder tensionan las fronteras, es así como los migrantes suelen convertirse en el eslabón más vulnerable de la cadena, por ende, exige analizar varias capas de esta realidad: La reflexión que envuelve a senadores y diputados sobre el cómo se vive la migración americana en los Estados Unidos, exige analizar varias capas de esta realidad.
Se amplia la agenda que no solo plantea reacomodos políticos, retos legislativos, visiones de estado, regionales, hemisféricas, sino abre la ventana planetaria. Entre la necesidad económica y la estigmatización política, existe una profunda paradoja: La fuerza laboral migrante es un pilar fundamental de sectores clave como la agricultura, la construcción, la hostelería y los servicios, pero también, de la política que exige del estadista. El trabajo del migrante sostiene dinámicas económicas cruciales. Exige en la realidad de un nuevo Senador y nueva una Senadora, de un nuevo Diputado y una nueva Diputada que piense en su Estado.
En periodos de alta polarización electoral y tensiones económicas internas, el discurso político apela con frecuencia al miedo. El migrante pasa de ser un trabajador indispensable a ser señalado como una amenaza a la seguridad o a la identidad nacional.
La vulnerabilidad jurídica y el impacto en la vida diaria del migrante que Vive en la irregularidad o bajo esquemas de protección temporal implica habitar en un estado de incertidumbre permanente: Para millones de personas, el temor a la detención o la deportación condiciona cada aspecto de la rutina diaria: desde acudir a un hospital o denunciar un delito, hasta el simple hecho de desplazarse al trabajo. La detención migratoria se percibe, en la práctica, como un mecanismo de intimidación silenciosa.
Aunque el control de las fronteras es una prerrogativa soberana de cualquier país, la reflexión ética urgente gira en torno a los límites de la acción estatal: Ninguna política de seguridad nacional o control fronterizo debería despojar a un individuo de sus derechos humanos básicos, como el derecho a la integridad física, al debido proceso y a la comunicación con sus representaciones consulares.
La persecución o las condiciones extremas de custodia generan traumas duraderos en familias y comunidades a ambos lados de la frontera.
Pensar la migración en EE. UU. requiere mirar más allá de la frontera sur estadounidense: La violencia, la falta de oportunidades económicas, la inestabilidad política y el impacto del cambio climático en América Latina obligan a millones a abandonar sus hogares. La migración rara vez es una elección voluntaria; suele ser una estrategia de supervivencia.
Los países de origen y de tránsito también enfrentan el reto ético y político que es generar condiciones dignas para que migrar sea una opción y no una necesidad impuesta por la desesperación.
La agenda es apabullante, circula por una pista que no permite la reflexión, sino el manoseo de temas que no parecen tener más ruta, más que la del caos.
