Otro error diplomático

Autor Congresistas
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Oscar Negrete Reveles

La relación de México con Estados Unidos es la relación diplomática más importante para nuestro país. No hay ninguna duda al respecto.

Desde el punto de vista demográfico, la población mexicana y de ascendencia mexicana que vive en Estados Unidos, aumenta cada año. Aunque la población llamada “hispana” se concentra en los estados de Nueva York, Nueva Jersey, Illinois, California, Texas, Arizona y Nuevo México, se abre camino cada año en otros estados donde incrementa su presencia, como Colorado y Nevada.

Desde el punto de vista comercial, Estados Unidos es el mayor socio de México y destino principal de las exportaciones nacionales. México a su vez importa de Estados Unidos mercancías que incrementan el nivel de vida y posibilidades de consumo de los mexicanos y las empresas estadounidenses dan empleo a miles de mexicanos.

Desde el punto de vista educativo, son miles de profesionistas mexicanos los que se educan en Estados Unidos a nivel de grado y posgrado. Tampoco podemos omitir a los que viven en los estados fronterizos mexicanos, pero, al haber nacido en Estados Unidos, tienen derecho y asisten a las escuelas primarias que están del otro lado de la frontera.

Desde el punto de vista social, millones de familias mexicanas reciben recursos de los trabajadores que legal o ilegalmente, viven y trabajan en EEUU y envían divisas a México. Los ingresos de México por remesas son mayores a los ingresos petroleros nacionales.

El intercambio turístico no es menos importante. Los visitantes extranjeros que derraman más divisas en destinos turísticos mexicanos de vocación internacional, como la Riviera Maya y Puerto Vallarta, son estadounidenses.

Son tantos los intereses objetivos que nos ligan a EEUU que nuestra obligación diplomática básica, es mantener y mejorar la relación en todos sus aspectos. Es algo simple de entender.

Uno de los puntos más importantes de esa relación es la necesidad de lograr que los llamados dreamers y otros inmigrantes que no tienen calidad migratoria suficiente para vivir y trabajar en EEUU al amparo de la ley, logren una regularización legal que les permita evitar la persecución y acceder a los beneficios de la residencia legal o ciudadanía. Por tanto, el esfuerzo diplomático primigenio de México debería enfocarse en la cooperación dinámica y multifacética con EEUU y en la consolidación de grupos de trabajo para la seguridad mutua, la cooperación económica transfronteriza con énfasis en las materias energética y de explotación responsable, conservación de recursos naturales y la prosperidad económica binacional.

Cuando la administración actual decidió acercarse amistosamente para “estrechar vínculos” con regímenes autoritarios como los de Cuba, Nicaragua y Venezuela, optó por darle la mano a gobiernos que han reprimido y reducido la dignidad y posibilidades de desarrollo humano de su población para mantenerse en el poder. Es decir, darle la mano a Castro, Ortega y Maduro implicó darle la espalda a los pueblos cubano, nicaragüense y venezolano. Esto, porque en ninguno de estos tres países existen las libertades básicas del ser humano ni las posibilidades de desarrollo, crecimiento y seguridad que brinda la democracia.

Al extender la mano a dichos regímenes, esta administración reduce las esperanzas de cambio para los pueblos de esos países y se confronta con estulticia con la diplomacia estadunidense. El engaño está en llamar irónicamente “pueblos hermanos” a los pueblos centroamericanos, cuando todos los seres humanos somos iguales y deberíamos tenernos consideración fraternal recíproca, por eso, el pueblo estadounidense, –en el que crece cada día más la población hispana–, también debería ser un pueblo hermano. Los pueblos hermanos no sólo comparten fenotipo y ancestros, comparten valores y sentido de la vida. Por ello nos hermanan más las convicciones democráticas. las libertades y responsabilidades ciudadanas, que el mestizaje virreinal del pasado. No hay razón, –que no sea el resentimiento o la envidia–, para discriminar al pueblo de Estados Unidos de la categoría de pueblo hermano. Viven más “hermanos” mexicanos en EEUU que en Cuba, Nicaragua y Venezuela juntos.

La primera obligación de todo gobernante es velar por el mejor interés nacional. No obstante, el mejor interés nacional de los mexicanos estaba en cooperar con la agenda internacional de promoción democrática de EEUU y buscar la negociación para la regularización de los dreamers y otros indocumentados mexicanos en ese país. Empero, al haber optado por acercarse y estrechar “lazos de amistad” con los dictadores que gobiernan Cuba, Venezuela y Nicaragua, la administración actual ha enterrado las esperanzas de los dreamers sobre su regularización y ha demostrado que tiene interés en sostener y apoyar regímenes dictatoriales, aunque no está claro qué recibe México a cambio de ese apoyo diplomático y económico.

En breve, al apoyar a los dictadores latinoamericanos, la actual administración mexicana le dio al gobierno de Biden y a los opositores republicanos la excusa que necesitaban para no apoyar la agenda de regularización migratoria.

Por las razones expuestas, se debe exigir a la cancillería mexicana que los esfuerzos diplomáticos se enderecen a cumplir con una deuda histórica que se tiene con la población mexicana que vive en EEUU; y no a apoyar regímenes dictatoriales que no le representan beneficios reales a México, ni tienen nada que ver con el mejor interés nacional de nuestro país.

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