Elio Villaseñor
«El poder surge allí donde las personas actúan juntas.»
— Hannah Arendt
México vive entre el desencanto y la esperanza.
La inseguridad, la impunidad, la corrupción y la polarización han desgastado la confianza ciudadana.
Pero debajo del cansancio algo comienza a moverse.
¿Y si el desencanto, en lugar de llevarnos a la resignación, estuviera despertando una nueva ciudadanía mexicana?
El lento despertar ciudadano
La ciudadanía no siempre reacciona de inmediato frente a la injusticia o los abusos del poder.
Durante años, el malestar puede acumularse hasta convertirse en frustración, indiferencia o resignación.
Sin embargo, debajo de esa aparente pasividad permanece una reserva de dignidad y sentido de justicia.
En México la vemos en las madres buscadoras, en las mujeres que luchan contra la violencia, en las comunidades que defienden sus territorios, en los jóvenes que reclaman oportunidades y en las organizaciones que acompañan diversas causas sociales.
Cuando ciertos límites se rebasan, las personas comienzan a organizarse, levantar la voz y exigir cambios.
Ahí empieza el despertar ciudadano.
Cuando el desencanto también educa
Solemos pensar que el desencanto solo produce apatía. Pero también puede convertirse en aprendizaje colectivo.
El desgaste de la ciudadanía no solo genera desilusión; también va decantando valores, aprendizajes y nuevos liderazgos.
México ha aprendido que la democracia no termina en las elecciones. Ser ciudadano significa votar, pero también participar, defender derechos, vigilar al poder, exigir cuentas y colaborar en la solución de los problemas colectivos.
Por eso necesitamos pasar de ser solamente beneficiarios de las políticas públicas a reconocernos como ciudadanos con derechos y responsabilidades.
Lo público no pertenece al gobierno; pertenece a la sociedad.
La Generación Z: algo se está moviendo
En este escenario aparece una generación que construye una relación diferente con la política y el poder.
Muchos jóvenes desconfían de los discursos políticos tradicionales, cuestionan las jerarquías y demandan transparencia, oportunidades y coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
El periodista Andrea Rizzi habla de un «movimiento telúrico muy fuerte» al referirse a las movilizaciones de la Generación Z en distintos países.
México no está al margen.
Quizá no estamos frente a jóvenes indiferentes a la política, sino ante una generación que busca otras maneras de participar, organizarse y ejercer ciudadanía.
Construir puentes entre generaciones
Ninguna generación comienza desde cero.
Quienes hemos participado durante años en procesos ciudadanos podemos aportar experiencia, memoria y perseverancia.
Las nuevas generaciones aportan creatividad, innovación, herramientas digitales y nuevas formas de organización.
No se trata de sustituir una generación por otra.
Se trata de construir puentes.
Cuando las generaciones se escuchan y trabajan juntas, la ciudadanía deja de ser una herencia para convertirse en una construcción compartida.
Del desencanto a la esperanza
México atraviesa tiempos difíciles, pero el desencanto no tiene por qué terminar en resignación.
El desafío es transformar el malestar en participación: pasar de la queja a la propuesta; de la resignación a la organización; de la polarización al diálogo; y de esperar todas las soluciones desde el poder a asumir nuestra responsabilidad en la construcción del bien común.
El futuro de México no dependerá solamente de quienes gobiernan.
También dependerá de la calidad, independencia y compromiso de nuestra ciudadanía.
Como nos recuerda Hannah Arendt, el poder surge cuando las personas actúan juntas.
Quizá el verdadero despertar ciudadano comienza cuando dejamos de preguntarnos solamente qué puede hacer el gobierno por nosotros y empezamos a preguntarnos:
¿Qué podemos hacer juntos por el México que queremos construir?
