Medalla al Mérito de Derechos Humanos

Autor Congresistas
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Clara Jusidman

Maestra y luchadora social, Clara Jusidman, recibió en diciembre pasado, por parte del Primer Congreso de la Ciudad de México, la Medalla al Mérito de Defensoras y Defensores de Derechos Humanos.

Sus palabras no tienen desperdicio en una urbe tan compleja como la nuestra, cuando la violencia nos agobia y los problemas nos rebasan y no encuentran solución y las soluciones se vislumbran lejanas, ajenas a la convocatoria de participación de los habitantes.

Los derechos humanos son fundamentales y la clave en una democracia plural como la nuestra, y también inmersa en una multiculturalidad, pero además integrada a la tensiones y distensiones de un mundo global, cuyos niveles y órdenes fluctúan en un constante conflicto.

Clara Jusidman en su discurso sostuvo que el “fundamento del trabajo de los defensores de derechos humanos es considerar que todas las personas somos dignas y merecemos poder desarrollarnos en libertad y con plenitud. Que nadie debe conculcar nuestros derechos y libertades fundamentales y que el Estado tiene la obligación de protegerlos, respetarlos, promoverlos y garantizarlos”.

A la cita la Declaración Universal de los Derechos Humanos adoptada en 1948 por la Asamblea General de las Naciones Unidas y seguido de la negra y larga noche de los abusos y crímenes cometidos por los estados totalitarios, una humanidad enfrentada al dolor infringido por los totalitarismos.

Presentes la explicación sobre el sentido de que “las y los defensores de derechos humanos luchamos por la justicia social, por la democracia y por la paz. Buscamos acabar con las violencias, las desigualdades, las discriminaciones y la exclusión. Con frecuencia nos enfrentamos con agentes e instituciones del Estado cuando incumplen con las mencionadas obligaciones, por ejemplo, cuando el Estado permitió y sostuvo por cerca de cuatro décadas, políticas salariales que sumieron en la pobreza a millones de mexicanos; cuando no cumple con la protección que debe brindar a toda la población para salvaguardar sus vidas, su integridad y su libertad; así como cuando mantiene a miles de personas en las cárceles sin haber sido debidamente juzgadas; cuando las fuerzas armadas desaparecen o ejecutan a personas; cuando miles de mujeres, niñas y niños sufren violaciones, son objeto de trata o padecen hambre, viven en la miseria y mueren de enfermedades que son controlables”.

Se consigna en el discurso de que hay muchas maneras de luchar por los derechos humanos, pero también se menciona el doblez de las conductas que identifican aquellos cuyo objetivo son alcanzar posiciones políticas.

Hay trincheras diferentes y como objetivo el que van a favor de la defensa de las víctimas de los abusos, como también en la vía de la exigencia de la elaboración de leyes, instituciones, políticas públicas, programas y la asignación de “presupuestos que le permitan al Estado, en sus tres poderes y tres órdenes de gobierno, cumplir con sus obligaciones en materia de derechos humanos”.

Clara estaba ahí, los diputados del Primer Congreso, estaba ahí como ciudadana preocupada por consolidar los derechos humanos como constituyente de la Constitución del Ciudad de México. Su voz se escucha como representante ciudadana.

“Promovemos y apoyamos la formulación de programas nacionales y estatales de derechos humanos, desarrollamos metodologías para incorporar el enfoque de derechos humanos en las políticas sectoriales, en los presupuestos y en la legislación, creamos observatorios y sistemas de indicadores para medir los avances en la realización de los derechos humanos y formamos profesionales en la materia”.

Y recordó su compromiso, nuestro compromiso “Un esfuerzo dentro de esta vertiente de la defensa de los derechos humanos, fue el desarrollo de la Carta de Derechos contenida en la Constitución de la Ciudad de México en la cual quedaron incorporados aquellos derechos ya reconocidos por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y por los instrumentos internacionales en la materia”.

“Además incorporamos nuevos derechos que son importantes para alcanzar una vida digna en una ciudad del tamaño y la complejidad de la nuestra como es el derecho mismo a la ciudad, el derecho a la movilidad, a la seguridad urbana y a la protección civil, al tiempo libre, al espacio público o bien, derechos que surgen a partir de las transformaciones que han ocurrido en el mundo desde que fue desarrollada la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los Pactos Internacionales de derechos civiles y políticos y de derechos económicos, sociales y culturales. Es el caso del derecho al cuidado y a la muerte digna, así como el derecho al deporte y a la buena administración. Es una carta de derechos innovadora, sustentada en el reconocimiento de lo que significa vivir con dignidad en la ciudad”.

Se reafirmaron los compromisos de los defensores de derechos humanos, que se vinculan con encontrar la vía para un “cambio cultural que ponga en el centro de la organización de nuestras sociedades el respeto y reconocimiento de la dignidad de todas las personas para que podamos remontar tanta miseria, tanta avaricia, tanta maldad”.

Se desdobla otro enfoque en la defensa de los derechos humanos en un contexto agravado por la violencia que vive el país y que tiene que ver con la defensa de los derechos humanos mediante la denuncia, la exposición pública de violaciones, la investigación de hechos que conmueven y pasan desapercibidos. Resaltó la tarea de los periodistas, comunicadores y recordó “la vergonzosa y triste cifra de 17 periodistas asesinados en nuestro país”.

Presente en las frases del discurso la mención extendida de “los defensores de víctimas de feminicidios, de masacres colectivas, del despojo de bienes comunes a las comunidades indígenas, del desplazamiento forzado, de actos de discriminación a personas con discapacidad, a personas mayores o a poblaciones callejeras o del encarcelamiento injusto de mujeres por causas de aborto. Son los que enfrentan la debilidad de nuestras instituciones para cumplir con su obligación de proteger a la población que abusan de su autoridad y ellas mismas cometen violaciones. Estos defensores y defensoras con su comprometida acción cotidiana visibilizan el desastroso estado en que se encuentra nuestro país, que provoca la grave crisis de derechos humanos que nos agobia”.

Estamos en un contexto semejante a un territorio sísmico en equilibrio como reflejo de nuestro propio suelo, una lección más sobre la importancia de construir y consolidar una cultura cuya base son los derechos humanos, tarea en la que todos podemos identificarnos y representarnos.