Dos INE; una defensa

Autor Congresistas
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Sergio González

Cuando fue profesor de Derecho Constitucional, el expresidente norteamericano Woodrow Wilson decía que el Congreso en Pleno era el Congreso en exhibición y que el Congreso en comisiones era el Congreso trabajando.

Alego hace años que algo así sucede con el INE, el de mis mayores y el de ahora. Una cosa es el Servicio Profesional Electoral Nacional y otra la Alta Dirección. 

El primero es el de siempre: el de la experiencia acumulada y el trabajo cotidiano eficiente y eficaz que rara vez ocupa las primeras planas. Es el de mujeres y hombres que por todo el país conocen el territorio palmo a palmo y la ley en todos sus recovecos; que crean y/o preparan procedimientos, capacitan, verifican y sostienen la organización electoral con soltura, pericia técnica e imparcialidad y una gran lealtad a la Constitución y a los principios rectores de la función.

Ese INE permanece cuando cambian las presidencias, las consejerías y hasta los altos mandos ejecutivos y técnicos. Su continuidad descansa en conocimientos, formación, seriedad, evaluación y responsabilidades profesionales. Cada proceso electoral tiene detrás meses de trabajo paciente, decisiones técnicas y cumplimiento de plazos. Reconocerlo supone valorar también al personal de la rama administrativa que hace posible esa operación. Su esfuerzo merece una mirada más justa que la generalización del escándalo.

El otro INE es el del Consejo General. Es el espacio de las grandes deliberaciones públicas, las diferencias, la argumentación sofisticada, las votaciones y las decisiones de conducción institucional. Allí deben discutirse los nombramientos, los grandes proyectos, las reglas y los mecanismos de vigilancia. Allí corresponde exigir argumentos, transparencia y congruencia. Su carácter colegiado reclama que cada integrante asuma sus atribuciones y explique sus decisiones.

Los dos INE integran una misma institución y se necesitan mutuamente. La capacidad técnica requiere conducción responsable; la dirección necesita escuchar y proteger el conocimiento profesional. Ninguno debe utilizar al otro como refugio frente al escrutinio; tampoco cabe trasladar automáticamente una sospecha sobre determinada persona a quienes cumplen diariamente sus deberes.

En el tema de los cuestionamientos recientes a la Consejera Presidenta sugiero bajar el volumen y elevar la exigencia, pero sobre todo distinguir con prudencia y serenidad al INE estratégico (temporal) del INE táctico (permanente). México necesita un INE confiable para todas las fuerzas políticas y, sobre todo, para la ciudadanía. Cuidarlo exige reconocer a su personal, preservar su autonomía y revisar con seriedad la actuación de quienes lo dirigen. 

Confundir una gestión con toda la institución empobrece el debate y desvía la atención; tampoco resulta razonable convertir cualquier pregunta dirigida a Taddei en una agresión contra el organismo. También aquí hace falta precisión: la presidenta es parte del Consejo General; sus actuaciones y responsabilidades deben examinarse individualmente. Las demás consejerías tienen voz, voto y obligaciones propias, pero no conducen la administración ni tienen hoy injerencia alguna en los nombramientos superiores. La pluralidad de posiciones puede contribuir a prevenir errores y fortalecer controles, siempre que el desacuerdo produzca razones y soluciones.

Recientemente, platicando con un alto directivo (en realidad muy alto), le referí el antiguo apotegma de que había procesos electorales que salían bien, inclusive a pesar del Consejo General. No me contradijo, pero sonrió. La prudencia sirve para juzgar mejor; la serenidad, para exigir cuentas sin destruir aquello que debemos preservar como garantía del régimen republicano de gobierno.

X:@ElConsultor2

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