Diputado Arturo Ávila escapa cobardemente por miedo a pelear con diputado Carlos Gutiérrez

Autor Congresistas
16 Vistas

Redacción

El 12 de agosto de 2026, el patio del senado mexicano nos obsequió intensa actividad de legisladores. No por debate político ni ideas de implementación o evaluación de leyes y política pública, sino por un pleito digno de borrachos de cantina.

El debate legislativo mexicano ha perdido toda su calidad técnica. Esa frase de Vicente Guerrero, que está en el propio senado y que dice: “La Patria es Primero”, es una frase hoy hueca y sin sentido, porque los legisladores solo quieren una cosa: poder y votos.

Arturo Ávila es un experto provocador. Usa la ironía y la burla, con más soltura, pero con menos popularidad que el predecesor de la presidenta. Lo hemos visto usando ese humor irónico, esa oratoria agresiva en contra de medios de comunicación y opositores por igual. Lo vemos en los espacios de Azucena Uresti, Pepe Cárdenas, Adela Micha, etc.

No obstante, esta vez la cercanía con las altas esferas de Morena (incluida Luisa María Alcalde) no le alcanzó para salir protegido. De hecho, salió muy raspado, temblando. Dicen que el pez por su boca muere y, pues sí. Independientemente de la razón de fondo, cuando dos legisladores pasan de debatir leyes o políticas públicas a acusaciones e insultos personales, esto nos dice que nuestra democracia ha fallado. No sabemos elegir bien a quien nos representa. No nos importa el deber cívico de conocer y evaluar la preparación de los candidatos.

La relación entre poderes no es funcional. Estar en dimes y diretes por relaciones de políticos con el narcotráfico es muy serio. Y los representantes del pueblo son una vergüenza. Arturo Ávila quedó como un absoluto cobarde, porque, igual que a Noroña, lo bravucón se lo quitaron en un enfrentamiento sencillo, ¡sin golpes! Solo con levantarle la voz bastó para que lo viéramos temblar y huir. Le dio miedo pelear. Ahora salen pacifistas después de que se les cayó el disfraz de macho alfa.

Como hombre falló, porque la regla es clara: Cuando la agresión pasa a lo físico ya no hay opción. Hay que defenderse, aunque salga uno golpeado. Pero en política la dignidad no importa, lo que importa es el poder. Triste la realidad mexicana y que los mexicanos acepten estos políticos a cambio de alguna beca o pensión.

¿Cómo llegamos a este punto?

México llegó a este punto de confrontación por los sentimientos de rencor y odio que AMLO se encargó de sembrar en la población más vulnerable, la que no tiene acceso a medios de educación que le permitan evaluar hechos políticos con pensamiento crítico. La que puede vender su voto por una pensión a costa de lo que sea que le pase al país.

¿Cuántas amistades y relaciones familiares no se han deteriorado o perdido por el pleito entre chairos y los demás? México no estaba así de dividido. Había diferencias, pero el pueblo buscaba el mejor interés común. Por eso el pueblo sacó al PRI, le dio una oportunidad a Fox, volvió con el PRI y luego a Morena. El asunto es que Morena está destruyendo los contrapesos institucionales poniendo sal a la herida de cosas que pasaron hace 300 años, como la conquista de la Nueva España, que hoy es nuestro México. Pero el resentimiento está decidiendo nuestro futuro como nación, no las mejores políticas públicas ni el deseo de un país moderno y próspero.

Las cosas siguen subiendo de tono, la presidenta no tiene el control del país. El régimen ha publicado una lista de periodistas que –según ellos- le son adversos (lo que los pone en peligro) y los EEUU le han revocado la visa al Andy, hijo del antecesor de la presidenta. Las confrontaciones van a seguir y no sabemos hasta donde va esto a llegar. 

Artículos Relacionados