Darío Mendoza A
Cada mañana, desde el atril presidencial, el discurso oficial insiste en señalar enemigos externos. Se construyen relatos sobre amenazas fantasma, conspiraciones de la “ultraderecha internacional” o la supuesta injerencia del vecino del norte. Sin embargo, los mayores riesgos para el gobierno de la presidenta no provienen de Washington ni de facciones extranjeras: las verdaderas amenazas son internas, tienen rostro, nombre y están listas para estallar.
La bomba política: el mito de la unidad y el fantasma de Palenque
La primera bomba de tiempo se cocina en las entrañas del propio movimiento oficialista. Mientras el discurso público presume cohesión, el denominado “Grupo Palenque” —encabezado por el expresidente Andrés Manuel López Obrador— opera bajo una agenda propia, orientada a la autoprotección y a conservar el control del poder a toda costa.
La cautela de la mandataria resulta elocuente. Aunque publica mensajes e indirectas en redes sociales, evita mencionar por su nombre a figuras clave como el gobernador Rubén Rocha Moya o el senador Enrique Inzunza. Estos personajes, lejos de retirarse por completo, se han hecho a un lado tácticamente, sin soltar sus verdaderos nichos de poder.
En la cúpula de este grupo no hay tranquilidad: hay temor. La eventual cooperación en materia de inteligencia entre el secretario Omar García Harfuch y agencias de Estados Unidos mantiene en alerta a liderazgos que saben que su margen de maniobra se agota. El miedo es un mal consejero y puede detonar acciones desesperadas. México atraviesa una crisis de poder: la percepción de que existen “dos presidentes” alimenta una inestabilidad política cada vez más difícil de contener.
La bomba fiscal: la sombra de la debacle económica
El segundo artefacto de alto riesgo es contable, pero sus consecuencias serán sociales. La deuda pública continúa su trayectoria ascendente y ya encendió las alarmas en organismos financieros nacionales e internacionales. Diversos analistas advierten que el saldo de la deuda podría superar el 60 % del Producto Interno Bruto (PIB) entre este y el próximo año.
Alcanzar ese umbral colocaría a las finanzas públicas en una zona de emergencia. El margen de maniobra fiscal se encuentra estrangulado por dos factores heredados del sexenio anterior:
• Los compromisos presupuestales para sostener las grandes obras de infraestructura.
• El constante drenaje financiero que representa Petróleos Mexicanos (Pemex).
Sostener este esquema compromete la viabilidad de la economía nacional y restringe el gasto en áreas prioritarias. La factura, tarde o temprano, llegará a la mesa de millones de mexicanos.
Culpar al exterior puede funcionar como distractor discursivo en el corto plazo, pero no neutraliza los desequilibrios internos. La inestabilidad política provocada por las pugnas de poder en la cúpula y el deterioro de los indicadores fiscales representan los desafíos centrales del país. Son dos bombas silenciosas, cargadas y con la cuenta regresiva en marcha: si el gobierno no logra desactivarlas a tiempo, el futuro de México podría quedar atrapado en una crisis de enormes dimensiones.
