¿Y los controles apá?

Autor Congresistas
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Miguel Sánchez

Como era obvio suponer, las inquietudes en el aula salen a relucir con las preguntas del momento: ¿Profesor, de veras un Presidente tiene tanto poder como el que se atribuye a YSQ para hacer todo lo que le plazca?

La explicación no es sencilla pero de entrada podemos afirmar categóricamente que sí puede hacer todo. Lo estamos viviendo. Un sistema de gobierno presidencial tiene algunas ventajas en democracias consolidadas, pero no es lo mismo en países en donde todavía se transita hacia allá, como en el caso México.

La teoría tradicional nos habla la de división de poderes, en donde todos los poderes tienen el mismo peso, aunque diferente papel. El poder legislativo emite las leyes a través de los diputados y senadores; el Poder Ejecutivo tiene la representación del Estado y el gobierno; y el Poder Judicial dirime los conflictos y aplica la Ley. Es decir, en teoría no tendría por qué haber conflictos porque se tendría que dar un equilibrio de poderes.

En casi todos los países el Poder Judicial y el Poder Legislativo son similares. El cambio sustancial se presenta si el Poder Ejecutivo esta dividido o es unipersonal. Lo explico: en el caso de un sistema Presidencial de Gobierno solo hay una persona que ejerce el gobierno y la representación del Estado ante los demás países; es decir, es jefe de Estado y Jefe de gobierno. Situación que en un sistema parlamentario se ejerce por dos personas distintas, pudiendo recaer la jefatura del Estado en un Rey o figura similar como los casos tradicionales de España y de Inglaterra, en donde hay un primer ministro que ejerce las funciones del gobierno y un jefe de Estado que es el Rey.

La forma de gobierno es la que determina como se va a integrar el poder ejecutivo, considerando que en los países denominados “monárquicos” el Jefe de Estado será a través de la figura real y el jefe de gobierno saldrá del parlamento; mientras que en los que tienen una forma de gobierno republicana será a través de un Presidente y su primer ministro. En un sistema presidencial el poder ejecutivo estará en una sola persona que es a su vez, jefe de Estado y jefe de gobierno. La diferencia entonces entre un sistema presidencial de gobierno y uno parlamentario se va a dar por el número de personas que integran el Poder Ejecutivo.

Ok, ¿pero cual es la relación con los controles de gobierno para el ejecutivo? Precisamente están considerados en el sistema de gobierno, pues mientras que en un sistema parlamentario las votaciones directas definen a los integrantes del parlamento quienes a su vez nombran al gabinete y al primer ministro; en un sistema presidencial hay votaciones separadas para el poder ejecutivo y el poder legislativo, de tal manera que mientras en el sistema parlamentario los integrantes del poder ejecutivo quedan ligados con el parlamento, que puede emitir un voto de censura para la disolución del gabinete, en el sistema presidencial los hace independientes uno de otro, de tal manera que ninguno puede pedir la disolución del otro hasta la conclusión del plazo del mandato.

En pocas palabras, los controles de un gobierno se dan desde su origen, pues mientras que en el caso del sistema parlamentario la supervisión queda entre los mismos poderes que pueden pedir la renuncia o disolución del otro para que se celebren nuevas votaciones y se renueven, aun a pesar de que no haya transcurrido el plazo para el que fueron nombrados, por una parte y por la otra, la división del poder ejecutivo en dos figuras, uno nombrado por el parlamento y otro mediante votación o por herencia real; ayudan a que no se concentre el poder en una sola figura de gobierno.

Estos controles, por desgracia, no se presentan en un sistema presidencial de gobierno en donde si se puede presentar una concentración desmedida de poder, cuando el partido político que llevo al poder al Presidente es el que domina también las cámaras de diputados y senadores, porque entonces el Presidente puede emitir las medidas de gobierno que desee aun que se traten de verdaderas ocurrencias, porque la desobediencia partidista se castiga con dejar de nominar en las candidaturas a quienes no se sometan a las indicaciones que se emitan por quien ejerce el gobierno.

A diferencia del sistema parlamentario en donde los ciudadanos si son electores, porque si eligen a quienes formarán el parlamento, en el sistema presidencial mexicano solo somos votantes; o sea, votamos por el que nos ponen los partidos, teniendo en la mayoría de los casos que votar por el menos peor de los que aparecen como candidatos, puesto que no hay manera de influir en las nominaciones; ya no se diga en las listas de representación proporcional, en donde la trampa consiste en que nuestro voto por un candidato específico, se suma en automático al partido que lo postula, cuando debería haber también una boleta y una urna para la elección de representación proporcional; pero por supuesto que eso no conviene a los partidos, a ninguno, porque normalmente utilizan esa lista para poner a los lideres y amigos nefastos que los acompañan, en los lugares en que garantizan su acceso a las cámaras. En pocas palabras, las listas plurinominales son una burla para los ciudadanos porque ahí seguiremos viendo a los Batres, a los niños verdes Gonzalez, a Dante Delgado, a Noroña, Alitos, Chuchos o Cortés, y varios más; por los cuales no votarían directamente ¡ni en su casa!

De esta manera a falta de controles de origen, el Presidente de un sistema político como el nuestro tiene todo para hacer y deshacer sin el más mínimo recato, sobre todo porque lo que se denomina en otra parte como “partidos de oposición” aquí no existen, solo se concentran en recoger la migajas que les da el mismo sistema por la vía del premio o del castigo, porque a final de cuentas lo que vale es sobrevivir, porque los privilegios que da pertenecer a un partido político no se consiguen a la vuelta de la esquina. No aspiran a gobernar, aspiran al poder y están satisfechos con lo que caiga en el principio del menor esfuerzo, al final los ciudadanos tenemos que conformarnos con lo que nos pongan ¿y si no? ¡para eso están las listas plurinominales!

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