En la marejada

Autor Congresistas
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Hay que mirar las políticas de salud, educación y seguridad a la luz presupuestal con otros ojos, en términos de cuánto nos sirven, cuestan y asignan los gobiernos de los recursos a tareas que responden a derechos humanos y su consiguiente financiamiento. No hay que perder de vista ni asignaciones ni recortes presupuestales porque pueden dañar nuestras aspiraciones.

Vivimos en las mareas electorales que también tienen que ver la de salud, recién salidos de una crisis con un alto costó de vidas y afectaciones económicas que replantean la forma cómo construimos nuestras aspiraciones en salud, educación, empleo, seguridad, información y de participación política.

A lo mejor tendremos que aprender de una vez por todas de que un voto es un derecho, y que en las urnas se transforma en un apoyo a determinados programas que favorecen a la población o esa parte de la población que sufraga a favor de tal candidato y partido.

Hoy en el activismo político tradicional, no se escucha alguna voz que sugiera el que hay que revisar todas nuestras políticas de salud y que estas exigen una mirada integral, ya que finalmente no habrá de perderse de vista que se gobierna para todos y con hechos.

¿Será problema el que las políticas sociales se politicen construyendo ciudadanía o se electoralicen para construir clientelas electorales?

En el marco de la descentralización de la Secretaría de Salud para ubicarse en Acapulco, Guerrero y en la creación por decreto presidencial del IMSS-Bienestar, para atender a una población que no cuenta con ningún seguro de salud, hoy día se busca dar respuesta a una política pública de salud de primer orden y que transitó del Seguro Popular al INSABI bajo un impulso transformador que en salud apunta a un esquema que no acaba por definirse y con financiamiento sin suficiente claridad.

Hoy a cuatro años de gobierno lopezobreradorista, más que encontrar respuestas a la demanda de salud en México, el sistema de salud no libra las amenazas de colapso que representa la sobre cargar al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), un sistema tripartita financiado por sus trabajadores y empresarios afiliados y con aportación federal sólo de un 2% de recursos formando parte del financiamiento de tan noble institución que hoy padece de la sobrecargada de demandas de medicamentos, atención clínica, tratamientos médicos, incluyendo operaciones quirúrgicas comunes y especializadas.

Para los afiliados del IMSS, de todos aquellos que han pagado sus cuotas con puntualidad, en la experiencia de una política pública de salud zigzagueante, intempestiva, que a lo largo de cuatro años resulta familiar tener como consecuencia la falta de surtido y acceso a medicamentos que acompaña a sus recetas, las enormes filas para la atención médica, el espaciamiento de la consulta médica y también encontrarse en las redes, la televisión y la prensa escrita y digital con testimonio que recogen o denuncia el ciudadano común sobre la demanda insatisfecha de los niños que padecen cáncer, de los que mueren o incrementan el riesgo ante una afectación terminal agravado por las circunstancias, de mujeres que reclaman la continuidad en el surtido de medicamentos y quimioterapias.

Un nuevo diccionario y anecdotario se viene construyendo entre la población derechohabiente del IMSS como la interpretación del funcionamiento del sistema de salud pública y privada dando paso el ingenio que distingue a los mexicanos, que dibuja el perfil de los directores, del personal, cuyo sabor agridulce se incrementó con el sistemas de contratación de los médicos cubanos en condiciones de desigualdad con los nacionales.

Quienes visitamos redes nos es frecuente encontrarnos con las demandas de mujeres solicitando ayuda para recibir sus tratamientos que se han visto interrumpidos por la falta de medicamentos. Y a la vista la ausencia de que surja una respuesta institucional a la demanda de un derecho humano o como acción asertiva de una política pública que se acompaña de un ejercicio presupuestal y de propaganda.

En materia de salud como también en políticas de educación abundan las preguntas que resultan en términos de las matemáticas electorales y que se agrupan en la secuencia de la movilidad hacia las urnas en tanto de que no son prioridades en la agenda de los ciudadanos y ciudadanas.

Todos los martes en el curso de las Mañaneras se piensa que se brinda información en la sección el Pulso de la Salud, sobre el curso de la política en la materia. El programa tiene como objetivo universalizar el derecho humano a la salud en un proceso de federalización de los sistemas de salud locales que cursa como un oleaje por voluntad de los gobernadores a formar parte del IMSS-Bienestar.

Y como sustancia del discurso falta la atención en la información necesaria sobre modalidades de inscripción al Seguro IMSS-Bienestar, catálogo de servicios de atención, padecimientos, métodos de inscripción, esas iniciativas que aterrizan en una realidad el discurso político que debe dar respuestas.

Cuestiones como el padrón de agremiados, recursos de infraestructura médica, clínica, hospitalaria, personal especializado, médicos y lo que puede identificarse como financieros y catálogos de servicios, padecimientos, no son temas de información ni de registro de información, que espera la marea alta de otra oleada de surfistas.

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