Análisis de contenido legislativo.
Forma y fondo de una ley

Autor Congresistas
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Oscar Negrete

Crédito: Imagen de jessica45 en Pixabay

La ley es la base del estado de derecho. Es la única herramienta de la que disponen las sociedades civilizadas para evitar que el aprovechamiento de los recursos, la resolución de conflictos y las normas de convivencia se basen en la violencia, en la venganza o en la fuerza bruta. No obstante, para que la ley funcione, como se debe, la ciudadanía debe tener el convencimiento de que la ley es el fundamento de la convivencia sana y plural, y el poder judicial debe gozar de autonomía plena e integrarse por jueces y funcionarios profesionales, letrados e imparciales.

La creación legislativa debe de enfocarse, en primer lugar, a su pertinencia social. Es decir, servir a las necesidades inmediatas del grupo. En segundo término, en tener consistencia y coherencia constitucional y, finalmente, en regular la protección eficaz de un bien jurídico tutelado. La ley debe también establecer destinatarios y operadores jurídicos, públicos o privados, para su aplicación.

Para lograr esa pertinencia, antes de la emisión formal de una ley, se deben de realizar estudios acerca del fenómeno a regular, para contar con parámetros técnicos e independientes con recomendaciones comparativas acerca de la mejor forma de hacer una aproximación legislativa al fenómeno correspondiente. Una vez que se cuenta con un entendimiento técnico de la necesidad o situación a regular, es indispensable contar con estudios de derecho comparado para conocer cómo se regula el fenómeno de mérito en otras jurisdicciones, de manera que pueda obtenerse ventaja de los principios de derecho comparado.

Una vez que se tiene un entendimiento de la realidad a regular y se tienen parámetros sobre propuestas técnicas y perspectivas de derecho comparado, conviene realizar ejercicios de parlamento abierto, para convocar a la sociedad civil y expertos independientes a contribuir con sus ideas para la mejora del producto legislativo final. Es decir, debe democratizarse el proceso legislativo para que la norma sea creada, conocida y moldeada con pluralismo. En este punto, se pierde mucha de la riqueza regulatoria, ya que diferentes grupos parlamentarios toman a las leyes como proyectos propios, lo cual es un error, ya que una ley responde a una necesidad colectiva y debe enriquecerse con pluralidad de voces. La ley no es un logro ideológico ni partidario, la ley constituye el parámetro de lo que guía las acciones públicas y privadas en beneficio colectivo. Si la forma de gobierno de una república -la cosa pública- nos atañe a todos, las leyes que rigen las actuaciones del sector público y privado también deben ser participativas en su proceso de creación, para que no se vuelvan una imposición caprichosa.

Las leyes deben definir su objeto y propósito con claridad. El uso del lenguaje debe ser lo más accesible y sencillo posible, sin perder fineza técnica. Al establecer sus principios y reglas generales de aplicación, en la sección que comúnmente se conoce como ¨Disposiciones Generales¨ la ley debe de incluir términos definidos, para facilitar su interpretación, así como sus ámbitos de aplicación personal, material, espacial y temporal.

Las leyes deben establecer también, con claridad, derechos, obligaciones, atribuciones, autoridades operadoras, procedimientos y sanciones.

Por último, las leyes deben establecer un régimen transitorio para su entrada en vigor, asegurándose que las instituciones y los operadores que administrarán su aplicación se encuentren en condiciones concretas de cumplir con ese objetivo.

Desde la presentación de la iniciativa, hasta la publicación para el inicio de vigencia, el legislador debe tratar de incluir la participación ciudadana lo más posible. De esta forma, el proceso legal no solo se convierte en un formalismo ni en una simulación para imponer regulaciones, sino en un proceso participativo, vivo, incluyente e informado que sea pertinente y funcional a las necesidades comunes. Depende de los legisladores y de los ciudadanos estar a la altura del estado de derecho que desean. La apatía y la mediocridad son caminos a la tiranía y a la pobreza.

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