Sin miedo a la Inteligencia Artificial. El truco regulatorio en el Congreso y la ventaja económica que busca Estados Unidos

Autor Congresistas
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Redacción

La agenda nacional observa cuidadosamente la agenda legislativa estadounidense. En ese país, los noticieros y las redes sociales enfocan las opiniones de los grandes millonarios, CEOs y expertos en inteligencia artificial en los Estados Unidos, quienes alertan con morbo que urge una regulación estricta y levantan miedo sobre el desarrollo de la inteligencia artificial (IA).

No obstante, es muy peculiar que las mismas personas que buscaban inversionistas, recursos y talento humano para desarrollar la IA sabiendo lo que hacían, ahora quieran “echarse para atrás”.

Tenemos que analizar no solamente lo que dicen, sino lo que no dicen y sus incentivos:

Una regulación estricta, hecha a modo de las necesidades de los gigantes que hoy presionan a los legisladores puede derivar en asegurarles el mercado y la prevalencia sobre competidores menores o más modestos. Es decir, están creando miedo para generar regulación de sastre que les asegure mantener sus posiciones dominantes, explotando el miedo y la ignorancia. Buscan un oligopolio regulatorio.

Precisamente el miedo y la ignorancia han sido los mejores aliados de los grupos en el poder que manipulan a la mayor parte de la población. Ya hemos pasado por etapas similares. Cuando se creó la cámara fotográfica, había personas que le tenían miedo porque les “quitaba el alma”. Cuando se crearon los aviones, muchas personas (inclusive y vergonzosamente hasta el día de hoy), tenían miedo a volar. La herbolaria en un tiempo se percibió como brujería y las conductas no aceptables para un grupo dominante se determinaron como “pecados”, con amenazas metafísicas que la gente creía, aceptaba y temía, sin ninguna evidencia lógica, pero con la presión que genera la aceptación colectiva de la amenaza y del enemigo discursivo.

Esta etapa nos recuerda al mito de la caverna, donde las personas viendo sombras en la caverna piensan que esa es su realidad. Cuando uno de ellos sale de la caverna y observa una realidad distinta, regresa a compartirlo con los demás y, en vez de abrir su perspectiva a la nueva realidad, los demás en la caverna se vuelven hostiles contra aquél. En parte, la interpretación del mito nos enseña que los seres humanos nos aferramos a una cómoda creencia y hacernos cambiar es muy difícil, casi imposible, por miedo e inseguridad.  

La IA está generando avances en investigación científica, ambiental, química y medicinal. Va a reducir drásticamente los tiempos de investigación y desarrollo, y nos va a ayudar a vivir más y mejor, proponiendo modelos lógicos para la resolución de nuestros problemas, pero parece ser que los grandes conglomerados económicos súbitamente no desean estos resultados y están presentando escenarios francamente basados en la ciencia ficción para asustar a la gente y finalmente lograr un mercado cerrado en el que, a la postre, solo “unos cuantos actores responsables” –incluyéndolos a ellos, por supuesto-, tengan el control de la IA y entonces, solo así, “esté en buenas manos.”

Hay enfermos esperando tratamientos y curas que la IA nos va a proporcionar, y un sinfín de aplicaciones que ahora los iluminados millonarios dueños de los oligopolios de IA quieren detener, no por beneficio social, sino por intereses económicos propios.

Por otra parte, e irónicamente, son China y Rusia quienes representan el mayor incentivo para continuar el desarrollo de la IA en occidente, ya que la competencia de los EEUU con China y Rusia no se van a detener para cosechar sus beneficios sociales, económicos, científicos y militares.

El miedo no puede ser nunca la guía ni la razón de la toma de decisiones. Los que sinceramente teman a la IA deben recordar que la crueldad y la malicia son sentimientos exclusivamente humanos, y por suerte para todos, la IA no comparte esas brutales características evolutivas del homo sapiens.

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